memoria
Escrito por Franasco el 25 de May de 2008 en RelatosHabla con él como si lo tuviera delante y sintiera su aliento. Les asusta verla así, como dirige las palabras a un cuadro, a una estantería, como se hace a un lado en el sofá para sentarse a su lado, como atusa la pelambrera de la nada, como ocupa su lado del colchón al acostarse. En lo demás rige bien. No descuida su trabajo de cajera, ni tampoco a su hija adolescente, pero cuando llega a casa, al sentarse a comer empieza el espectáculo. Le habla a su marido de lo bien que le va en el trabajo, de los progresos de la hija en el instituto y de sus buenas notas, de lo caro que está el pan y la leche, de lo mal que está el mundo en general y lo pormenoriza dándole los titulares de las noticias que ha leído en periódicos gratuitos. Sus padres y hermanos alentados por los psiquiatras, le animan a olvidarlo, le dicen que a los muertos hay que dejarlos descansar donde se merecen, en su reino de sombras, pero ella sigue en sus trece, pues no entiende como se puede recordar a alguien olvidándolo.
Han pasado doce años y parece que fue ayer. Rompió su silencio una semana después de enterrarlo y a partir de entonces se dirigiría al difunto como si estuviera vivo, mirándola, diciéndole cosas que la hacían reír y llorar al mismo tiempo.
La noche pasada al entrar en el cuarto de su hija, esta cogió su mano, la miró a los ojos y le dijo que sabía lo que había estado haciendo todo esto tiempo, desde la muerte de su padre. Puso su mano en el corazón y le dijo:
- Papá ahora está aquí, déjalo ir, su recuerdo está a salvo conmigo, vivirá ya por siempre en nosotras dos, te lo juro.
Esa noche ocupó su lado del colchón como había hecho siempre y antes de caer rendida, sintió como una mano de seda le abrazaba, labios de hielo besaban su cuello, le susurraban palabras quedas que sólo ella entendía. Era la hora de la despedida y con los ojos anegados no tuvo valor de girarse y verlo por última vez.
