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Es la guerra (André Suarès)

Cada cual cuenta la película como le va. Aladár Kuncz, residía en Francia cuando estalló la guerra. No huyó a Hungria, su país de origen, a tiempo y acabó retenido y detenido en territorio galo. En su libro Monasterio negro da cuenta de su cautiverio y escribe esto:

El glorificado poilu y el boche, desprovisto de cualquier rasgo humano, eran figuras encorsetadas y vacías, burdos fantasmas preparados para el gusto bajo de las grandes masas.

André Suarès escribió Es la guerra (Ápeiron Ediciones, 2025, con traducción de José Carlos Turrado de la Fuente) en caliente, en 1915, un año después del comienzo de la primera guerra mundial. En el texto Suarès se despacha a gusto contra los alemanes, los boches. Entre muchas de las cosas que les recrimina a los teutones es que no tienen conciencia. Los humanos salen de la fatalidad de la naturaleza para llegar a la conciencia. Si no lo hacen son naturaleza, los alemanes son naturaleza, son un especie, así se piensan y por tanto hacen la guerra como la naturaleza, cuando una especie quiere devorar a otra especie. La naturaleza no tiene piedad. Además, los alemanes se jactan de ser alemanes antes de ser hombres. A todos les pone de vuelta y media, a científicos como Ostwald o Fischer, también a Goethe. Y qué decir de Nietzsche.

¿No les ordenabas ser duros, sin corazón, como los dioses, según tú? ¡Ah, profesor, tigre con gafas! Terminaste por morderte a ti mismo, por babear sobre tu mentón de doctor y comerte los dedos de los pies.

El Anticristo es el Jesús de la Bestia. ¡Ah, perro! Júpiter con cuatro patas y tal vez sin cola ¡olímpico boche en el cielo de Cerbero! Estás muerto, alimentado con cucharita por una muchacha de hospital, gruñendo en un rincón como una bestia escamosa, asfixiado sin duda en medio de tus excrementos. ¡Así sea con toda tu raza! Esto es la guerra.

Y siguiendo con los alemanes:

Incluso muertos tendremos que ataros las manos para que bajéis al infierno, haceros suplicar misericordia y quemaros desde aquí.

Seremos duros con vosotros, boches, carniceros de hombres. Os trataremos con dureza.

Porque nos han obligado a ello, los alemanes deberán expiar dos veces la barbarie. La paz será tan terrible como la guerra.

Lo más inexpiable de sus crímenes será habernos devuelto a la barbarie.

En el texto encuentro palabras que le calzan muy bien a Trump, otro que se sueña Emperador.

Donde habla la fuerza, que calle el derecho. La fuerza no necesita del derecho, y de ello se jacta. Por el contrario, el derecho necesita de la fuerza y su miseria es fingir que puede prescindir de ella; porque no, no puede.

No sé si Suarès escribió algo sobre el resultado de la contienda bélica. Alemania perdió más de dos millones de soldados, Francia millón y medio. Alemania achicó su territorio, perdió territorios como Alsacia y Lorena y tuvo que reducir su ejército, además de tener que hacer frente a reparaciones económicas astronómicas. No sé si todo esto hubiera sido del gusto de Suarès. Si llegó a la conclusión de que los alemanes habían recibido su merecido. Creo que no, porque ninguna guerra nunca trae nada bueno.

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