Archivo de la categoría: Siruela

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Manual de inquisidores (António Lobo Antunes)

Manual de inquisidores es la segunda novela que leo de António Lobo Antunes. La primera fue El orden natural de las cosas. El traductor es el mismo en ambas novelas: Mario Merlino. Manual de inquisidores la escribió Antunes en 1987 y fue traducida al castellano en 1996.

La novela se estructura en cinco relatos, seguidos de su correspondiente comentario.
Avanzada la novela vemos cómo las distintas personas que hablan dirigen sus testimonios o peroratas o confesiones o flujos de conciencia, lo que quiera que en definitiva sea, a un tercero, un entrevistador, o arqueólogo histórico, que irá recogiendo estas migajas para que el lector vaya desgranando el período histórico de la dictadura de Salazar, porque el núcleo de la novela es Francisco, ministro de Salazar, ostentador por tanto de un gran poder, capaz de hacer y deshacer, y de someter a sus empleados y a los desafectos al régimen (no faltan pues los calabozos, las torturas, los exilios) el cual recibía en su quinta la visita de Salazar y de su séquito, una quinta que cuando comienza la novela tiene la piscina vacía, las estatuas del jardín rotas, la hierba campando a sus anchas, rompiendo los arriates.

La novela es un continuo vaivén entre el presente y el pasado, que gracias a la habilidad y minuciosidad de Antunes nos permite conocer mejor a todos aquellos que rodearon al ministro: la mujer, el hijo, la amante, la madre de la amante, el chófer… y así mientras unos quieren preservar el poder dejando la moral guardada en la caja fuerte, los que los rodean tratan de servirse del poder y de su impunidad para medrar, como Milá y su madre, para dejar su barrio mísero y ocupar un apartamento en un barrio acomodado con portero, personajes que le sirven a Antunes para hablarnos de la naturaleza humana con todas sus luces y sus sombras, con todas sus convicciones y mezquindades; la manera en la que se gestionan los afectos y desafectos, las pasiones y las rupturas; el modo en el que el paso del tiempo deja a las personas, como el ministro, arrumbadas en una residencia, frente al espejo roto del pasado, con la determinación de decir la verdad, en un momento en el que a la misma le cuesta abrirse paso en la mente ofuscada, en la materia cangrenada, en el cuerpo corrupto.

La prosa de Antunes siempre vívida y rica en detalles y matices se sirve con la potencia acostumbrada, con una sintaxis que leída te subsume en su traqueteo, en las continuas reiteraciones, en el balanceo de la poesía que no eleva sino hunde para ponerte de rodillas y obligarte a prestar atención porque solo hay una bala en la recámara, y cuando lees a Antunes esa bala siempre es para ti.

Lecturas 2023

Esta es la relación de las lecturas que he llevado a cabo este año (faltan de añadir algunas otras que están en curso). Lecturas de novelas, ensayos, relatos, cómic, biografías, poesía y teatro. Alrededor de un centón de obras de más de treinta y cinco editoriales. Las notas a la lectura de las obras pueden leerse en el blog.

Abecedé (Juan Pablo Fuentes; Ediciones Letraheridas)

Vanas repeticiones del olvido (Eusebio Calonge; Pepitas de Calabaza)

Hojas rojas (Can Xue; Traducción Belén Cuadra; Aristas Martínez)

El refugio (Manuel Fernández Labrada; Eutelequia Editorial)

La estación del pantano (Yuri Herrera; Periférica)

Nací (Georges Perez; Traducción Diego Guerrero; Abada Editores)

Herencias del invierno. Cuentos de Navidad (Pablo Andrés Escapa; Páginas de Espuma)

Cándido o el optimismo (Voltaire; Traducción Mauro Armiño; Austral)

Viaje de invierno (Manuel Fernández Labrada; Bukok)

Quienes se marchan de Omelas (Ursula K. Leguin; Traducción Maite Fernández; Nórdica)

El modelador de la historia (J. Casri; Piel de Zapa)

Dama de Porto Pim (Antonio Tabucchi; Traducción Carmen Artal Rodríguez; Anagrama)

El hombre que perdió la cabeza (Robert Walser; Traducción Juan de Sola; Las afueras)

Cacería de niños (Taeko Kono; Traducción Hugo Salas; La Bestia Equilátera)

Space invaders (Nona Fernández, Editorial Minúscula)

El necrófilo (Gabrielle Wittkop; Traducción Lydia Vázquez Jiménez; Cabaret Voltaire)

Las mujeres de Héctor (Adelaida García Morales; Anagrama)

El caballo de Lord Byron (Vanesa Pérez-Sauquillo; Siruela)

La ética del paseante, y otras razones para la esperanza (Luis Alfonso Iglesias Huelga; Alfabeto)

Santander, 1936 (Álvaro Pombo; Anagrama)

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Venecia. El león, la ciudad y el agua (Cees Nooteboom)

Cees Nooteboom lleva visitando Venecia desde 1964. Lo ha hecho en reiteradas ocasiones, alojándose en distintos barrios y en diversas estaciones del año.
Su libro sobre Venecia, con traducción de Isabel-Clara Lorda Vidal, va más allá de lo que hacen otros en estos libros de viajes, es decir, sobrevolar un poquito la bibliografía de la que se nutren con alguna vivencia personal.

Cees anhela mimetizarse con el paisaje y el paisanaje veneciano, ser parte de la ciudad, y para amarla como él lo hace, necesita conocer su historia, escuchar los secretos que la ciudad atesora, por eso en cada viaje que acomete va acompañado de un buen número de libros que le permiten abundar en este propósito.

Le sirve la Historia de Venecia de Norwich, Las piedras de Venecia de Ruskin, los poemas de Brodsky, el relato de Borges, El jardín de senderos que se bifurcan, si entendemos Venecia como un dédalo, las novelas de Donna Leon para poner negro sobre blanco la rampante corrupción y también recurre Cees a ensayos más recientes como Papeles falsos de Valeria Luiselli. Al final, cada viajero sigue las huella de los viajeros anteriores. Digo viajeros y no turistas, en una ciudad como Venecia que recibe 30 millones de turistas al año y tiene censadas 55000 almas.

Cees deambula por las calles sin tráfico, visita iglesias, analiza cuadros bajo su erudición en la materia, repara en detalles que en otras ocasiones le pasaron inadvertidos, y se deja empapar por la historia de Venecia, por sus más de mil años de historia. Quiere conocer Cees más sobre la vida de los dux, acerca de quienes son los rostros hoy convertidos en estatuas y el viaje que el lector emprenderá con Cees será un viaje moroso, porque no hay prisas, pues se trata de un deambular despreocupado que facilita el hallazgo, la sorpresa, el gozo de la estancia, al salir del vórtice de la Plaza San Marcos para descubrir otras zonas no arrasadas por las hordas turísticas, en donde poder dejar la mirada fija en el horizonte, mecido por la cuidad flotante conquistada a las aguas.

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Hijos de Ápate (Alicja Gescinska)

Alicja Gescinska, Hijos de Ápate. Breve filosofía de la verdad, la posverdad y la mentira.

Ápate fue uno de los espíritus que salió de la caja de Pandora, pródiga en embustes. Las posverdad es un término cada vez más empleado. Como apunta Alicja no es casual que, en 2016, los diccionarios Oxford eligieran ese neologismo como palabra del año.

Término que guarda mucha relación con el relativismo cultural y filosófico del posmodernismo, que según la autora no ha traído nada bueno en ese aspecto como indicaron pensadores como Leszek Kolakowski o George Steiner.

Es evidente lo que enuncia Alicja en cuento a la difusa línea que separa conocimiento e ignorancia.

Vivimos en una era en que el conocimiento especializado ya no cuenta con el respeto del ciudadano medio. El desprecio generalizado a la autoridad ha dado también como fruto un desprecio a la figura del experto en cualquier materia, con todo lo que ello implica para el debate político y social. Si la opinión de un experto cuenta con la misma credibilidad y recibe la misma difusión que la opinión de un profano o un famoso, cada vez es más difícil distinguir entre hechos fehacientes y fantasías sin fundamento, y cada vez es más difusa la línea que separa el conocimiento de la ignorancia”

Para la autora la definición de la mentira cuenta con cinco componentes: la mentira se caracteriza por (1) la intención de engañar y manipular por medio de (2) una afirmación (3) de cuya falsedad está convencido el transmisor del mensaje; el engaño puede ir dirigido (4) a otros o a uno mismo y (5) desde un punto de vista ético, la afirmación utilizada puede ser inmoral, neutral o moral.

Y qué podemos oponer a las mentiras, a la falta de verdad. ¿La sinceridad?

Para la autora la sinceridad es esencial para el correcto funcionamiento de una sociedad. Además, la idea de que la autenticidad es un valor moral importante resuena también en una conocida frase de Sócrates según la cual una vida sin autorreflexión crítica no merece la pena ser vivida.

Parece cada día más complicado hacer valer esta sentencia.

La verdad está vinculada con la veracidad, y una vida veraz implica voluntad de transmitir la verdad.

Alicja reflexiona acerca de la democracia tal y como la entendemos, del desapego creciente hacia ella por parte de muchos ciudadanos.

Una democracia solo funciona si los ciudadanos creen en su funcionamiento.

Si los ciudadanos no creen que tienen voz, que los representantes públicos los representan de verdad, que los mecanismos de control del poder funcionan y que los medios de comunicación son dignos de confianza, la democracia deja de ser democrática.

¿Cómo afectan entonces las mentiras a nuestra convivencia?

Para Alicja, cuantas más mentiras circulen en nuestra sociedad, menos armoniosa será la convivencia.

Y recoge un caso curioso el de Michael Ignatieff, reconocido novelista, filósofo, catedrático. Cuando dio el salto a la arena política como político, la confianza en su autenticidad y sinceridad se evaporó al instante.

Afirma Alicja que la postura del público frente a los políticos se caracteriza más por el recelo que por la confianza.

Las campañas políticas hoy se nublan con falacias y mentiras muchas interesadas. Habida cuenta con la impunidad con la que dichas mentiras se vierten, conviene reparar en esto que apunta Alicja.

No debemos ver la mentira y la desinformación como elementos más de las relaciones sociales y el juego político, sino como la cizaña que contamina el diálogo y el debate.

Hemos por tanto de pararnos a pensar, qué hacemos y por qué lo hacemos así.

Tenemos que despertar a nuestro Sócrates interno y abrazar la autorreflexión crítica como objetivo de nuestra vida.

Una respuesta válida sería que aprendiésemos a dudar, al igual que nos instaba Joan-Carles Mèlich en su ensayo La sabiduría de lo incierto.

Hagamos caso a Alicja.

Si antes de salir al ágora nos atrevemos a dudar más de nosotros mismos y practicar más la introspección crítica, el debate no estará tan polarizado, pues habrá menos probabilidades de que nos enroquemos en nuestra propia razón.

Traducción de Gonzalo Fernández Gómez.