Archivo de la etiqueta: Literatura Española

Pablo D´Ors editorial anagrama

El amigo del desierto (Pablo D´Ors 2009)

Pablo D´Ors
Editorial Anagrama
2010
137 páginas

Pablo D´Ors era otro escritor que quería leer desde hacía tiempo. Me he iniciado en su mundo literario con su novela, más que recomendable, El amigo del desierto.

Su lectura no es una experiencia religiosa, pero casi. D´Ors reflexiona sobre la potencia del silencio y su madre, la soledad, y su capacidad transformadora. Ese silencio viene ligado al desierto, una relación que todos entendemos, ya que nos es fácil visualizar ese territorio de arena, calmo, casi infinito, donde nuestra mirada se pierde en el más allá sin distracción alguna.

Nuestro personaje, Pavel, vive en una ciudad, soltero y sin hijos. No está insatisfecho, pero la vida que lleva no le parece plena, lo suficientemente intensa y verdadera, quizás.

En la solapa del libro que hojea Pavel un fulano habla de los desiertos y decide contactar entonces con su asociación, Los amigos del desierto.

Ese momento supondrá un punto de inflexión en su existencia. No necesita Pavel caerse del caballo, para ver el mundo con otros ojos. A menudo, un viaje exterior, propicia, o secunda, a su vez un viaje interior y surge entonces la necesidad de no volver, de no anhelar nada, de olvidarse incluso de sí mismo, de despojarse de casi todo. Esto nos suena ¿verdad?. Algo parecido les dijo Jesús a sus apóstoles cuando los embaucó en su aventura. Afrontar la vida desprovisto de todo, sin afanes materiales. Ser así dueño de uno mismo y sentirse finalmente libre, sin ataduras, felices de ser.

Pablo D´Ors

Pero el libro no es religioso, sino espiritual. Incluso se puede ser religioso sin creer en Dios (esto lo dice el personaje), y ahí es donde D´Ors comienza a rascar, a juguetear, de forma deliciosa, con ideas y conceptos como la poética del vacío o de la nada, en cómo colmar el espíritu no a través de la adquisición de cosas, sino a través del despojamiento, de soltar lastre, de ir borrando las líneas y contornos de uno mismo, construyendo un muro de silencio con las palabras que ya no necesita, incluso renunciando a la propia grafía.

La prosa de D´Ors me ha enganchado por su sentido del humor, su fina ironía (a veces me hacía pensar que el autor nos estaba vacilando, tomando el pelo, con algunas reflexiones u observaciones que nos brinda Pavel, que me resultan hilarantes) su prosa limpia, magnética, inteligente, sugestiva, en la que aborda entre otros temas: el silencio, el vacío, la renuncia, la libertad, el ser humano involucionando hacia su estado más primario, que me resultan sumamente interesantes y atractivos y que en manos de D´Ors logra que su lectura se haya convertido en algo apasionante.

Próxima estación: Andanzas del impresor Zollinger (Anagrama, 2003)

Fernando Clemot Paralelo Sur ediciones 2008

Estancos del Chiado (Fernando Clemot 2008)

Fernando Clemot
2008
Paralelo Sur ediciones
200 páginas

Con Fernando Clemot he seguido el camino inverso. Leí primero sus novelas, El Golfo de los poetas y El libro de las maravillas, ambas muy recomendables, y ahora he leído su libro de relatos, considerado el mejor escrito en 2009 (ganó el Premio Setenil en 2009), y publicado por Paralelo Sur ediciones, titulado Estancos del Chiado..

El libro lo componen once relatos, clasificados en tres apartados: Mitologías, EL jardín de la memoria y Ocasos. Seguí la recomendación de Jordi Gol en el prólogo, con vistas a apreciar esa evolución hacia una literatura más compleja e introspectiva, en la escritura de Clemot.

Los relatos son de lo más variopinto, algunos son retazos personales, así el protagonista sufre porque le han practicado una fimosis siendo mocete, mientras quema las horas del verano matando cortapichas, en otro, Árbol de familia, seguirá la pista de su abuelo Jacinto, un picaflor que irá sembrando su semillita por el mundo en esos años convulsos, o nos iremos a Lisboa a los estancos del Chiado, donde como en el juego de la oca, de estanco en estanco, el protagonista irá libando el néctar dulce del deseo y la hiel, más tarde, de la culpa, o unas fotos, en Bautizos de primaveras pasdadas, que arrastran el fango del pasado, dejando limo en las pestañas y acíbar en el alma. Ahí es nada.

Otros relatos como Cazadores de ganado nos retrotraen a la I Guerra Mundial con un militar alemán resentido porque le asignan la vil misión de matar reses y pastores, una buena metáfora de lo que son todas las guerras: carne para la picadora.

En Un cuarenta y cinco de largo, lo que pinta mal acaba en sonrisa, en este paraíso de la picaresca, que fue, es y será siempre esta piel de toro.

En Terrazas de otoño, un caballero andante, o más bien caminante, que busca acomodo en una terraza, presume cortejo, mientras lee a Cesare Pavese y se queda en ascuas, cuando confunde cual molino con gigante, las briznas del deseo, con la evidencia del tocateja.

En Levante el peso de la culpa requiere una expiación y una explicación, dejarle al protagonista que nos cuente algo, y alivie así su pasado de una carga ignominiosa y lacerante.

Y los tres relatos que más me han gustado son: El príncipe del Vómero, donde el actor cómico Totò y un golpe de azar le permitirá a nuestro protagonista, en tierras itálicas, alcanzar su terrón de fama personal, única e intransferible.

En una Dame Sans merci, es Eça de Queiroz, quien se ve abrumado por esa irrealidad manifiestamente real, aturdido por la presencia de Cesario Verde, poeta, no tan notable como Eça, recobrado por Pessoa. Relato donde brilla con sustancia el desasosiego. Y finalmente Orgullosamente apasionado, donde unas cartas ajenas, le permiten al tabucchiano Pereira ser testigo mudo, de los afanes sexuales y epistolares del dictador Salazar.

Nos encontramos ante un puñado de historias bien escritas, unas más apasionantes que otras, capaces de evocar el pasado, en donde brilla el lirismo que caracteriza al autor, la elección de un léxico variado, con una prosa firme, serena, melancólica y proteica (que afianzará en las dos novelas después publicadas), que sustancia sus historias y que logra sugerir bastantes cosas en muchos de estos relatos, como me ha sucedido con Estancos del Chiado, pues no hace mucho, este verano, estuve por Lisboa, y a poco muero de sed, buscando un restaurante en la Rua Nova da Trindade, tras subir cientos de escaleras, porque un relato como este me permite bucear en el pasado, reciente o no, y lustrar así los recuerdos, hacerlos brillar, para que nuestra memoria y por ende nuestra vida, se esponje y afiance.

Fernando Clemot en Devaneos

Estancos del Chiado
El golfo de los poetas
El libro de las maravillas
Polaris

Eloy Tizón Editorial Anagrama 1992

Velocidad de los jardines (Eloy Tizón 1992)

Eloy Tizón
143 páginas
1992
Editorial Anagrama

Técnicas de iluminación es un magnífico libro de relatos de Eloy Tizón publicado el pasado año. En 1992 Tizón publicó con 28 años, otro libro de relatos, éste, Velocidad de los jardines. No sé la repercusión que tuvo entonces (entre la Expo y las olimpiadas), pero es un libro que hay que reivindicar y sobre todo leer.

Once relatos conforman la Velocidad de los jardines. Relatos variopintos y preciosos. Tizón desconcierta y apasiona al mismo el tiempo: hete ahí la alquimia. Sus relatos parecen estar al otro lado de la lente de un microscopio, a través de la cual, arrimamos la pupila para ver un mundo fragante, copioso, desconcertante y maravilloso, poblado de personajes singulares, donde los terrones de tiempo, nunca recuperado, se van espolvoreando, teñidos de algo parecido a la melancolía, y Tizón en cada relato obra el milagro, en unas pocas páginas, levanta un artefacto potente, inteligente, con unos puñados de palabras que cristalizan en el nucleo de las emociones, y así podemos perdernos de la mano de un viajante en la habitación de un hotel, en el aula 3ºB de un colegio, en un parque romano o en la mente de un personaje que viaja con la imaginación, y cada párrafo es fruta madura y jugosa, una ristra de frases para el recuerdo (bombillas mutiladas, hemorragias de serrín, el cielo iba cobrando el aspecto de una aguada presentada a concurso y rechazada, poseía esa piel descolorida y el dibujo de la cara era un triángulo cabeza abajo, rasgado por la boca muy escarlata y los ojos confiados y sin pintura, porque ahora sabemos que la única forma posible de morir sería la abolición de la memoria), porque Tizón aúna con brillantez el qué se cuenta, con el cómo, y el resultado es una lectura y relectura gozosa, un territorio fértil en el que uno desea perderse, porque este libro logra, lo que muy pocos consiguen, que es: evadirnos del mundo durante unas horas, darnos un respiro, amorrarnos a la literatura para beber de su pezón cálido hasta quedar ahítos, convencidos de que leer es una ganancia de tiempo.

Tizón, gracias.

Eloy Tizón en devaneos | Técnicas de iluminación

Legado en los huesos

Legado en los huesos (Dolores Redondo 2013)

Dolores Redondo
558 páginas
2013
Editorial Destino

Después de haber leído este verano, El guardián invisible, sentía curiosidad por la última novela, publicada la semana pasada, de Dolores Redondo titulada Legado en los huesos. Se trata de una trilogía, con lo que esto implica, para bien o para mal. De tal manera que Amaia Salazar sigue siendo la protagonista, secundada por sus competentes compañeros policías. Están presentes de nuevo, la madre de Amaia, sus hermanas, su esposo James y !ojo!, su retoño, Ibai.

A Amaia la dejábamos embarazada, tras un par de faltas. Las cincuenta primeras páginas me resultan plomizas. Amaia da a luz y aquello se convierte en un folletín. Afortunadamente, tengo paciencia y esperaba y deseaba que aquello mejorase y se encaminase hacia alguna parte. Deseo cumplido. Una vez que Amaia toma conciencia de que es una mala madre (o eso cree ella y deja de darle pecho a su chiquirritín), pero una polícia muy competente y dotada (no olvidemos que pasó por Quantico y allí aprendió latín y misa cantada), se afana entonces en resolver un caso que le tocará la fibra, e incluso los huesos.

Baztán es otro personaje más, y de peso. Como sucede en las novelas nórdicas donde bajo esa aparente perfección, tras esas postales de parajes nevados y casitas de madera humeantes ubicadas entre lagos que quitan el sentido, se esconden ríos de sangre y mentideros de odio, en Baztán pasa algo parecido. Es muy bonito, muy verde, muy frondoso, pero en invierno hace un frío de cojones, la oscuridad es más densa que en otros parajes y todas las leyendas, ciertas o no, parecen cristalizar en las pesadillas de Amaia para atormentarla, cebar su desazón y en definitiva, no dejarla en paz. Sigue leyendo