
Chomsky es el intelectual más crítico con la política exterior americana. Basando su argumentación en el principio de justicia, Chomsky no se corta ni un pelo en ir haciendo recuento de todas las invasiones, asesinatos, tropelías y demás desmanes que ha ido cometiendo el Gobierno Americano durante estas últimas décadas.
Si en los años 60 fue Vietnam, guerra con la cual Chomsky se vio necesitado a posicionarse y convertirse ya en una activista, luego vendrían la imposición de gobiernos afines en Centroamérica, engendros como Guantánamo o las invasiones más recientes de países Afganistan e Irak.
El argumento es claro; lo que hacen los demás es terrorismo y lo que hacen los americanos es lucha contra el terrorismo.
Importa poco o nada lo que les suceda a los iraquíes o los afganos o a los ciudadanos que residen en los países invadidos. Nada importan los estragos de los bombardeos, las muertes civiles, despachadas como daños colaterales.
La reiteración hasta lo obsesivo de las caídas de las Torres Gemelas en las televisiones de esta aldea global, permitió a Bush meterse de lleno en la «war on terror«, esa lucha contra el terror, que ha costado varios miles de vidas de soldados americanos y la de otras tantos cientos de miles de ciudadanos iraquíes.
EEUU en su afán por mantener la hegemonía y supremacía política con una gestión por parte de sus gobiernos horrible, y buscando enemigos por todo el planeta, solo ha conseguido desangrarse económicamente, disparar su nivel de deuda hasta niveles alarmantes, pero eso sí, manteniendo los gastos en defensa inalterables. Es preferible, parece ser, tener un gobierno potente que proteja a un pueblo empobrecido que un ejército menos fuerte que permita defender a un pueblo que mantiene y disfruta de su bienestar. Sigue leyendo

El libro del autor austriaco Daniel Glattauer está concebido como una declaración de amor, soterrada eso sí, entre un hombre llamado Leo y una mujer de nombre Emmi, la cual quiere darse de baja en la suscripción de una revista y que envía un mensaje a tal fin, llegando el correo a otro destinatario, un tal Leo, que responde a la primera poniendo en su conocimiento que ha envíado mal el correo. Este hecho a priori azaroso e intranscedente, se convierte en el preludio de un intercambio de correos, asumido como un juego por ambos, donde a medida que pasan los días, y el contenido de los mensajes se vuelva cada vez más íntimo y personal, paralelo a esas existencias reales; Emmi está casada y tiene dos hijos, y Leo tiene amigas y novias casuales, esa relación virtual irá tomando fuerza, ocupando cada vez más espacio en sus cerebros, en sus pensamientos, convirtiéndose para ambos casi en una obsesión.
Cada siete olas es la continuación de «Contra el viento del norte«. Los personajes, huelga decir, son los mismos, Emmi y Leo. Él vuelve de Boston y de nuevo retoman su contacto virtual. Pero a fin de que la cosa no caiga en el vacío, deciden finalmente verse lo cual supone una novedad.