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Razón de música (Manuel Fernández Labrada)

Sabemos la relación que guarda el precio del oro con el de la plata en el mercado de valores, pero todavía desconocemos la de una crítica con un like.

Muy cierto me parece este enunciado que escribió Manuel en su anterior libro, Gradus ad Parnassum. Las redes hoy arrinconan los blogs y directamente los invisibilizan y la foto de un libro tiene mucha más repercusión e impacto que reseñas de mil palabras. Sancionando así el dicho que afirma que Una imagen vale más que mil palabras. Aunque, en todo caso, la cubierta de un libro nada dice por sí misma. Pero bueno, la cosas del marketing tendrán su propia lógica.

Si Manuel ya me había demostrado su sobrado talento con dos libros de microficciones: Ciervos en África y Al brillar un relámpago escribimos. Un talento aquilatado luego en la narrativa con la chispeante novela musical Presto delirando y rematado posteriormente con un ensayo que todo plumífero debería ojear y hojear: Gradus ad Parnassum, ahora Manuel saca brillo a una labor que viene practicando en la blogosfera desde septiembre de 2015, cuando publicó aquella pionera y sucinta reseña de los Relatos fantásticos de Turgueniev. Reseñas que progresivamente irían ganando en extensión y profundidad, con un marcado carácter literario, hasta convertir su Saltus Altus en un referente virtual indiscutible de la crítica literaria.

Ápeiron ediciones publica ahora Razón de música, en la colección de estudios musicales, “tritono”. Es un libro que reúne quince reseñas (que han sido revisadas y ampliamente renovadas) de Manuel, de naturaleza musical, en las que el autor da razón de la música, pero no como un experto en la materia (a pesar de que Manuel haya cursado estudios de Piano, Armonía, Contrapunto, Fuga, Composición y Musicología) sino como un divulgador (algo parecido a lo que Manuel expone sobre Steiner) de aquellos libros que Manuel ha leído estos últimos años y que ha querido compartir con otros posibles lectores, y que por tanto creo que son reseñas aptas también para los no melómanos. Creo que una de las bondades del libro es que además de su reducido tamaño, apenas 100 páginas, ofrece una gran variedad de temas, porque como afirma Manuel en la Nota introductoria: La música ha despertado siempre la curiosidad de los hombres. De toda clase de hombres añadiría, por eso aquí encontraremos textos de novelistas, filósofos, cuentistas, ensayistas o compositores.

El libro está dividido entre tres apartados. El primero dedicado a los compositores e intérpretes. Insoslayables las figuras de Mozart bajo la óptica de Christoph Wolff o Beethoven visto por su contemporáneos, en la obra de O. G. Sonneck. Aunque también tengan aquí cabida libros que abordan La escena operística en España entre 1925 y 1965, obra de Aitor Merino, donde lo histórico incide en lo musical. Y otros libros que sirven como guía, ya sea De la A a la Z de un pianista de Alfred Brendel (que Manuel califica como un vademecum para pianistas) principiantes). O el libro Conversaciones sobre música de Wilhelm Furtwängler. Siete conversaciones que Wilhelm entabla con Walter Abendroth, donde el primero focaliza su interés en Beethoven o aborda temas como el importante papel desempeñado por el público en el desarrollo de la música, o la capacidad que la música tiene para unir a los pueblos, o la última conversación, en la que Wilhem se postula como un acérrimo defensor de la tonalidad.
En el segundo apartado que lleva por título Teoría, crítica y pensamiento musical comparecen Schumann, Wagner, filósofos como Kierkegaard, eruditos como Steiner y otros autores menos conocidos por estos lares, como Molkow (cuyo ensayo versa sobre los filósofos en la ópera).
Y acaba el libro con el apartado Música y literatura. Apartado heteróclito donde Manuel reseña libros de Antonio Pau, Robert Walser, Felisberto Hernández o Wolf Wondratschek. ¿Acaso no dan ganas de leer su Autorretrato con piano ruso después de finalizar la lectura de la reseña?

Las reseñas tienen la extensión justa (entre las tres y las seis páginas) para captar nuestro interés y mostrar las virtudes del texto, o bien hacer hincapié en los aspectos más reseñables, a fin de que este nos resulte interesante de leer. O incluso para desincentivarlo, como puede suceder con el panfleto antisemita de Richard Wagner, El judaísmo en la música.
Manuel asimismo ofrece también reflexiones sobre la cuestión editorial. Así alaba, por ejemplo, la publicación de Diapsálmata de Kierkegard, en una edición exenta, publicada por Hermida editores.

Reivindico la lectura de Razón de música, ya que creo que cae también del lado de lo dionisíaco, y la lectura es una celebración de la música y de la literatura. Además, como también escribió Manuel en su Gradus ad Parnassum, tengamos presente esto:

Recomienda tantos y tan buenos libros en las redes sociales que sus seguidores nunca tienen tiempo para leer los suyos.

Si han llegado a Saltus Altus, den un salto (les aseguro que no será al vacío) a Razón de música y luego sigan recorriendo la obra literaria de Manuel, tanto en la blogosfera como en papel.

Razón de música
Manuel Fernández Labrada
Ápeiron Ediciones
2026
100 páginas

Mis jardines

Mis jardines (Richard Schaukal)

Ápeiron Ediciones ha publicado recientemente, con traducción de Roberto Vivero, el libro de poesía Mis jardines, versos solitarios, del diplomático y escritor austriaco Richard Schaukal (1874-1942), figura clave del modernismo, decadentismo y el simbolismo de la Viena de fin del siglo XIX.

El libro de 116 páginas consta de un prólogo: La verja del jardín, seguido de cinco capítulos: Coto de caza. Libro de las decepciones; El estanque. Libro del anhelo; Los muros del tejo. Libro del artista; Macizo de flores. Libro del amor; Avenida. Libro de las sombras y las figuras y un epílogo: Misère.

El prólogo: La verja del jardín mantiene el mismo espíritu que las citas que Schaukal recoge de Goethe, citas que hablan del abismo entre el autor y la multitud, de lo mucho que aprendió del sufrimiento o su empecinamiento por instalarse en la soledad y el silencio, en la desnudez (no solo física).

Los poemas datan de 1897, luego Richard constaba 25 años cuando los escribió. Y me resulta extraño que dedique tantas poesías a la juventud, como si esta fuese para él algo ya muy remoto, pasado y casi olvidado; un agua fresca que dejó correr y de la que nunca más tendrá conocimiento, cuando Richard estaba instalado en dicha juventud. Ahora bien, quizás estos jardines del título sean una especie de fortaleza interior, el lugar apartado en donde Richard puede llevar a cabo su vida recoleta, silenciosa y en soledad, dedicando su tiempo a las oraciones y muy poco al amor, amor que aquí se manifiesta como un ideal y que tiene muy poco de carnal y mucho de casto, y que en el caso de consumarse, como queda patente, no traerá aparejada la deseada dicha.

A una mujer

Sufriste y reíste.

El amor encendió la llama.

Cortejo y concepción.

Presa de penas y de niños,

privada de fe y primavera,

marchita, deshojada,

¿lloras?

¿Tu pasado se burla de ti?

Para Schaukal incluso la (ruda) luz resulta ser un tormento. Sin dejar un resquicio para la amistad, porque el camino de sus amigos ya no es el suyo, a quienes ya no puede darles ni la sombra de su yo, solitario y vergonzoso, solemne y silencioso. En estos términos se desnuda y describe.

Y si sale de la fortaleza será para volver rápidamente, quizás porque el mundo es algo hostil y desapacible, vertiendo en sus poemas sal sobre la herida abierta que es la fugacidad del tiempo y su carácter efímero. Son poemas en los que prima siempre el sentido del deber, un rigor y envaramiento del que Schaukal pareciera querer, si no desprenderse, al menos, sí ser capaz de reflexionar sobre estas cuestiones a través de la palabra escrita y la poesía, con una determinación claramente introspectiva.

Es recurrente en los poemas la presencia de las puertas, convertidas en muros físicos y mentales, como esos bárbaros que tratan de romper los cerrojos que permitirían acceder a su alma. Uno de los poemas lleva por título La puerta de la muerte. Y para cruzar dicha puerta hay que hacer méritos. No puede cruzarse cuando hay en el corazón odio, ira, y codicia. Un manantial de vida, en resumen.

Cierra el poemario Misère, que certifica la impostura de las palabras, falseando el mundo, y al mismo tiempo la tenacidad para seguir insistiendo en el lenguaje, buscando las puertas que nos den acceso, ¿a qué? ¿a la verdad, la vida, la luz, la sabiduría?