Archivo de la categoría: 2019

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Prisciliano. Vida y muerte de un disidente en el amanecer del imperio cristiano (Diego Piay Augusto)

Un viaje en el seno familiar, a mediados de los noventa, nos condujo en coche en un par de días desde Logroño hasta Trier, o Tréveris, en el tiempo de los romanos. Apenas recuerdo la Porta Nigra, y nada de las termas, el anfiteatro y el resto de vestigios romanos que no recuerdo haber visitado y que hoy en día son patrimonio de la humanidad.

Recuerdo haber tomado una cerveza en una plaza que apuré casi de un trago, con un calor ambiente de mil demonios. Fue una de las mejores cervezas de mi vida. El caso es que Treveris fue sede del imperio romano, también donde Prisciliano, obispo (laico) fue ajusticiado. Murió decapitado, tras cinco años de lucha, acusado de herejía (por otros obispos), durante el reinado del emperador Máximo. Fue el primer cristiano condenado a muerte por sus creencias religiosas tras la promulgación en Milán del edicto de tolerancia de Constantino: Máximo había puesto su espada al servicio de la Iglesia.

Prisciliano nació en el 340 en Galicia, no se sabe exactamente dónde (en el período conocido como Antigüedad tardía) y murió en el 385 en Tréveris. La información sobre dónde fue enterrado tras su muerte es hoy un misterio. Se cree que está en Galicia y una hipótesis apunta a que podría estar enterrado en Santiago de Compostela.

Prisciliano sintió muy próxima a él la historia del Nazareno, y sintió «la llamada» tras atravesar «todas las experiencias de la vida humana». Y decidió alejarse del paganismo previo y aceptar el cristianismo, que en el 380 fue adoptado como la religión oficial por el Imperio Romano. Fue obispo de Ávila.

Su pensamiento no fue bien acogido por las altas instancias de la iglesia, que estaba en contra de que las mujeres pudiesen leer las sagradas Escrituras como defendía Prisciliano. El cual fue también muy crítico con la opulencia que veía dentro de la iglesia, predicando y practicando el ascetismo.

La biografía detalla bien cómo vivieron los priscilianistas a medida que cambiaban los emperadores, aunque siempre parecieron estar en el punto de mira. En el año 381 con Graciano como emperador, Prisciliano decide dirigirse a Roma, a fin de poder exponer al Papa Dámaso las circunstancias que le han impulsado a él y a los suyos a solicitar su audiencia. Un periplo bien detallado en el libro que durará alrededor de seis meses entre la ida y la vuelta.

Un cerco hacia los priscilianistas que se fue estrechando hasta que Prisciliano acabó siendo denunciado por otros obispos y Prisciliano tirándose un órdago, para sustraerse de los jueces apeló al emperador. Pero tras ser detenido y verse sometido a las torturas ideadas por los sicarios del prefecto Evodio, admitió practicar la magia, haberse consagrado a doctrinas obscenas, haber celebrado reuniones con mujeres vulgares y rezar usualmente desnudo, lo cual supuso su sentencia de muerte.

Poco a poco el legado de Prisciliano tras su muerte fue difuminándose, sin embargo, la biografía de Diego Piay (la primera biografía histórica sobre Prisciliano, editada por Trea) ayudará a mantener viva su figura, pero a pesar de que Prisciliano fue un erudito que dejó varios libros escritos la biografía apenas abunda en dichos textos (se recurre más a fuentes ajenas a Prisciliano) y no me queda tampoco muy claro qué contenía su prédica para ser tan bien recibida y propalada por tantos. Quizás fue que la gente se vio seducida más por el ejemplo que por la palabra, que sin el primero deviene en puro humo.

Lecturas periféricas | El pecado

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Malaherba (Manuel Jabois)

Conocía la labor periodística de Jabois pero no la novelística. En Malaherba nos vamos a comienzos de los noventa. El punto de vista de la narración es la de un niño cuyo padre muere dos veces. La primera porque le da un chungo. A resultas de lo cual su vida se ve trastocada profundamente. Jabois describe ese mundo con una gran sensibilidad y conocimiento. Un mundo, que quizás porque nacimos con tres años de diferencia, me resulta muy reconocible.
Pero más allá de los petazetas, los clicks, las máquinas recreativas, los josticks, los Armstrad, los motes a los profesores y a los alumnos, la presencia da abusones, las primeras pajas, la pulsión del deseo, el lanzamiento de piedras, los cómic y los vinilos, los porros, las expulsiones del colegio, etc.

Más allá de esta educación sentimental, lo meritorio en la novela es cómo describe Jabois ese mundo a través de la mirada de un niño de once años. Cómo ve él a sus padres, cómo es mundo que puede ser terrible se ve decantado por el amor y el cariño hacia quienes queremos, y cómo sus reflexiones son las de aquel que va dando sus primeros pasos, siempre titubeantes en esto del vivir, ingresando en un mundo que poco tiene de amable, que se ve dulcificado por la amistad, la que le presta al narrado su amigo Elvis, su hermana Rebe, su madre que hace lo que puede y su padre, muerto y redivivo y luego otra vez muerto.

Un epílogo final que permite releer el libro con otros ojos. Porque las cosas no son como sucedieron sino como las recordamos.

Muy bueno.

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Totalidad sexual del cosmos (Juan Bonilla)

Cada vez me resulta más interesante la lectura de biografías. Digo esto después de haber leído: Señor de las periferias de Jesús Montiel; Valéry. Tratar de vivir de Benoît Peeters con traducción de Mateo Pierre Avit; Maupassant y el otro de Alberto Savinio o Abandonar Costa Boacii. Ciorán una época de fragmentos de Oriol González, por citar solo algunos títulos que me han interesado.

Juan Bonilla, en Totalidad sexual del cosmos, recupera la figura de la mejicana Nahui Olin (1893-1978).

Biografía novelada con la que irá desbastando a Nahui, sacando su figura de la piedra marmórea del olvido, devolviéndola corporeidad y atributos, cara y cuerpo, la figura de una artista: poeta y pintora. Mujer que hizo de su capa un sayo, llevando más allá los límites que la sociedad imponía a toda mujer, y aquí: a la hija de un militar, a la esposa de un marido homosexual, a la madre de un niño prontamente muerto y por eso fue criticada, vilipendiada, cubierta de insultos.

La novela trata de limpiar su nombre de tanta mugre e ignominia sobre ella vomitada. Una prueba de amor.

Juan ofrece un relato hipnótico, cadencioso, una historia que me resulta voluptuosa, para contarnos una vida fragmentada en capítulos briosos, que se abren con un Ahora; presente en el que se irá cifrando la metamorfosis, el decurso de una existencia tan intensa, vívida como vivida.

Agradezco como lector la recuperación de mujeres como Nahui (una perfecta desconocida para mí), a quien Juan resucita en toda su complejidad y totalidad (aún a sabiendas de que esto resulta imposible) de un cosmos sexualizado.

Muy bueno.

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Fuegos (Ismael Ramos)

Publicado en gallego en 2017 bajo el título Lumes en la editorial Apiario, La Bella Varsovia lo edita en 2019 en castellano con traducción del propio autor, Ismael Ramos (Mazaricos, 1994).

Un libro puede llegar a nuestras manos de la forma más inesperada. Dando una vuelta por la biblioteca de Reinosa, en la mesa de las novedades y frente a tantísimo libro fue este de Ismael el que acabó en préstamo en mis manos.

Hablamos de un poemario de 60 páginas que he leído dos veces. La segunda en voz alta, porque estos poemas creo que así lo exigen y se aprecia entonces mejor su cadencia y musicalidad, su capacidad para fluir, para resbalar y también para afianzarse en la carne del lector cual anzuelo. Lectura que me ha generado una profunda sensación de melancolía desde su comienzo con Nacerá una polilla en tu cabeza. Un sanatorio sirve tanto para morir como para sanar, pero al protagonista del poema lo salvará la escritura.

Poemas que se construyen sobre la genealogía familiar, nada surge aquí de la nada pues todo está conectado, así todas las generaciones unidas por una misma sangre (aunque desemboque en agua), los hijos como cicatrices de sus padres, padres que se construyen dentro de los hijos, padres que piden a sus hijos que se peguen un tiro, un abuelo con miedo a la muerte, cuidado por su mujer de manos impolutas, hermanas que sienten la vida en el dolor de la primera regla, madres desfallecidas, y entierros y velatorios, la vida anticipando la muerte, el saber que se muere cada segundo que pasa, desear con violencia la felicidad ajena de los seres queridos y siempre el recuerdo, la infancia convertida en disciplina, siempre la ávida memoria, las mismas manos que acarician y matan, y todo cristalizado en una fotografía inexistente, retablo familiar con los padres, los hijos, la herida de un amor que no nos salva.