La grazia

La grazia (Paolo Sorrentino)

La grazia (el indulto) supone un dilema moral para el protagonista de la última película de Paolo Sorrentino, el presidente de la República Italiana, Mariano de Santis (brillantemente interpretado por Toni Servillo, cuyo gesto severo y concentrado me trae en mientes el Titta Di Girolamo de Le conseguenze dell´amore), reconocido jurista. Apodado «Cemento armato» se define a sí mismo como aburrido y gris y en los seis meses que le quedan como presidente tendrá sobre la mesa diversos asuntos espinosos: dos indultos y una ley sobre la eutanasia (si no la firmo seré un torturador, si la firmo seré un asesino, dice de Santis). Puede De Santis dejar correr el tiempo y no actuar, o bien tomar decisiones. El subtítulo de la película es la belleza de la duda. Y lo que Sorrentino ofrece al espectador son muchos dilemas, preguntas, dudas y también algunas respuestas motivadas, porque De Santis se verá finalmente obligado a decidir. Asimismo se irán operando cambios en su interior, aunque hablaría más de un desvelamiento de su ser que de una transformación (patente al sustraerse De Santis a la diaria dieta estricta y comerse una pizza, o rapear cuando nadie cree verlo; pequeñas acciones, en suma, con las que irá abandonando la vía estrecha de los rituales y las convenciones). Además De Santis tendrá la ocasión de comprobar el efecto que las leyes ejercen sobre las personas, cuando visite a un reo (sujeto del indulto) en la cárcel. Y también reflexionar acerca de la eutanasia cuando tenga ante sí un caballo moribundo.

En una conversación que De Santis mantiene con el Santo Padre, este último le dice que el pasado es un peso y el futuro un vacío. Y sí, De Santis concede una gran importancia tanto al pasado como a los recuerdos (aunque recordar sea para él morir). Por eso piensa en su mujer muerta cada día y siente la necesidad de ir al lugar exacto donde se conocieron. Hay también un asunto que cuarenta años después le trae a De Santis por el camino de la amargura y que genera cierto suspense en la película. La clave del enigma lo tendrá la animosa Coco, de afilada lengua, habla atropellada y amiga de la infancia de De Santis.

Paolo Sorrentino crea poderosas y bellas imágenes, a menudo ralentizadas, sustentadas en una potente banda sonora, como el encuentro entre De Santis y el presidente de Portugal, bajo un fortísimo chaparrón. O el astronauta que al llorar ve cómo la lágrima flota en el espacio y le entra la risa. Música y lágrimas que van de la mano, lo vemos en la escena final y que podría llevarnos al texto de Nietzsche, a su Ecce homo.

Un papel clave lo tiene la combativa Dorotea, la hija de De Santis, también jurista, la mano derecha de su padre. Empeñada en que la ley de la eutanasia salga adelante. De quién son nuestros días, pregunta Dorotea. Es evidente que no nacemos, nos nacen. Sin embargo, una vez nacidos, en nuestra mano debería de estar el decidir qué hacemos con nuestras vidas y cuándo y cómo queremos ponerle término.

La grazia he tenido ocasión de verla en el festival Actual, en Logroño, en la Filmoteca Rafael Azcona.

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