Hace tres años leí otra novela de Grabielle Wittkop, El necrófilo, también publicada en Cabaret Voltaire. Una novela algo más corta que la presente. Aquí en este Serenísimo asesinato (traducción de Lydia Vázquez Jiménez) el escenario es Venecia, la ciudad laberíntica. Una ciudad que une al fasto la ponzoña. Se suceden varias muertes de mujeres. El nexo común es siempre el mismo, el marido de todas ellas, un tal Alvise, quien evadirá la realidad en su biblioteca. Lo suyo puede ser mala suerte, o bien ser un gafe, o un asesino en serie. La prosa de Grabielle es tan suntuosa como parca. No rasguña sino que abre en canal a sus personajes, también el lienzo de los cuadros que festonean tanta belleza trágica, con la precisión de un bisturí. Abunda la autora en las elipsis, y va secuenciando la novela, dando saltos en el tiempo y en el espacio. Un ejercicio circense del que disfruto sobradamente. Mecido, cómo no, por las aguas putrefactas de Venecia, que tantos secretos y cuerpos esconden entre los miles de troncos talados que la sostienen en el agua. La resolución de la novela despeja todas las preguntas que flotan en el aire enrarecido. Novela breve y buena.
