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correspondencia

Martin Heidegger Ludwig von Ficker. Correspondencia 1952-1967

Los días 4 y 5 de octubre de 1952 se celebraron actos conmemorativos en honor del poeta Georg Trakl en Bühlerhöhe, balneario y sanatorio próximo a Baden-Baden y dirigido por Gerhard Stroomann, un lugar en el que desde 1949 se organizaron ciclos de conferencias […] en los que Heidegger participó como ponente en varias ocasiones. Así se conocieron Ludwig von Ficker y Martin Heidegger.

La relación fue tanto epistolar como en persona. En total el libro recoge 60 misivas intercambiadas entre ellos (seis son borradores de Ficker) entre 1952 y 1967. Ficker dirigió 35 cartas a Heidegger y recibió alguna menos del filósofo. En ellas Ficker se dirige a Heidegger como profesor (si bien Ficker no se ciñe tanto al rol del alumno como al de de un interlocutor válido) y no deja de sorprenderse, a pesar de su avanzada edad (Ficker cuenta con 72 años, por 63 de Heidegger) de que alguien de la talla intelectual de Heidegger haya reparado en él, habida cuenta el escaso empeño de Ficker por llamar la atención, a pesar de la notoriedad derivada de su labor como editor en la prestigiosa revista Der Brenner. Y si algo es un constante en las cartas, además de la presencia constante de Trakl, sobre la cual se construyó la relación de ambos, es el agradecimiento, quizás porque como afirma Heidegger en una de las cartas, ¿Qué significa pensar? ¿Significa traer el agradecimiento?

En las cartas se va dando cuenta de los efectos posteriores a los encuentros en persona. Asimismo Heidegger pone al día a Ficker de sus escritos, conferencias, y obra intelectual y le va remitiendo algunos de sus textos o conferencias impresas, como El camino al habla.
Me chocó la corta extensión de algunas de las misivas. El misterio quedó aclarado en el apartado Comentario a la correspondencia, porque las cartas, en algunos casos no eran tales, sino postales.

Ficker, en las postrimerías de la correspondencia, deja constancia de su deterioro físico, y los continuos achaques que le incapacitan para contestar por escrito, algo de lo cual luego se lamenta, dejando amplios espacios temporales en la correspondencia.

Creo que la correspondencia es una posibilidad de la escritura íntima, que ilumina otras caras de la naturaleza humana. Así Heidegger se muestra amable, humilde, cariñoso, comprensivo y leal. Ficker se acomoda en la figura del adulador. Una adulación que es consecuencia de la mucha admiración que siente hacia el filósofo, en gran medida por la manera en la que Heidegger fue capaz de abordar la obra de Trakl, a la que Heidegger llegará cuatro décadas después del fallecimiento del joven poeta.

Después de la correspondencia hay un texto precioso y desgarrador de Ficker, La despedida, que nos permite entender mejor la relación entre Ficker y Trakl. Ficker había sido el mecenas del poeta y había gestionado el dinero del que Wittgenstein le hizo entrega para que lo repartiese a su buen criterio. En el texto se pone de manifiesto los efectos devastadores de la guerra para Trakl, durante la Primera Guerra Mundial y todos los horrores que sufrió en el frente de batalla. Trakl murió a los 27 años (1887-1914). E incorpora algunos poemas de Trakl como Lamento, Grodek o Humano duelo.

Presente está también el discurso de agradecimiento de Ficker al recibir en 1960, en su 80 cumpleaños, por parte de la Universidad Libre de Berlín, el título de doctor honoris causa en filosofía. El discurso de Ficker se cierra con las posteriores palabras de Heidegger hacia Ficker: una breve alocución en la que considera a este un fundador.

En el comentario a una de las cartas, Heidegger le informa a la hija de Ficker de que acudirá al evento, en su deseo de Mostrar a la generación actual qué fuerzas creativas despertaron e influyeron en las dos primeras décadas de nuestro siglo.

A Ficker, cuando conoce a Heidegger, el pasado de este le preocupa poco. En 1936 Heidegger había roto con el NSDAP, y consideraba el nacionalsocialismo una ideología impropia, si bien en los años previos había pedido el voto para Hitler y en abril de 1933 fue nombrado rector de la Universidad de Friburgo, aupado por los nacionasocialistas; cargo al que renunció en 1934. Los Cuadernos negros de Heidegger permitirán hacernos una idea de su vinculación con las ideas del nazismo. Si fue un desliz, algo episódico, o bien, si por el contrario, fue algo consustancial a su pensamiento filosófico.

El libro se cierra con notas a la correspondencia y contiene también algunas ilustraciones o fotos, como la de la tumba, o la de un busto de Trakl.

Martin Heidegger – Ludwig von Ficker
Correspondencia 1952-1967
Edición de Matthias Flatscher
Traducción de Roberto Vivero
Ápeiron Ediciones
165 páginas
2026

Mis jardines

Mis jardines (Richard Schaukal)

Ápeiron Ediciones ha publicado recientemente, con traducción de Roberto Vivero, el libro de poesía Mis jardines, versos solitarios, del diplomático y escritor austriaco Richard Schaukal (1874-1942), figura clave del modernismo, decadentismo y el simbolismo de la Viena de fin del siglo XIX.

El libro de 116 páginas consta de un prólogo: La verja del jardín, seguido de cinco capítulos: Coto de caza. Libro de las decepciones; El estanque. Libro del anhelo; Los muros del tejo. Libro del artista; Macizo de flores. Libro del amor; Avenida. Libro de las sombras y las figuras y un epílogo: Misère.

El prólogo: La verja del jardín mantiene el mismo espíritu que las citas que Schaukal recoge de Goethe, citas que hablan del abismo entre el autor y la multitud, de lo mucho que aprendió del sufrimiento o su empecinamiento por instalarse en la soledad y el silencio, en la desnudez (no solo física).

Los poemas datan de 1897, luego Richard constaba 25 años cuando los escribió. Y me resulta extraño que dedique tantas poesías a la juventud, como si esta fuese para él algo ya muy remoto, pasado y casi olvidado; un agua fresca que dejó correr y de la que nunca más tendrá conocimiento, cuando Richard estaba instalado en dicha juventud. Ahora bien, quizás estos jardines del título sean una especie de fortaleza interior, el lugar apartado en donde Richard puede llevar a cabo su vida recoleta, silenciosa y en soledad, dedicando su tiempo a las oraciones y muy poco al amor, amor que aquí se manifiesta como un ideal y que tiene muy poco de carnal y mucho de casto, y que en el caso de consumarse, como queda patente, no traerá aparejada la deseada dicha.

A una mujer

Sufriste y reíste.

El amor encendió la llama.

Cortejo y concepción.

Presa de penas y de niños,

privada de fe y primavera,

marchita, deshojada,

¿lloras?

¿Tu pasado se burla de ti?

Para Schaukal incluso la (ruda) luz resulta ser un tormento. Sin dejar un resquicio para la amistad, porque el camino de sus amigos ya no es el suyo, a quienes ya no puede darles ni la sombra de su yo, solitario y vergonzoso, solemne y silencioso. En estos términos se desnuda y describe.

Y si sale de la fortaleza será para volver rápidamente, quizás porque el mundo es algo hostil y desapacible, vertiendo en sus poemas sal sobre la herida abierta que es la fugacidad del tiempo y su carácter efímero. Son poemas en los que prima siempre el sentido del deber, un rigor y envaramiento del que Schaukal pareciera querer, si no desprenderse, al menos, sí ser capaz de reflexionar sobre estas cuestiones a través de la palabra escrita y la poesía, con una determinación claramente introspectiva.

Es recurrente en los poemas la presencia de las puertas, convertidas en muros físicos y mentales, como esos bárbaros que tratan de romper los cerrojos que permitirían acceder a su alma. Uno de los poemas lleva por título La puerta de la muerte. Y para cruzar dicha puerta hay que hacer méritos. No puede cruzarse cuando hay en el corazón odio, ira, y codicia. Un manantial de vida, en resumen.

Cierra el poemario Misère, que certifica la impostura de las palabras, falseando el mundo, y al mismo tiempo la tenacidad para seguir insistiendo en el lenguaje, buscando las puertas que nos den acceso, ¿a qué? ¿a la verdad, la vida, la luz, la sabiduría?

El Esnob

El Esnob (Carl Sternheim)

Hay textos que a pesar de su corta extensión (60 páginas) resultan muy cundidos. Así sucede con El Esnob de Carl Sternheim (1878-1942). Obra teatral en tres actos, publicada en Ápeiron Ediciones, traducida por Roberto Vivero.

En aquella época, la época Guillermina, a comienzos del siglo XX, sin el ascensor social de los estudios, será el vivo ingenio y otras artes ocultas las que propicien que Christian, de humilde origen (el padre, Theobald, fue un funcionario subalterno y la madre, Luise, la hija de un sastre), logre llegar a lo más alto, y alcanzar el cénit laboral, con tan solo 36 años, hasta convertirse en el director general de un grupo económico que maneja una quinta parte de toda la riqueza nacional. Eran esos años del imperialismo y el colonialismo, tras la Conferencia de Berlín. Aquí se hablan de las minas africanas, en aquellos territorios que Alemania compró en África.

Porque la falta de nobleza, la sine nobilitate latina, lo que hoy dio en denominarse esnob, es nada menos que el traje a medida del protagonista de la obra: el joven Christian. Su objetivo lo lleva madurando largo tiempo. Y es formar parte de la nobleza, ostentar un título. Ser bien acogido en ese estamento tan cerrado y escasamente permeable. Para ello quiere borrar a su familia del mapa, que es tanto como borrar sus orígenes, para erigirse, pensemos en una especie de creatio ex nihilo. De cara a la galería los dará por muertos. En la intimidad del hogar les extenderá un cheque por los gastos derivados de su manutención, hasta ser manumitido y les invitará a quitarse del medio e irse a vivir a Zúrich, porque Christian sabrá mucho de números, pero muy poco de sentimientos. Antes romperá los lazos familiares (aunque tendrá la ocasión de reconciliarse con su padre. O su padre con él) y filiales, como sucede con Sybill, la única amiga capaz de obligarle a escuchar unas cuantas verdades.

El facilitador será el Conde Aloysius Palen. Él será la puerta de acceso de Christian a ese mundo que tanto anhela. Para ello, la hija de Palen, Marianne, será una pieza más en el tablero. Algo asumido por ella, así dirá que con el enlace ya no se pertenece a sí misma, que es el destino de las muchachas. Se casará sin dote. El dinero lo pondrá Christian. Pues Palen tiene titulo nobiliario pero no dinero, al contrario que Christian. De la necesidad, no harán virtud, sino negocio.

La historia que se desarrolla con gran dinamismo, sin dar tregua al lector, concluye con un golpe de efecto sorprendente. Si durante todo este tiempo Christian es un esnob, veremos que a veces las cosas no son como nos las pintan (el detonante será un cuadro de Renoir, retratando a Luise) y a veces uno acaba ocupando el lugar que cree merecer, no solo por méritos propios, sino también por la cuna.

El Esnob
Carl Sterheim
Ápeiron Ediciones
2025
70 páginas
Traducción de Roberto Vivero

Otras reseñas de la colección Máscaras de Ápeiron Ediciones en Devaneos.

Hijos del pecado de Ludwig von Ficker
Noche italiana de Ödon von Horvath
La Torre de Hugo von Hofmannsthal
El fin de Sodoma de Herman Sudermann
La isla de Hugo Wolf
Marionetas de Arthur Schnitzler
Tirano Teatro de Roberto Vivero
Fausto de Roberto Vivero

Hijos del pecado

Hijos del pecado (Ludwig von Ficker)

Hijos del pecado, editada por Ápeiron Ediciones, con traducción de Roberto Vivero, es una obra de teatro escrita por Ludwig von Ficker en 1900.

Consta de dos actos. Es un drama que evidencia lo complicado que a menudo resulta dejar el pasado atrás, porque cuando menos te lo esperas este regresa. Así le sucederá a la joven Margreth, la cual vive en la casa con Dorner, un secretario de actas jubilado y Phillip, sobrino de Dorner, con el que Margreth mantiene una relación. Phillip está a las puertas de aprobar un examen que le permitirá manumitirse de su tío y obtener ingresos. Asimismo Dorner, ya jubilado, ha de lidiar con los desmanes del hijo del rector, un tal Felix, un cantamañanas, al tiempo que decide aventurarse en la escritura con un texto titulado Memorias de un actuario.

Philip está enfermo sin que Margreth alcance a saber la gravedad de la enfermedad de su amado. La cuestión de fondo en el drama es el tema del honor. Así se explicita en el título: Hijos del pecado, aquellos seres que vienen al mundo después de que sus madres hayan perdido el honor y sin que se tenga ya fuerzas suficientes para limpiarlo.

Un honor que como el deber vincula, en palabras de Philip. Aquí la honra solo se aplica a las mujeres y Margreth tiene algo que esconder, que tarde o temprano acabará saliendo a la luz, de tal manera que en las apenas 70 páginas en las que se desarrolla la obra, Ficker logre un magnífico resultado a medida que va creciendo la tensión en la obra y todo se precipita hacia un final que parece resultar irremediable.

Obra que sirve para cuestionar la moral masculina vigente a comienzos del siglo XX en Austria, y esa honra que trae de cabeza a los personajes, honra mancillada, por la que se es capaz tanto de matar como de dejarse morir.

Hijos del pecado
Ludwig von Ficker
Traducción de Roberto Vivero
Ápeiron Ediciones
2025
65 páginas