Archivo de la categoría: reseña

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Mozart, camino de Praga (Eduard Mörike)

Existía una edición anterior publicada por Galaxia Gutenberg con traducción de Rosa Sala. Alba editorial la publicó más tarde con traducción de Miguel Sáenz, acompañando la breve novela de Eduard Mörike con la traducción (por vez primera en castellano) de los poemas de Mörike (considerado el poeta alemán más grande después de Goethe) que sería musicados (Mórike-Lieder) por Hugo Wolf (en el blog hay una recensión sobre su figura).

La novela nos sitúa en 1787. Mozart va camino de Praga, en donde se estrenará su Don Giovanni (en el blog hay un comentario al Don Juan Tenorio de Zorrilla). Mozart coge una naranja del árbol y como si hubiera echado mano de la fruta que lo expulsará del Jardín del Edén, recibirá las reprimendas de los empleados de la casa. Luego, resuelto el malentendido, sabedores de quien es el desconocido, convertido en invitado, hará noche junto a su mujer, Konstance, en la casa de sus solícitos anfitriones y la escena será la manifestación de la alegría y el buen humor reinante, entre comidas y bebidas, Mozart dará muestra de su genio creador, alejado de la Corte y sus requisitorias, y mediante las anécdotas que sobre él se vierten, el lector podrá hacerse una ligera idea de la personalidad de Mozart.

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Fausto (Roberto Vivero)

Fausto
Roberto Vivero
Ápeiron ediciones
82 paginas

¿Otro Fausto más, el de Roberto Vivero, a añadir a la ya larga lista de Faustos (el de Goethe, Thomas Mann, Christopher Marlowe, u obras como sichel)? Detalle este que no se obvia, al contrario, porque todos esos libros previos conforman el mapa que ha de recorrer el Forastero que invoca a Fausto para que le ayude en un cometido.

El texto es un diálogo entre los dos que reviste el formato Socrático, ya que Fausto pregunta y el Forastero responde como puede. Piensa, le dice Fausto, que no está para darle explicaciones. Y es en ese pensar cuando el Forastero irá dando forma a sus pensamientos, a su cometido, incluso a su identidad si capaz de llevar a cabo la oportuna transformación. Para conocer a Fausto hay que ser Fausto, y pensar en él constantemente. Pensar en él no como un qué, sino en alguien. Y hay que pensarlo desde el principio. Y leer también todo lo que sobre el mismo -personaje histórico convertido en mito- se ha escrito.

El Forastero debe crear su propio Fausto a la luz de su tiempo histórico. Y pensar también si Fausto es posible hoy, cuando no cree en Dios, cuando no sufre ninguna escisión interna, ni crisis ni tragedia, cuando el amor ha dejado ya de ser algo “místico”. El mapa del que hablamos al comienzo, sería por tanto el de un lugar que ya no existe. ¿Entonces contra qué iría Fausto? El ídolo aquí sería la cultura y su secuaz: la educación.

Leo: eso que se dice cultura es, en buena parte, una transmisión de errores, dice Fausto. Quieren la obra, no la creación. Y la quieren para parasitar de ella. Lo que hacen es el parasitismo. Y mientras tanto, tienen de qué vivir, afirma el Forastero.

Finalizo con otra sentencia de Fausto que invita a la reflexión: La cultura se opone con toda su rabia a la creación.

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Los libros que devoraron a mi padre (Alfonso Cruz)

Este libro de Afonso Cruz es un homenaje a la lectura. El título ya dice bastante. Al leer, sentimos encontrarnos delante de flores carnívoras que nos devoran para desaparecer durante unas horas en el interior de los libros, que pasan a formar parte de nosotros para siempre.

El protagonista es Elías, un niño que con doce años pierde a su padre. En ese momento le es permitido acceder al ático, en donde se encuentra la biblioteca paterna. Inicia entonces un camino sin retorno, porque los lectores sabemos que una lectura siempre nos conducirá a otra, un autor al siguiente.
Y todo se inicia con La isla del doctor Moreau. Luego vendrá La isla del tesoro, El extraño caso del doctor Jekyll y mister hyde, Crimen y castigo, El barón rampante, Cuento de Navidad, Rebelión en la granja, Fahrenheit 451, Planilandia, la Divina Comedia

Un recorrido lector que he seguido en su mayoría, de ahí que entienda el gozo del joven Elías, el cual quiere leer lo mismo que leyó su padre, para así seguir sus pisadas y poder encontrarlo.
Afonso dedica el libro a sus hijos, y creo que es un libro muy disfrutable tanto para los adultos como para los más jóvenes.

Leo: Porque un hombre está hecho de esas historias, no de ADN ni de músculos ni de huesos. Sino de historias.

Y yo creo en ello.

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Literatura hecha pedazos (Roberto Vivero)

Literatura hecha pedazos
Roberto Vivero
Ediciones Oblicuas
2016
80 páginas

Literatura hecha pedazos que deja hecho trizas al lector. Texto compuesto de cinco fragmentos: La primera vez, Retratos, planeta piedra, La vida en epítome y Los límites.

De igual manera que descuidamos la magia del alfabeto, convertimos a menudo la lectura en un automatismo, y así se nos pasa por alto qué hay detrás de las palabras, qué procesos mentales y asociaciones llevamos a cabo para que la lectura sea una actividad mental que nos resulte ineludible y ardua, en esta ocasión, porque Roberto Vivero no parece empeñado en ofrecer entretenimiento (al uso) al lector, algo que hoy se ha convertido en el Santo Grial de la escritura.

La primera vez es un texto que parece ir en consonancia con Las fieras o con Crítica del barrio chino. La primera vez que probé el semen fue de boca de mi madre. Así se principia el libro que hará que algunos se vayan corriendo, pero en dirección contraria a lo leído. Pero no, no hay que huir, hay que fajarse, avanzar y hundirse, porque el texto aquí es un reto, capaz de poner a prueba la paciencia del lector, que irá sin guía de viaje ni gps, y tan solo le secundará la expectativa de una escritura poco corriente. Esa primera vez (son 51 primeras veces en total) siempre la asociamos con follar, pero aquí el texto da más opciones además de follar (la primera vez que follé y no me follaron entendí a mi madre), como la primera vez que odié, o me enamoré, o fumé, o cerré los ojos, o tuve dinero, o que escribí (la primera vez que escribí me escurrí por los renglones de mis corchetes y costuras y vanos y entretelas y las letras fluían hasta hacerme padecer de claridad y fue la última vez que escribí porque todo era ceguera y yo veía una tras otra las letras que desconsolaban la cándida enfermedad de mi ser). Sigue leyendo