Archivo de la categoría: 2025

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La edad infinita (Miriam Reyes)

Sentía curiosidad por leer esta historia, la de una niña gallega que en 1983, con ocho años, es reclamada por sus padres, y debe dejar a sus abuelos en España para trasladarse a Venezuela, a Caracas. Según leemos, la ciudad sería para la entonces niña una cárcel, un manicomio, una isla del tesoro, una sala de fiestas y finalmente un paraíso perdido.

Leído así, en las primeras páginas del libro, la novela promete. Pero a medida que avanzo en la lectura la niña se transforma en bruma, en venero intermitente, se ve aplastada por el peso de la historia y la presencia de la autora, donde se explica más que se cuenta, de tal manera que la niña, y lo que esta siente, piensa y toda la transformación que opera en ella a medida que crece hasta la edad adulta, quedará diluida entre cifras, datos, y reflexiones que se apartan de ella para convertirse en un ensayo. Es entonces cuando el hilo narrativo se pierde, la tensión disminuye y lo conseguido se me desvanece.

Me resultaba interesante saber qué siente una niña de ocho años que es española y poco a poco se siente venezolana, pero que al no renunciar a su nacionalidad española no puede ni siquiera votar en Venezuela, el cambio de familia, de continente, de costumbres…

Me interesaba la novela porque mi historia familiar también se nutre de exilios y migraciones, precisamente en Caracas. Y de la misma manera que unos regresaron, otros familiares se afianzaron allá y echaron raíces y sufrieron los vaivenes económicos y los cambios de gobierno y el devenir de un país que gracias al petróleo podría haber vivido a cuerpo de rrey. Por eso el lenguaje que maneja Miriam me resultaba conocido, al haberlo oído tantas veces, aún hoy, por boca de mis parientes venezolanos, y ahí sí que había un hilo que me conectaba con la lectura.

La edad infinita
Miriam Reyes
Editorial Tránsito
2025
181 páginas

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Sé morir (Elena Mesa)

El título de la novela, Sé morir, da una idea aproximada del contenido de la misma. Y tal y como cuenta Elena en el preámbulo de la novela, a un conocido suyo lo mataron, o eso le dijeron cuando sucedió. Luego, dos décadas después recibió un diario del muerto y entonces supo cómo fue su final. Sé morir es el testimonio de un suicidio, también del vínculo entre el muerto y su hermana, en Medellín.

La escritura, a través del diario, es la manera que el hermano tiene de reconstruir su memoria, fijar los recuerdos, en una infancia no exenta de dificultades, porque el caso de los hermanos sanciona el escaso compromiso con la paternidad de los hombres colombianos que las mujeres frecuentan; así no saben nada de su padre y su madre tirará de ellos como buenamente puede. Mantiene con los hijos una relación difícil, donde apenas hay ternura, y sí ausencias, y un comportamiento duro y frío. Pero no hay en las palabras del hermano un ajuste de cuentas, sino más bien un reparto de anécdotas y recuerdos, donde unas van al debe y otras al haber. Un saldo, no obstante, desbalanceado. A medida que el niño se vuelve adolescente y luego adulto la relación con la madre cambia y ambos la asimilarán de otra manera, porque su madre (una madre que no hace de madre) también ha sufrido lo suyo. Pero como todo en la novela, el pasado queda cubierto por un manto de silencio o bajo una grueso en la que esconder tantas cosas.

El título de cada capítulo es un verso de Alejandra Pizarnik y contiene en su interior unos collages, obra de Elena, que son otra clase de diálogo.

Al hermano, la muerte del hijo de la vecina, al que verá colgado en su casa, cuando es un niño, le marcará profundamente. Hay algo ahí fundacional para él. Un camino que también él querrá seguir. Para aclarar sus ideas, poner tierra de por medio, y sustraerse a cuanto le rodea, a los dieciocho años ingresa en un monasterio. No para hacer carrera monacal, porque después de un año tendrá claro que ese no es su camino, sin embargo, ha tenido mucho tiempo para pensar y reflexionar acerca de lo que quiere hacer con su vida, o con su no vida, viendo claro la manera de proceder para satisfacer sus ganas de morir. Y en este hecho no hay dramatismos ni aspavientos, sino precisión y determinación, buscando la manera de que la muerte sea lo más inocua posible para sus seres queridos.

Un tema importante en la novela, su gran virtud, es que aquí no se explica ni se justifica nada, porque la muerte del hermano no se resuelve como causas y efecto. Sabemos qué vivió el hermano, qué relación tuvo con su hermana y con su madre, la manera en la que no pudo desarrollar su homosexualidad, pero nada de todo esto conduce necesariamente al suicidio.

La pausible primera novela de Elena Mesa, editada por Tránsito, aborda una situación dramática con una ternura y delicadeza que sostienen toda la narración.

Sé morir
Elena Mesa
Editorial Tránsito
2025
152 páginas

Breviario del instante

breviario del instante

Cien textos de cien palabras y cien fotografías hechas con el móvil. El resultado: breviario del instante. Quizás una autobiografía mínima, 2.0 y en ¿segunda persona? Aquí están las huellas (en la arena) que dejan los viajes, el poso (u hollín) de las lecturas y el cansancio y el parejo gozo de las excursiones en la montaña. Palabras aventadas por el asombro, la perplejidad, y el extrañamiento. Para dar cuenta de lo efímero, como el pensamiento escurridizo o el lubricán que apenas dura unos segundos. Un poema no se termina nunca, solo se abandona, dejó dicho Valéry. El breviario, ídem.

Leyendo voy, leyendo vengo: 2025

2025 ha sido un año de lecturas moderadas, alrededor de 60 libros. Compruebo que gusto de volver a determinados escritores y escritoras, y seguir abundando en su obra. Así me pasa con Keum Suk Gendry-Kim (Mañana será otro día), Diego L. Monachelli (Las formas del olvido), Fernanda García Lao (La Teoría del tacto), Enrique Gallud Jardiel (Un liante entre los clásicos), Byun-Chul Han (No-cosas), Éric Vuillard (Conquistadores), Afonso Cruz (Évora), Juan Benet (El aire de un crimen), Pascal Quignard (Las sombras errantes) Luis Martínez de Mingo (Yo también viaje al fondo de la noche), Manuel Fernández Labrada (Gradus ad Parnassum), Jesús Montiel (Qué quieres ser de muerto), Paco Cerdà (Presentes), Fernando Clemot (La reina de las aguas), Adriana Bañares (Vacaciones), José Antonio Martínez Climent (El ángel del manzano. Cartas a Félix de Azúa), Javier Pastor (Lo absurdo), Basilio Baltasar (Crítica de la razón maquinal), José Ángel Cilleruelo (Taller de miniaturas), Luis Alfonso Iglesias (Manuel Bartolomé Cosío. El arte de educar) o Ramón Andrés (Los no llamados por su nombre. Matthias Grünewald, el pintor).

No obstante lo anterior, la nómina de nuevos escritores y escritoras sigue creciendo en mis preferencias lectoras. Los títulos leídos son: Los Nadie (Sergio Illescas, Mario-Paul Martínez, Eusebio Nsue, Gabriel Castillo, Shiroug Idris, Zainab Fasiki y Frank Xarate), Las vigilantes (Elvira Liceaga), La gran fractura americana (Cristina Olea), Remedio a la aceleración (Hartmut Rosa), Montaña (Óscar Gogorza), La invención del presente (Pierre Bergounioux), Teoría del gran infierno (Iván Humanes), El color y la herida (Rebeca García Nieto), El fantasma de John Jago (Wilkie Collins), El príncipe de Palagonia (Giovanni Macchia), Garravento, la garra al vento (Álvaro Cortina), Escenas de lenguaje (María Negroni), Toda persona: una defensa de la sanidad pública (Sergio Calleja), Archipiélago humano (Teju Cole y Fazal Sheikh, Lima, la sin lágrimas (César Antonio Molina), Praga (Manuel Vázquez Montalbán), Barbecho (David Sancho), ¿Por qué? La finalidad del universo (Philip Goff), Caja de juegos reunidos (Antonio F. Rodríguez), La península de las casas vacías (David Uclés), La casa de una escritora en Gales (Jan Morris), Miradas al románico de las Merindades (Esther López Sobrado), 15 (David Muñoz y Andrés G. Leiva), Café en la nieve (Matthew Dickman), Séneca, Sócrates y demás filósofos en la ópera (Wolfgang Molkow), Viejos y nuevos poemas (Ricarda Huch), El destino de la palabra (Adan Kovacsics), Viaje a Grecia (Mario Pratz) y La casa grande (Álvaro Cepeda).

Lo leído (las reseñas están disponibles en la web) se resume en un cajón de sastre de libros de géneros muy variados, tanto de poesía, cómics, ensayos filosóficos y científicos, biografías, ficción (relatos, novelas…), diarios de viajes y también bastante teatro, inédito hasta la fecha; obras publicadas por Ápeiron Ediciones: El esnob (Carl Sternheim), Hijos del pecado (Ludwig von Ficker), Marionetas (Arthur Schnitzler), Noche italiana (Ödon von Horvath), La isla (Hugo Wolf) y El fin de Sodoma (Herman Sudermann).

Y mañana acabaré el año y principiaré el 2026, de la mejor manera posible: leyendo las Memorias, apariencias y demasías de José Manuel Corredoira. Lo estoy gozando.

Salud y libros.