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Inspector Disaster. Operación Navidad (Carmen Fernández)

El otro día una usuaria de GR decía esto: “Pero tengo comprobado que cuantas más personas intervienen en la producción de un libro, mejor queda este, pues cada profesional (editor, asesor literario, maquetador, corrector, diseñador) aporta su buen hacer. Esto no sucede cuando uno se autoedita, porque no se puede permitir invertir en el proceso de producción y lo hace todo él mismo, sin tener conocimientos previos”.

Este libro que nos ocupa, ha sido autoeditado por Carmen Fernández, la autora del mismo. Se puede leer en este pdf.

Lo anterior viene al caso, porque si leemos el pdf, encontraremos un buen número de erratas, tales como palabras que primero se acentúan y luego no, términos italianos mal escritos, nombres italianos en los que van bailando las íes y las us, nombres de organismos públicos con faltas, o policías autonómicas donde sobran letras. El caso es que si no hay un corrector detrás y uno se lo tiene que hacer todo, pues los errores están ahí. En todo caso, ya lo he puesto en conocimiento de la autora, por si ésta deseara modificar el pdf y dejarlo más pulido y pulcro.

Tan importante es escribir, como reescribir; es necesario corregir los textos hasta dejarlos inmaculados.

Dicho esto, la novela, que puede ir dirigida presuntamente al público infantil, la veo más apta para el público adulto que creo que apreciará más el humor que se gasta Carmen.

Pocas novelas de este estilo leo, pero si lo hago, busco a autores como Daniel Nesquens, que nos hacen el humor en cada página. Esta novela de Carmen tiene un prólogo, que ha sido el que me ha animado a leerla, pues donde otros autores muy pagados de sí mismos, creen haber escrito una obra maestra o un clásico instantáneo, otros son más humildes y creen que lo suyo es una chorrada. Esta novela no lo es. En ella, más al principio que al final brilla un humor disparatado, absurdo, delirante, que a ratos me recuerda páginas que he leído de Eduardo Mendoza, de Joaquín Berges.
La historia que transcurre en Madrid, también ofrece una mirada panóptica de la Puerta del Sol, que me recuerda a la que ofrecía Marta Sanz en su Farándula.

Lo que hay en el texto es una mirada que busca la España más cañí y una mirada que sabe exprimir la realidad, deformándola. El texto pelotea entre el año 1955, los posteriores al Mundial de fútbol del 82 y el tiempo presente, donde las líneas de metro llevan el nombre de líneas telefónicas, donde los youtuberos son los nuevos gurús virtuales, y donde los bares de toda la vida siguen alfombrados de desechos de toda clase.

Con libros como este que van a ser una saga, pasa como con las primeras citas, que todo queda a medio hacer, en un quiero y no puedo, donde se ponen las bases para lo que luego vendrá, si es que viene. La historia que se nos cuenta es mínima y va más encaminada a describir las biografías de los personajes principales que a ofrecer una historia policíaca que es lo esperado si al mando tenemos a un inspector, aunque este sea un disaster.

Aprecio el humor de Carmen, me he echado unas cuantas risotadas, pero de cara a las nuevas entregas, si vienen, le vendrían bien a las tramas un poco más de fuste, una historia con más pegada, pues esta me resulta flojilla y me recuerda a la película de El Grinch, donde los regalos navideños, también se extraviaban.

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