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El túnel de La Engaña

En mi recorrido por Las Merindades de Burgos está tarde tras atravesar Pedrosa de Valdeporres arribé al Túnel de La Engaña. El contemplar un proyecto inconcluso siempre deja un poso de tristeza y amargura en el viajero. Para documentarse a fondo sobre el túnel de La Engaña hay que leer La hazaña estéril de Teresa Cobo. Ojalá algún día veamos comunicadas las provincias de Burgos y Cantabria, la Engaña mediante. Sería una bonita travesía recorrer el túnel andando, en bicicleta o con un tren eléctrico que podría ir luego hasta Pedrosa. Por otra parte está en marcha también una vía verde que comunicará Burgos con Santelices, atravesando el Valle del Río Ubierna, La Bureba, Poza de la Sal, Oña, el Desfiladero de la Horadada, Trespaderne, Nofuentes, Medina de Pomar, Villarcayo, Puentedey, el río Nela, las merindades de Sotoscueva y Valdeporres.
Y para hacer una buena ruta a pie por La Engaña tomen nota: https://yendoporlavida.com/2019/09/27/ruta-de-las-callejuelas-de-la-engana-las-merindades/
El tunel presenta hoy, por fuera y por dentro, este aspecto.
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Amianto (Alberto Prunetti)

Alberto Prunetti escribe sobre su padre Renato, trabajador soldador itinerante durante más de 35 años por toda la geografía italiana, que murió con 60 años. El amianto parece ser el responsable de su muerte, y así se dictaminará en una sentencia, que siempre llega tarde. Cuando el muerto ya está en el hoyo. Una sentencia según la cual Renato debería haberse jubilado (prejubilado) siete años antes, siete años que se hubiera evitado de exposición al amianto, al zinc, al plomo, lo que hubiera alargado seguramente su vida.

«Justicia es no morir en el trabajo, no morir ni ver morir a tus propios compañeros. No tener que morir en los términos que establece la ley. Es trabajar sin ser explotado. Y que lo que es un derecho estando vivo no te sea reconocido cuando ya has muerto».

Prunetti para evocar la figura su padre también nos habla de su infancia, adolescencia, y adultez, sus años como futbolista de niño, su época en la universidad y su estado actual como traductor, «trabajador cognitivo precario», se autocalifica; lo que Alberto nos viene a decir es que las condiciones laborales se han empobrecido, aliado con un lenguaje que blanquea las cosas. El complemento de penosidad de la obra que Renato cobraba 1976 pasaré a renombrarse luego como «prima». La penosidad, claro está, sigue existiendo.

«La memoria para mí es algo vivo que se preserva pasando la lijadora sobre el óxido del tiempo».

«Nací entre el amianto de Casale y el acero de Piombino, entre el polvo asesino y las colas de los altos hornos. Venir al mundo fue como nacer bajo la lona de amianto, crecer significa dar el salto del tocho. Porque crecí en la costa del fango rojo, jugando a la pelota en el campo asfaltado de la antigua Ilva donde fui al colegio. Durante años acudí al trabajo bordeando una fábrica de titanio y ácido sulfúrico, el camino que me llevaba la universidad que seguir el curso del Merse, que es un pequeño río lleno de arsénico y de otros metales pesados liberados en las minas inundadas, en las que se ha almacenado toneladas de cenizas del pirita. Bajo el signo del amianto y de la nocividad. Soy acero, ascendente amianto».

Amianto es la primera parte de una trilogía que Prunetti está llevando a cabo sobre la clase obrera.

Amianto es la vida de Renato y también su pronta muerte, igual a la de muchos, víctimas todos ellos de un sistema que los extermina y acalla sus muertes en pos siempre de la productividad, el rendimiento, el beneficio, sin evitarles la nocividad, la penosidad, la peligrosidad; el capitalismo nuestro de cada día, en suma.

La traducción impecable como siempre va a cargo de Francisco Álvarez. Y pienso en los excelentes traductores del italiano que tenemos en nuestro país: Xavier González Rivera, Pepa Linares, José Ramón Monreal, Carlos Gumpert, José María Micó…

Hoja de Lata Editorial
Año de publicación: 2020
Traducción de Francisco Álvarez
200 páginas
Prólogo de Isaac Rosa

Lecturas periféricas | La mano invisible (Isaac Rosa)

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Fuego por fuego (Carole Zalberg)

Voy leyendo últimamente novelas como Desierto sonoro de Valeria Luiselli, Los perdonados de Lawrence Osborne, La trenza de Laetitia Colombani o esta última, Fuego por fuego de Carole Zalberg que inciden en la situación de los migrantes.

Si la vida para muchos es únicamente una cuestión de supervivencia, pura y dura, este empeño se ve redoblado cuando se tiene una hija a cargo, Adama, como le sucede al protagonista de la novela, quien salva el pellejo y el de su hija de corta edad al huir de un pueblo, en el interior del continente africano, buscando las costas del continente blanco.

En el momento presente, ambos, el padre y la hija están instalados en Francia. Instalados o injertados.

La hija desconoce su historia, su padre (autoimponiéndose un pacto de amnesia) no hace nada por recordársela, y la adolescente irá acumulando ira en su interior, hasta que aquello explote con fatales consecuencias.

Se ve que en todos los lugares cuecen habas. Llegar a la tierra de promisión del continente europeo y obtener el Santo grial de los papeles de residencia, no les evita a los migrantes, otra clase de problemas.
Viviendo en la periferia, en los márgenes, en suburbios convertidos en ollas a presión, Adama comete una estupidez, la banalidad del mal y el tedio causando así daño y muerte.

El relato de Zalberg es triste y desesperanzado y por eso tan real y verosímil.

Un breve relato el suyo que apela a la empatía, a ponerse en lugar del otro, aunque sea por unos momentos, para entender que los migrantes no lo tienen nada fácil, que están muchas veces en tierra y en manos de nadie, que las más de las veces son objeto de la exploratión laboral y sexual ajena y que sus existencias son puro azar, toda vez desraizadas, como plantas atacadas por el pulgón del desarraigo.

Armaenia
Ano de publicación: 2020
Traducción de Antonio Roales Ruiz.
76 páginas.

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Dolor humano, pasión divina (Sor Ana de la Trinidad)

Dolor humano, pasión divina, editado por Los aciertos, nos permite un enjundioso acercamiento a la figura de la monja y escritora riojana (Alcanadre), Sor Ana de la Trinidad (Ana Ramírez de Arellano), la cual murió con 36 años, en 1613.

Su producción es breve, y consta de tan solo 19 sonetos, cuya autoría hasta hace pocas décadas quedó oculta baja la de la abadesa Cecilia del Nacimiento, con la cual coincidió durante diez años en el convento carmelita de Calahorra. Parece ser que estos sonetos fueron un regalo de despedida de Sor Ana hacia Cecilia, cuando esta última abandona Calahorra para trasladarse a Valladolid.

Los sonetos caen en el terreno de la poesía mística, en la onda de los de Fray Luis de León, Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz, a quienes sor Ana parece haber leído.

Es muy recomendable acompañar la lectura de los sonetos con las notas y la introducción que aporta Jesús Cáseda, que nos permite situarnos en el contexto histórico de la escritura de los sonetos, cuando la mujer escritora empezaba a despuntar allá por 1550, con figuras como María de Zayas, ya en el siglo XVII o Ana Beatriz Bernal, autora de la primera novela en castellano escrita por una mujer.

Cada uno de los sonetos va acompañado de su significado y valoración crítica. Creo que lo recomendable es leer los diecinueve sonetos seguidos, sacar nuestras propias conclusiones y significaciones y después contrastarlas con las sustanciosas notas de Jesús Cáseda, que nos permitirán entender mejor los elementos constitutivos de la poesía mística de Sor Ana de la Trinidad, en su uso de los símbolos, la paradoja, la metáfora espiritual, la alegoría, la evocacion, etcétera. Un universo cerrado, el de la mística, por lo que los diecinueve sonetos tienen elementos comunes (re-creándose la autora en los tópicos y lugares comunes de la literatura mística, que aparecen aquí concentrados y quintaesenciados), en su anhelo de expresar, muy fluidamente, lo inefable, alcanzar la comunión con Dios, y en los que prima y se transmite con toda su intensidad, la alegría, el dolor, la efusión, la espera, la conciencia de que la vida es un tempus fugit y para Ana fue breve, muy breve. Como colofón, sirva el verso que va en el pórtico a estos evocadores y delicados sonetos.

Y el tiempo breve pasarás en flores.

Los aciertos Ediciones. 160 páginas. 2020