2025 ha sido un año de lecturas moderadas, alrededor de 60 libros. Compruebo que gusto de volver a determinados escritores y escritoras, y seguir abundando en su obra. Así me pasa con Keum Suk Gendry-Kim (Mañana será otro día), Diego L. Monachelli (Las formas del olvido), Fernanda García Lao (La Teoría del tacto), Enrique Gallud Jardiel (Un liante entre los clásicos), Byun-Chul Han (No-cosas), Éric Vuillard (Conquistadores), Afonso Cruz (Évora), Juan Benet (El aire de un crimen), Pascal Quignard (Las sombras errantes) Luis Martínez de Mingo (Yo también viaje al fondo de la noche), Manuel Fernández Labrada (Gradus ad Parnassum), Jesús Montiel (Qué quieres ser de muerto), Paco Cerdà (Presentes), Fernando Clemot (La reina de las aguas), Adriana Bañares (Vacaciones), José Antonio Martínez Climent (El ángel del manzano. Cartas a Félix de Azúa), Javier Pastor (Lo absurdo), Basilio Baltasar (Crítica de la razón maquinal), José Ángel Cilleruelo (Taller de miniaturas), Luis Alfonso Iglesias (Manuel Bartolomé Cosío. El arte de educar) o Ramón Andrés (Los no llamados por su nombre. Matthias Grünewald, el pintor).
No obstante lo anterior, la nómina de nuevos escritores y escritoras sigue creciendo en mis preferencias lectoras. Los títulos leídos son: Los Nadie (Sergio Illescas, Mario-Paul Martínez, Eusebio Nsue, Gabriel Castillo, Shiroug Idris, Zainab Fasiki y Frank Xarate), Las vigilantes (Elvira Liceaga), La gran fractura americana (Cristina Olea), Remedio a la aceleración (Hartmut Rosa), Montaña (Óscar Gogorza), La invención del presente (Pierre Bergounioux), Teoría del gran infierno (Iván Humanes), El color y la herida (Rebeca García Nieto), El fantasma de John Jago (Wilkie Collins), El príncipe de Palagonia (Giovanni Macchia), Garravento, la garra al vento (Álvaro Cortina), Escenas de lenguaje (María Negroni), Toda persona: una defensa de la sanidad pública (Sergio Calleja), Archipiélago humano (Teju Cole y Fazal Sheikh, Lima, la sin lágrimas (César Antonio Molina), Praga (Manuel Vázquez Montalbán), Barbecho (David Sancho), ¿Por qué? La finalidad del universo (Philip Goff), Caja de juegos reunidos (Antonio F. Rodríguez), La península de las casas vacías (David Uclés), La casa de una escritora en Gales (Jan Morris), Miradas al románico de las Merindades (Esther López Sobrado), 15 (David Muñoz y Andrés G. Leiva), Café en la nieve (Matthew Dickman), Séneca, Sócrates y demás filósofos en la ópera (Wolfgang Molkow), Viejos y nuevos poemas (Ricarda Huch), El destino de la palabra (Adan Kovacsics), Viaje a Grecia (Mario Pratz) y La casa grande (Álvaro Cepeda).
Lo leído (las reseñas están disponibles en la web) se resume en un cajón de sastre de libros de géneros muy variados, tanto de poesía, cómics, ensayos filosóficos y científicos, biografías, ficción (relatos, novelas…), diarios de viajes y también bastante teatro, inédito hasta la fecha; obras publicadas por Ápeiron Ediciones: El esnob (Carl Sternheim), Hijos del pecado (Ludwig von Ficker), Marionetas (Arthur Schnitzler), Noche italiana (Ödon von Horvath), La isla (Hugo Wolf) y El fin de Sodoma (Herman Sudermann).
Y mañana acabaré el año y principiaré el 2026, de la mejor manera posible: leyendo las Memorias, apariencias y demasías de José Manuel Corredoira. Lo estoy gozando.
Salud y libros.


