Archivo de la etiqueta: Literatura Española

Editorial Mondadori 2013

La hora violeta (Sergio del Molino 2013)

Sergio del Molino
2013
Editorial Mondadori
193 páginas

Hay ciertos libros que no acometo por su temática. La hora violeta, por sus hechuras luctuosas, era uno de ellos. Tenía prohibido leer nada hasta el día 27 del presente mes, pero me he saltado la prohibición a la torera, porque al ver este libro en una librería, comprarlo y ponerme a leerlo ha sido todo uno. La carne es débil y más cuando uno es adicto a la lectura.

Ya sabía de qué iba el libro de Sergio. Son muchos los escritores (Umbral, Piedad Bonnett…) que deciden plasmar en un papel lo que han sentido tras perder a un hijo. En La hora violeta Sergio del Molino afrenta la muerte de su hijo Pablo, tras dos años luchando contra una leucemia.

Entiendo que ante una tragedia así uno puede sumirse en la desesperación, devenir una farmacia ambulante, o sobreponerse a través de la escritura, dando rienda suelta a lo que uno lleva dentro, soltando así lastre, aliviando la pena, dándola forma, concretándola, para así poder digerirla.

Si las 193 páginas fueran un in crescendo dramático cuajado de dolor, la lectura sería insufrible. Consciente de esto, Sergio levanta a menudo el pie del acelerador, ofreciéndonos a nosotros, compungidos lectores, ciertos descansos, apeaderos, con los que rebajar la carga dramática. Además de estar al tanto de las pruebas médicas a las que Pablo se verá sometido, se nos describe cómo es la vida en el hospital, donde Sergio alaba la labor y vocación desmedida de médicas y enfermeras, lo que supone tener a un hijo enfermo de cáncer, de convertirse en clichés, figuritas del belén, tanto da, en padres sin hijos, ante una situación que dificilmente uno sabe manejar, porque nadie nos prepara para ello, y donde toca aprender y sufrir con cada día de hospital, con cada prueba médica, con cada dictamen, si bien, Sergio deja el relato semanas antes del fallecimiento, para retomarlo después, donde no faltan reflexiones sobre la profesión periodística, que Sergio ha ejercido y ejerce, sobre las canciones-refugios, los grupos rockeros uterinos (Leño, Barricada..), o sobre las similitudes entre el blues y el flamenco, y la ineludible mención a esa materia prima que son las lecturas de otros escritores (Umbral, Casavella, Levi..), en un presente tormentoso que vuelve al pasado, a los reparadores recuerdos de la infancia, de la adolescencia, hacia esa piel que ya mudó, en un homenaje a la familia, a la amistad..

A pesar de todo el dramatismo que sentimos como propio, Sergio del Molino, el muy puñetero, impregna el texto de párrafos que te llevan de la (son)risa al llanto en décimas de segundo y poco a poco, con una prosa limpia, nada impostada, va removiendo algo en nuestro interior, centrifugando nuestro ánimo, descolocando nuestras emociones, aflojando la espita de los lagrimales, hasta acabar el libro, con la mirada perdida, velada y vidriosa, sobre el techo blanco y agradecido también por muchas cosas, entre otras, haber leído un libro como éste y estar vivo para contarlo.

Sergio del Molino
Sergio del Molino

No he leído Mortal y Rosa. Lo haré. Lo hice. Ahora estoy preparado. También leeré a Francisco Casavella: le tengo ganas desde hace tiempo. Espero leer también Alabanza de Alberto Olmos, que se publicará el 24 de abril, La parte inventada de Rodrigo Fresán y La muerte de un instalador de Álvaro Enrigue, entre otros.

2013, Editorial Caballo de Troya

La visita (José González 2013)

José González
Editorial Caballo de Troya
2013
112 páginas

En la portada de esta muy buena novela del lucense José González (1981) vemos a una niña, buscando conchas en una playa. Es una portada luminosa, esperanzadora. El libro también lo es, aunque su argumento verse sobre los que están acabados, sobre los que se van.

El narrador es un joven que los fines de semana vuelve a su casa, a la habitación de su adolescencia, para pasar esas 48 horas con sus padres.

La familia no es algo enriquecido o reconstituido, tipo Los Serrano, donde reina la algarabía, la alegría y la soplapollez, no, la familia es otra cosa. Lo sabemos, porque todos tenemos (o soñamos) con una.

José González La visita 2013

La familia en sí mismo no es nada, más allá de una convención. El joven tiene un padre con sus peculiaridades y una madre que lo adora, y ambos progenitores que lo miman y protegen son rectas paralelas, que no se tocan, si no se buscan, y hay una hermana poco presente, y una abuela camino del más allá y un abuelo que quedará viudo, afincado en la soledad y hay dolor y desgarro y residencias y fármacos y mucho vacío y silencio y perros ovillados y árboles petrificados en su silencio y gaviotas desespinando las nubes y barro en los caminos, viento y lluvia y podría ir encadenando párrafos e ir líandome entre palabras, sin transmitir lo que quiero, que es, que La visita de José González me ha gustado un montón, que su lirismo me ha calado, que su historia me ha interesado, que sea o no lo que leemos, la vida de José González o una ficción, me ha llegado al alma, me ha emocionado; lo que este lucense ha logrado en poco más de cien páginas es tan luminoso, vívido, sólido e intenso como real.

Próxima estación | Niños en el tiempo (Ricardo Menéndez Salmón)

Juan Eduardo Zuñiga 2010 Galaxia Gutenberg relatos

Brillan monedas oxidadas (Juan Eduardo Zuñiga 2010)

Juan Eduardo Zuñiga
Galaxia Gutenberg
146 páginas
2010

Antes de aventurarme con La trilogía de la guerra Civil de Juan Eduardo Zuñiga, quería medirlo en la distancia corta del relato. Quince de ellos forman parte del libro Brillan monedas oxidadas.

La temática de los mismos es variopinta, si bien casi todos están anclados en el pasado, más o menos reciente. Lo que no encontramos en ningún momento son triunfadores, tampoco gente con suerte.

En el primero de ellos. El festín y la lluvia, un grupo de gente está reunido en un albergue mientras el río que los circunda crece con la sempiterna lluvia, mientras una chica joven quiere ser abrazada y mojada por la lluvia mientras el resto decide quedarse quietos, anclados física y mentalmente en su conservadurismo.

En Jazz Sesion, la música permite traer el pasado esclavista entre el ruido de los metales.

En Agonía bajo manto de oro, un joven descubre a través de una rendija en la madera del cuarto que tiene alquilado, como una anciana recibe regalos a cual más exquisito, si bien, su sed, no se calma, ni se sacia. No sabemos si aquello es real o fantasía. El joven a pesar de todo cae de una pieza sobre el catre, tras esa visión/alucinación.

En Has de cruzar la ciudad, una chica reparte pizzas a domicilio, por la noche, infestada ésta de peligros, reales o imaginarios, y de la mano de leyendas del pasado decide dejar que el céfiro lama su cuerpo mientras se cree Lady Godiva, a lomos de su motocicleta.

En La mujer del chalán, el protagonista de la historia, un tal Solano se enamora de una morisca y aquello no puede salir bien, porque parece que hay una ley física que impide la felicidad del hombre por todos los medios físicos o divinos.

En El campanero de San Sebastián, un pobre hombre decide deambular por el camino perdido, una vez deje el campanario, mientras en su cabeza repican el acoso del párroco y las canciones de una gitana. Todo resulta muy simbólico y angustiante.

En Conjuro de marzo, de nuevo está presente el mal fario, la mala suerte de un hombre, otro perdedor, a quien no le pagan por su trabajo y acaba ajusticiado.

En El molino de Santa Bárbara nos damos de bruces ante un amor que se torna de nuevo imposible, cuajado e imposibilitado por los celos, el amor libre y ajeno, desenfadado.

En Interminable noche de los miedos. la cosa va de eso, del miedo y de la desazón que sufren unos conversos que no quieren desvelar su identidad, sabedores de la suerte que correrían, al recibir la visita de una morisca, que los ha calado. Relato muy intenso.

En No llegará el sobrino de Praga, el sobrino es Kafka, que iba a ir a Madrid, pero muere de tuberculosis antes mientas su tío las pasa canutas hasta que se entera de tal fatal desenlace.

En Lejano amor soñado, constatamos brutalmente la imposibilidad de principiar una relación, con una poetista que decide dejar el libro de su vida inconcluso por decisión propia.

En El bastón de Lula Luzán vemos a una joven bacante manejando con soltura un bastón, que será la perdición de un Don Juan, celoso y encorajinado, tras ser puesto en evidencia por el sexo débil, para acabar sus días, picado como un toro en el flanco derecho, mordiendo el polvo de la nada en el albero-sanatario.

En París, última decisión, un poeta portugués, amigo de Pessoa, Mário de Sá-Carneiro decide quitarse la vida en un hotel de París, con 26 años, al verse solo sobre la faz de la tierra, desgarrado, sintiéndose como un paria, al no poder retener a su lado, a su gran amor.

Juan Eduardo Zuñiga
(El rostro de la sabiduría)

Juan Eduardo Zuñiga, se maneja hábilmente en los diálogos, necesita muy poco para montar una historia consistente, utiliza un lenguaje rico, sus personajes resultan próximos, pues son todos ellos perdedores, gente sin suerte, personas que deciden suicidarse, quienes no encuentran consuelo, amor o afecto, en las faldas ajenas, ni si quiera en las de la literatura, y todas las historias están impregnadas de pesimismo, de mal fario, de un hálito trágico, lo cual al lector puede llegar a apesadumbrar.

A pesar de que Juan Eduardo escriba como los ángeles que escriben bien, sus relatos no traspasan la epidermis (la mía) y se quedan ahí flotando, como las nubes negras: amenazantes, turbias, y pasajeras.

Pablo D´Ors Editorial anagrama  2003

Andanzas del impresor Zollinger (Pablo D´Ors 2003)

Pablo D´Ors
Editorial Anagrama
2003
150 páginas

Varias veces me he visto tentado por este libro, que ha reeditado Impedimenta, el año pasado. Finalmente me he leído el libro que publicaría Anagrama allá por 2003.

Habiendo leído ayer El amigo del desierto también de D´Ors, uno va reconociendo ciertos elementos comunes en ambas novelas, más allá de una extensión casi similar.

Estas andanzas del veinteañero Zollinger se llevan a cabo en un mundo utópico, donde no hay apenas maldad, o la única que Zollinger sufrirá será aquella que le obligue a dejar su pueblo, para vagar durante seis años y pico, hasta que finalmente complete el viaje circular que le devolverá al punto de partida.

El libro se estructura en seis apartados. El anhelo de Zollinger por ser impresor, su salida del pueblo y posterior trabajo como guardavía, más tarde como soldado, luego como ermitaño, después como zapatero y finalmente como impresor, viendo así cumplidos todos sus sueños.

Zollinger está lejos de ser un héroe, si bien, su forma de entender la vida lo hace especial. Donde otros se dejan arrollar y vencer por el tedio, la ira, la envidia (o cualquier otra pulsión humana), Zollinger, quizás por su corta edad, por su falta de maldad o bien porque le falta dos hervores, siempre saca algo positivo de todas las situaciones que vive. Así, será capaz de ser feliz ejerciendo de ferroviario (enamorado), de funcionario chupatintas estampado sellos, bajo un singular régimen castrense, remendando zapatos o abrazando árboles sinfónicos en medio de un bosque donde no entra la luz del día.

Las andanzas del impresor Zollinger, entretienen, divierten, provocan la risa y resultan un bálsamo para el espíritu por su buen rollito, su aliento mágico y por esa mirada esperanzada, que hacen de esta novelita una fábula fabulosa.

Pablo D´Ors

August razonaba para sí que al igual que frente a un impreso sucio y desaliñado el espíritu del lector se contrae y, sea por las tachaduras o por estar mal doblado, tienden las manos a soltarlo lo antes posible, a todos gustan, por el contrario, los impresos limpios y presentables; parece que ante ellos el espíritu se ensancha, e inicia uno la lectura de los mismos con otra predisposición; con los documentos bien compuestos y pulcros se siente uno orgulloso de la condición humana. (página 101)

No se pueden manejar expedientes impunemente. Son demasiado abstractos. (página 97)

Pablo D´Ors | El amigo del desierto