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Los Nadie

Los Nadie

El 24 de junio de 2002 1600 personas migrantes, trataron de saltar la valla, en el paso fronterizo entre Nador y Melilla, donde recibieron porrazos y proyectiles, respiraron gases lacrimógenos y el resultado fue que muchos de ellos murieron: 30; otros 70 desaparecieron, pero según la AMDH (Asociación marroquí de derechos humanos, con Omar Naghi al frente), la cifra es mayor. La mayoría murieron ahogados bajo otros compañeros. La versión oficial del gobierno Español afirma que no hubo muertos en territorio nacional.

Las preguntas que se plantean los autores del libro: Sergio Illescas y Mario-Paul Martínez son por qué actuaron de forma tan violenta las tropas marroquíes, por qué desplegaron tropas antes del salto justo en el Barrio Chino, y por qué siguen sin identificar y ofrecer información sobre las personas que ese día perdieron la vida, sobre las personas que han enterrado, dos años después de lo sucedido, sin nombre ni apellidos.

Estas preguntas quedarán sin resolver, porque es la voluntad de Marruecos y España que esto sea así, sin embargo, los autores de la novela, en sus pesquisas, sí han conseguido identificar a cinco migrantes muertos: Mohamed, Hanin, Bishara, Myasar y Anwar y reconstruir sus historias, las cuales guardan elementos comunes: todos huyen de sus lugares de origen buscando un futuro mejor para ellos, escapan de las guerras en sus países, de las dictaduras militares, cruzan desiertos sin agua ni comida, surcan cementerios marinos, atraviesan países como Libia, Túnez o Marruecos, y a menudo son detenidos, capturados, torturados y extorsionados. Para ellos Melilla será el punto final a su particular Odisea. Pero al contrario de lo que sucede con el inmortal Ulises, en el caso de estos migrantes nadie cantará sus gestas, ni escribirá sus vidas. Morirán, como les sucedió en la valla, para luego ser destinados a cámaras frigoríficas, y dos años después ser enterrados a saber dónde. O en el mejor de los casos, tras su muerte, habrá una piedra con una fecha, un número y un marca que indicará si fue hombre o mujer, como sucede en el cementerio de Nador.

Los Nadie

Las historias de Mohamed, Hanin, Bishara, Myasar y Anwar están vívidamente ilustradas por artistas afrodescendientes: Eusebio Nsue, Gabriel Castillo, Shiroug Idris, Zainab Fasiki y Frank Xarate. El contexto a estas historias los ofrecen Khadija Ainani, vicepresidenta de la AMDH, o la periodista María Martín:

Marruecos, Mauritania y Túnez usan financiación europea para detener y desplazar forzosamente a personas migrantes y refugiados. Los países de destino suelen ser Mali, Níger, Senegal, Libia o el Sahara. Muchas veces en zonas desérticas y fronterizas, incluso controladas por grupos yihadistas. España firma acuerdos con los que se financia a los países africanos de origen y tránsito para que se frene a quienes quieren llegar a Europa.

Los Nadie me parece una valiosa novela gráfica, una certera herramienta para denunciar la impunidad del poder, para poner cara a la tragedia de los migrantes y conocer algo más de sus vidas, tan infaustas. Ese migrante, ese Otro hoy tan denostado (Torre Pacheco, Badalona…), víctima de tanta violencia y vejaciones, al que se trata de deshumanizar, incluso desde la propia prensa, cuando en el titular de un periódico leemos, por ejemplo, que han muerto en el mar ocho sinpapeles. No seres humanos, no, sino sinpapeles. Una manifiesta falta de empatía, cada día más al alza, que como bien señaló Arendt, nos abocará a la barbarie.

Otras novelas gráficas sobre migrantes: La grieta.

Y películas: Éxodo

La tragedia del Salto de la valla de Melilla me dio pie a la escritura del microrrelato:

Muerte en reversa

Muere. Asfixiado. Sin oxígeno. Corazón órgano inútil. Aplastado antes sobre la valla. En el puesto fronterizo de Nador. España al otro lado, estirando el brazo. No ha dejado de intentarlo. La tenacidad la aprendió de su madre. Un intento fallido tras otro. Como una pelota de frontenis rebota hacia el interior una docena de ocasiones: Beni Melal, Chichaoua, El Kela des Sraghna… Marruecos es un muro. No puede esperar en Oujda la posible concesión del asilo. Ahora está en Argelia, en Maghnia. No conocerá el amor. Sueña con fronteras porosas. Ha perdido la cuenta de las veces que lo han desvalijado. Duerme bajo un puente. Trabaja en lo que sea. Un pensamiento: sobrevivir. Obtiene una miseria por doce horas de trabajo diario como peón. Otra vez a un centro de internamiento en Libia. Cuando ya ve el final unos brazos lo suben a una embarcación. Caen de la barca neumática. Surca el mediterráneo. Deja tierra firme. Anhela vivir en paz. Tener una vida. Camina hacia Libia. El mapamundi es una abstracción. Ampollas en los pies, la fatiga, el hambre acumulada, el cansancio infinito. El sudor ajeno es el oro negro del capitalismo. Deja el campo para trabajar en una mina clandestina de sol a sol en el norte del Chad. La adolescencia transcurre en Darfur. Tiempo baldío en un campo de refugiados. La vida es un futuro informe. El primer recuerdo es en Sudán corriendo por caminos polvorientos. En al aire el sonido de disparos. No recuerda su infancia. Dos cachetadas en las nalgas. Nace.

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La guerra del profesor Bertenev (Alfonso Zapico)

La guerra del profesor Bertenev es un cómic de Alfonso Zapico ambientado en las postrimerías de la Guerra de Crimea, que tuvo lugar entre 1853 y 1856.

Cuando los rusos invaden territorios otomanos, la alianza formada por los otomanos, franceses e ingleses deciden hacer la guerra a Rusia en Crimea.
La guerra del profesor Bertenev

Bertenev es un profesor que al cuestionar y criticar el poder zarista, no es asesinado como otros muchos en su misma situación, sino que es enviado como castigo al frente (al interceder por él un alumno bien conectado con el poder).

En el frente de batalla cuando los ingleses están masacrando a los rusos Bertenev decide huir, salvar la vida, desertar de la barbarie. Al ser capturado por los ingleses, sus conocimientos de distintas lenguas le procurará la protección del capitán inglés Townsend. Sus compañeros rusos, lo ven como un traidor y lo quieren muerto.

La guerra que libra a partir de entonces Bertenev será una guerra psicológica, dado que el espíritu marcial (que él no tiene) apenas deja resquicio para ninguna reflexión y Bertenev no puede dejar de darle al coco, viendo cómo son las condiciones en las que están los soldados rusos tomados como prisioneros. La corriente de afecto que siente hacia el que debería ser su enemigo, Townsend, que no lo es, sino al contrario, hace nacer en ellos una amistad, porque Townsend en Bertenev encuentra a alguien que lo transforma y que es capaz de abrirle la mente, chapado a la antigua como está el británico.

Zapico se sirve de un contexto histórico, que sería lo universal para indagar en lo particular, lo individual, considerada cada vida como única e irrepetible y al igual que en otro comic suyo Café Budapest, sus personajes hacen frente a las injusticias, a la violencia ciega, aunque se vean obligados como aquí a deambular como apátridas, sin desviarse un ápice de sus convicciones y desoyendo las convenciones, ese ruido de fondo a menudo tan anestesiante.

Muy bueno.