Años de formación es la primera parte de la trilogía diarística que se cerrará años más tarde con Los años felices y Un día en la vida.
Cómo se ve en los títulos, el tiempo juega un papel importante.
Esta primera parte va comprendida entre 1957 y 1967. Una década. El tiempo que llevaba este libro esperando ser leído por mi, después de haberlo recibido como un presente, ahora pretérito.
A los dieciséis años, Ricardo piglia tiluvo muy claro que quería ser escritor. Y lo que se evidencia en los diarios es que esa vida que llevará desde que cumpla la mayoría de edad será una vida nómada, ambulante, precaria, fiando todo su porvenir a su éxito como escritor. Y en 1967 le comenta a Rodolfo Wash que en diez años será el mejor escritor argentino.
Afirma que ha abandonado tantas cosas por la literatura que seguir en ese plan es ya una especie de destino. La elección inicial definió todas las demás. Y que como sucede, siempre esa elección fue impensada y sorpresiva.
Manejándose primero en las distancias cortas de los relatos. En seguida, algunos de sus relatos alcanzarán la notoria fama y logrará hacerse rápidamente un hueco entre los escritores argentinos contemporáneos.
Los diarios recogen breves apuntes en los que se va dando cuenta de sus amoríos, sus aventuras y desventuras amorosas, y lo más importante es cómo se va gestando Ricardo como escritor, aquí bajo el nombre de Emilio Renzi.
Al poco de acabar la carrera de historia Piglia encontrará plaza como profesor universitario. Impartiendo asignaturas a alumnos que son casi de su misma edad.
Se demuestra en estos apuntes el afilado juicio crítico de Piglia a la hora de leer.
Más allá de escribir relatos no tardará en encontrar también trabajo como editor, como un lector profesional. Realizará semblanzas de escritores americanos y comenzará a trabajar en la que será su primera novela.
Los elementos históricos están también presentes como el golpe de estado a finales de junio de 1966 o la muerte del Che Guevara el 9 de octubre de 1967. En 1967 comenta también que en la era electrónica desaparecerán los libros.
Me resultan también muy interesantes sus juicios sobre los relatos de Cortázar, sobre El perseguidor afirma que le parece demasiado demagógica y trivial. De Cien años de soledad afirma que la prosa es muy eficaz y también muy demagógica, con remates de los párrafos muy estudiados para producir un efecto de sorpresa. Borges dijo de la misma que le sobraban cincuenta años.
O que lo mejor de Onetti son sus historias cortas, como Para una tumba sin nombre, El pozo o Los adioses.
Unos diarios que me han resultado muy interesantes (no obstante, hay algunos apuntes que me resultan totalmente triviales y prescindibles) para conocer mejor la figura de Piglia como persona y sobre todo como escritor. Una profecía autocumplida.
