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Testimonio en Chicago (Allen Ginsberg)

El libro recoge el testimonio de Allen Ginsberg (1926-1997) ante el juez, enclavado en las manifestaciones que se llevaron a cabo en la ciudad de Chicago en 1968, cuando se organiza el Festival de la Vida, en contraposición a la convención Demócrata que se va a llevar a cabo. Aquello degenera, se suceden las algaradas, la policía reparte zumo de porra y unos cuantos, ocho, van a parar ante el juez. “Los ocho de Chicago“, que luego serán siete, pues uno de ellos irá directamente a la cárcel, acusado de desacato durante el juicio.

En las réplicas de Ginsberg éste explicará su ideario, practicará los ejercicios de yoga y mantras (exacerbando los ánimos de la acusación) con los que comulga, al tiempo que recitará poemas de William Blake y los suyos propios como Aullido, pues el fiscal quiere encontrar en ellos algo pernicioso, subversivo, en la creencia de que lo que se dice en sus poemas, se puede llevar a la práctica y que la voz de los poemas es la misma voz de Ginsberg. Ginsberg sale bien parado porque aguanta con templanza las afrentas de todo tipo que recibe y se explica con mesura, explicando su mensaje de paz, amor, yoga, espiritualidad y poesía.

Es necesario leer el prólogo de Fernanda Pivano para entender el contexto. Martin Luther King había sido asesinado en abril del 68, Kennedy en el 63, la gente se tiraba a las calles a protestar por la política americana en la guerra del Vietnam, los movimientos de izquierdas ocupaban las calles plantando cara al gobierno que acaba de aprobar ad hoc leyes como la Anti-Riot Act, también conocida como “Rap Brown Law” la cual consideraba que una revuelta era toda reunión de tres o más personas en la que una de ellas amenaza o daña al resto. Lo más llamativo del caso es la figura del juez que llevó el caso, un tal Hoffman, tipo curioso el cual anteriormente había dado luz verde a la publicación de El almuerzo desnudo de William Seward Burroughs , pero que aquí, se salta la ley a la torera, hace de su capa un sayo, se ríe de los acusados, los insulta, se mofa de ellos, cuestiona su sexualidad, les empluma un aluvión de actos de desacato que supone que los acusados sean declarados inocentes por el jurado popular pero acaben en la cárcel, algunos casi tres años, por los continuos desacatos ante el juez, desacatos que son actos triviales, menudencias, pero que para Hoffman endiosado y cegado aprovecha su papel para vengarse y ensañarse con los acusados, demostrando que la justicia, además de ciega, es vil, parcial, aberrante y rencorosa.

Como se afirma en el juicio lo que estaba encima de la mesa es el derecho a expresarse libremente. Algo que sigue candente, con leyes mordaza y similares. En esa tensión, que se piensa irresoluble, entre libertad y seguridad, en donde la idea que se nos vende es que ambas son inversamente proporcionales.

Gallo Nero. 2012. 120 páginas. Traductora Julia Osuna. Prólogo de Fernanda Pivano.

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