Mis jardines

Mis jardines (Richard Schaukal)

Ápeiron Ediciones ha publicado recientemente, con traducción de Roberto Vivero, el libro de poesía Mis jardines, versos solitarios, del diplomático y escritor austriaco Richard Schaukal (1874-1942), figura clave del modernismo, decadentismo y el simbolismo de la Viena de fin del siglo XIX.

El libro de 116 páginas consta de un prólogo: La verja del jardín, seguido de cinco capítulos: Coto de caza. Libro de las decepciones; El estanque. Libro del anhelo; Los muros del tejo. Libro del artista; Macizo de flores. Libro del amor; Avenida. Libro de las sombras y las figuras y un epílogo: Misère.

El prólogo: La verja del jardín mantiene el mismo espíritu que las citas que Schaukal recoge de Goethe, citas que hablan del abismo entre el autor y la multitud, de lo mucho que aprendió del sufrimiento o su empecinamiento por instalarse en la soledad y el silencio, en la desnudez (no solo física).

Los poemas datan de 1897, luego Richard constaba 25 años cuando los escribió. Y me resulta extraño que dedique tantas poesías a la juventud, como si esta fuese para él algo ya muy remoto, pasado y casi olvidado; un agua fresca que dejó correr y de la que nunca más tendrá conocimiento, cuando Richard estaba instalado en dicha juventud. Ahora bien, quizás estos jardines del título sean una especie de fortaleza interior, el lugar apartado donde Richard puede llevar a cabo su vida recoleta, silenciosa y en soledad, dedicando su tiempo a las oraciones y muy poco al amor, amor que aquí se manifiesta como un ideal y que tiene muy poco de carnal y mucho de casto, y que en el caso de consumarse no traerá aparejada la dicha.

A una mujer

Sufriste y reíste.

El amor encendió la llama.

Cortejo y concepción.

Presa de penas y de niños,

privada de fe y primavera,

marchita, deshojada,

¿lloras?

¿Tu pasado se burla de ti?

Para Schaukal incluso la (ruda) luz resulta ser un tormento. Sin dejar un resquicio para la amistad, porque el camino de sus amigos ya no es el suyo, a quienes ya no puede darles ni la sombra de su yo, solitario y vergonzoso, solemne y silencioso. En estos términos se desnuda y describe.

Y si sale de la fortaleza será para volver rápidamente, quizás porque el mundo es algo hostil y desapacible, vertiendo en sus poemas sal sobre la herida abierta que es la fugacidad del tiempo y su carácter efímero. Poemas en los que prima siempre el sentido del deber, y un rigor y envaramiento del que Schaukal pareciera querer, sino desprenderse, al menos, sí ser capaz de reflexionar sobre éstas cuestiones a través de la palabra escrita y la poesía.

Es recurrente en los poemas la presencia de las puertas, convertidas en muros físicos y mentales, como esos bárbaros que tratan de romper los cerrojos que permitirían acceder a su alma. Uno de los poemas lleva por título La puerta de la muerte. Y para cruzar dicha puerta hay que hacer méritos. No puede cruzarse cuando hay en el corazón odio, ira, y codicia. Un manantial de vida, en resumen.

Cierra el poemario Misère, que certifica la impostura de las palabras, falseando el mundo, y al mismo tiempo la tenacidad para seguir insistiendo en el lenguaje, buscando las puertas que nos den acceso, ¿a qué? ¿a la verdad, la vida, la luz, la sabiduría?

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