Archivo de la etiqueta: Bruce Springsteen

Morir de risa XIX

Hace un momento que se acaba de ir el Mane. Venía con ganas de hablar, o mejor, de monologar, porque no me ha dejado apenas meter baza. Que si vaya frío que hace, que si vaya tartana de ascensor, que si que pronto anochece, que si están las calles peladas, que si fíate tú mucho de las vacunas. En ese plan. A mí no me mires, me he defendido. Ya, es que estoy jodido porque se me ha metido un fulano en el trastero de okupa, y no atiende a razones, y no quiero ir a malas. El silencio se estaba adensando. Lo he hecho añicos con una sentencia: Nada es crucial, acompañada de una media sonrisa difícil de interpretar. Antes de que a Mane le diera el pronto y me arreara un merecido soplamocos le hablé de una novela, con ese título, en la que un joven, Lecu, okupaba un garaje y luego se enamoraba de una chica, Magui, con la que se comunicaba mediante señales luminosas en morse y… ¡Déjate de hostias! que esto no es una de esas novelas que lees, sino un marronazo. Mane convertido en un prestidigitador de las emociones, ha dicho: Bueno, déjalo, y acto seguido, Toma, que vengo en song de paz, riéndose y entregándome un vinilo. Ya iba a darle las gracias, cuando prestando atención y haciendo algo de memoria he reparado que era un disco que le había prestado hacía unos 25 años y no he podido menos que llamarle de todo menos bonito. No creo que este chorreo haya supuesto su repentina huida. Me duele verlo marchar así de preokupado. Ale, te dejo con el jefe, ha dicho despareciendo por el pasillo y certificando el abandono de mi hogar con un sonoro portazo.
Cabinas

He puesto el vinilo en el tocadiscos y he pensado en cuando había que levantarse a cambiar uno de los dos canales de la televisión, o cuando de estudiante en Salamanca, antes de los móviles y los locutorios, las cabinas se llenaban de otros muchos estudiantes que hacíamos colas, pasando frío y pegando la hebra, a fin de poder hablar con nuestras familias, y darles señales de vida. Así cada viernes.

He empezado por la Cara 1. En total, sumando las dos caras (y esto es muy importante apuntarlo porque es posible que alguien crea que el Vinilo es algo parecido a un icosaedro) son cuarenta minutos y cuarenta y nueve segundos. Diez canciones. Sin tener ni idea de inglés cualquier escuchante diría que este disco es triste. Lo es. Springsteen sube a la cima con The River, antes lo haría con Born to run. Esta es una ciudad llena de perdedores y yo me voy de aquí para vencer, cantaba en Thunder road. Aquel muchacho que en la escuela era considerado un inútil por sus profesores, alguien que nunca iba a llegar a nada, se convierte en un vencedor, en el rey de las ondas.

A saber qué le pasa por la cabeza cuando con 33 años y en la cresta de la ola se aparta del mundanal ruido, se encierra en una cabaña, con la guitarra y la armónica y entona su lamento, su quejido, incluso su aullido. Y Nebraska empieza con dos fulanos dando una vuelta en el coche y matando a diez personas inocentes. En Atlantic City se junta el desempleo y la mala suerte. The mansion on the hill es pura contemplacion. Springsteen vuelve a la carga con Johnny 99, al que fríen en la silla eléctrica, ante un juez, John Brown, que acojona tanto como el juez de Meridiano de sangre.

Nebraska

En Highway Patrolman la familia, a la que no hay que volver la espalda, prevalece ante todo. State Trooper es un ruego, una oración. En My father’s house, acaricia la herida, la relación con su padre, sus más y sus menos, aquel padre que cuando Springsteen no supera las pruebas físicas para alistarse en el ejército y regresa a casa tras tres días de farra le preguntan qué tal ha ido y él responde No me cogieron, y su padre afirma: «Eso es bueno». Es bueno porque otros muchos fueron a Vietnam y muchos de ellos no volvieron. Y acaba el álbum con Reason to believe donde Springsteen se vuelve religioso, espiritual, preguntándose acerca de aquello que nos anima a continuar y a no tirar la toalla, a hacer maromas del nihilismo.

Letras
Y regreso del pasado con las manos vacías y los ojos llenos de ausencias. Recuerdo las lecturas de Hesse, los vinilos de Springsteen comprados en el Alcampo en series medias por 800 pesetas, My hometown sonando en los altavoces de las piscinas del Ebro, el libro de las canciones de Springsteen, ahora en mis manos, totalmente destrozado y subrayado de arriba abajo; una forma muy a mano de aprender inglés entonces. Aquel Springsteen de los ochenta es mi Springsteen, una muy buena compañía en los años del adolecer, preservada hoy en la gota de ámbar que es un vinilo que es un casete que es un cedé.

Springsteen letras de canciones en castellano II

Ahora le toca el turno a Nebraska, uno de los discos más tristes y lúgubres que he oido nunca.
Contiene canciones maravillosas como Nebraska, Johnny 99, Reason to belive entre otras. Es curioso que despúes de este tétrico disco grabado en un cuatro pistas, dónde Springsteen sólo emplea la guitarra acústica, el bajo y la armónica, diera paso a Born in The Usa, un disco que derrocha vitalidad.
De Nebraska me quedo con Johnny 99 (Bueno, chico, si tienes alguna declaración, que hacer, hazla ahora, antes de que llegue el alguacil y se te lleve. Juez, yo tenía deudas, que ningún hombre honrado podría pagar, el banco tenía mi hipoteca y se estaban llevando mi casa. No estoy diciendo que eso me convierta en inocente, pero fue más que todo eso, lo que puso la pistola en mi mano. Señoría, creo que estaría mejor muerto ,y si se puede quitar la vida a un hombre, por las ideas que tiene en la cabeza, entonces ¿por qué no se sienta en esa silla, y piensa en todo esto, juez, una vez más? deja que me afeiten la cabeza, y que me ejecuten de una vez)
Sigue leyendo