Archivo del Autor: Francisco Hermoso de Mendoza

Évora

Évora (Afonso Cruz)

Visitando el Alentejo, en la ciudad de Évora, coincidió que en la plaza en donde se encuentra el Templo de Diana había unos puestos con libros, dado que se celebraba durante esos días la Feria del Libro. Vi este libro de Afonso Cruz, un autor del que me gusta lo que llevo leído suyo y de paso con la lectura pensé que conocería algo mejor la ciudad de Évora. Es un libro bilingüe, en inglés y portugués. Un libro muy breve. Los textos de Afonso no superan las veinte páginas; textos que van acompañados por las fotos tomadas con una Leica, de Libório Manuel Silva.

Un libro que pertenece a la Colección Portugal, conformada por catorce títulos, sobre distintas ciudades como Lisboa, Sintra, Braga, Setubal.

Cuenta Afonso que hace unos años decidió dejar la ciudad y venir al campo, así recaló en el Alentejo en Évora. Al jardín público de la ciudad acudía cuando sus hijos eran pequeños. Una ciudad cuya distancia del mar, al contrario que a otros muchos, no le resultaba par nada asfixiante. El libro va de recuerdos. Uno es cuando quiso ser cartujo, idea que en seguida borró de su mente. Para no olvidar que somos mortales y que tempus fugit, Afonso nos sitúa en la Capilla de los huesos, que tiene tal nombre porque está revestida por más de cinco mil huesos. En lo alimenticio Afonso si ha de elegir un plato será la sopa de beldroegas (no sé como se traduce al castellano). No puede faltar la mención al Templo de Diana, que debería llamarse Templo de Augusto, ya que se construyó para honrarlo. Y a las afueras de Évora, vestigios del pasado, con la presencia de un cromlech en Dos Almendres. Mención también para los cielos alentejanos, óptimos por la calidad e sus cielos estrellados y como colofón una reivindicación de la Naturaleza. Y no podía faltar ¿quién? Correcto: Thoreau. Y otras citas de corte naturalista de Hellen Keller y Alice Walker.

Un libro de viajes muy particular, que bebe de los recuerdos para nutrirse de lo biográfico y acabar recordando el autor a su abuela, muy apegada al terruño alentejano, a su tierra.

Yo también viaje al fin de la noche

Yo también viajé al fin de la noche (Luis Martínez de Mingo)

El título de la novela es una paráfrasis de la de Céline (Viaje al fin de la noche). Aquí el fin de la noche es la guerra civil y la posguerra. El protagonista principal es El Innombrable.

A resultas del bombardeo de Guernika, donde los alemanes pudieron probar sin miramiento alguno sus máquinas de matar áreas, El Innombrable y su familia acaban en Logroño, tras su paso previo por el campo de concentración de Argelès-sur-Mer. Y me resulta curioso que transcurriendo buena parte de la novela en la ciudad de provincias de Logroño, no se haga constar esto en la contracubierta. Un Logroño que aquí se radiografía bien por parte del autor de la novela, Luis Martínez de Mingo (Logroño, 1948), no solo por la presencia de espacios físicos como La Posada de las Ánimas (hoy hotel Marqués de Vallejo), el Espolón o las Gaunas, sino también por la descripción del paisanaje, del entramado humano de la posguerra en la ciudad de Logroño.

La novela plantea un aspecto totalizador y en esto se asemeja a La península de la casas vacías de Uclés. Aquí también los personajes están en todas partes y por eso el lector va conociendo los episodios más infaustos, no solo de la guerra civil, sino también de la posguerra, a cuenta de los represaliados, aquellos que se apuntaron en la División Azul con la idea de quitarse el uniforme y quedarse con los rusos, los presos (entre ellos aparece Miguel Hernández) que malvivieron (muchos murieron) durante años en condiciones inhumanas realizando trabajos forzados, ya sea construyendo el Embalse González-Lacasa, también conocido como Pantano de Ortigosa, en campos de concentración como el de Miranda de Ebro (el más longevo de España: entre 1937 y 1947), o en el caso de los homosexuales destinados a la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, en la isla de Fuerteventura, y en uso entre 1954 y 1966. Sin olvidar los 300000 niños y niñas que fueron robados a las madres republicanas para ser entregados a familias católicas del Régimen. O los abusos sexuales de los curas y monjas hacia los niños y niñas a su cuidado. O aquellos que como topos vivieron a la sombra, en espacios mínimos, hasta mediados los sesenta.

Vemos cómo el oro de España salió para Rusia y para Francia, a cambio de ubicar a los exiliados Españoles en playas cercadas con alambre; abandonados al frío, la lluvia, el hambre y a toda clase de enfermedades. O cómo el wolframio, abundante en España, fue muy apreciado por Hitler, para fortalecer sus tanques. O cómo la Iglesia Católica hizo sistemáticamente la vista mórbida en la observancia del quinto mandamiento; mandamientos que eran mera palabrería. Un quinto mandamiento que decía «No matarás«. También cómo los americanos se olvidaron de nosotros, y no pudimos desgraciadamente tener una república como tuvieron los Franceses después de la caída de Mussolini y Hitler.

Todo estas historias irán surgiendo en la novela con muy buen pulso narrativo a través del narrador omnisciente, o bien de la mano del Diario del Innombrable, que nos permitirá saber qué supuso para él su viaje al fin de la noche. Un viaje que fue más bien un exilio interior, como el de tantos, que vieron cómo toda su juventud y la mayor parte de su vida adulta se consumía en una cárcel, en un Régimen que los asfixiaba y dejaba huecos, sabiéndose vencidos y sintiéndose humillados, llenos asimismo de resentimiento y desesperanza.

Se menta varías veces el libro del médico Antonio Vallejo-Nájera, Eugenesia de la Hispanidad; texto en el que daba las claves para erradicar el gen rojo.

Después de casi cuarenta años de dictadura y adoctrinamiento el gen rojo no fue erradicado, porque en 1982, siete años después de que muriera Franco, el Partido Socialista Obrero Español obtuvo diez millones de votos (casi el 50% de los votos totales), el doble de votos que Alianza Popular.

Yo también viaje al fin de la noche
Luis Martínez de Mingo
Editorial Renacimiento
2025
255 páginas

Ruta verde del Valle de la Lengua. De Nájera a San Millán de la Cogolla.

camino de la lengua

La Ruta Verde del Valle de la lengua enlaza Nájera con San Millán de la Cogolla, la cuna del castellano, de ahí el nombre de la ruta. El camino sigue en gran medida el trazado del Camino Real de Nájera a San Millán de la Cogolla, utilizado por los reyes de Nájera y su corte para trasladarse hasta el monasterio emilianense para realizar sus oraciones. Así reza la información de cartel oficial. El camino es nombrado como PR LR 1.

Al no ser una vía verde el trazado no es tan llano, y el perfil de la ruta ofrece considerables desniveles, como los que nos encontraremos a la salida de Nájera, siguiendo el curso del Camino de Santiago, a medida que nos vayamos adentrando en un pinar que quedará a nuestra izquierda.

Curiosa me resultó la inscripción en francés en una roca. Planter des arbres. Imperativo que se entiende, porque uno tiene la sensación de ir caminando o bicicleteando por un secarral. Un kilómetro y medio después se deja el Camino de Santiago para encaminarse hacia Badarán. El trazado discurre por asfalto, por una carretera muy venida a menos, con continuos socavones y por la que circulan tractores y coches. Badarán estaba en fiestas y varias personas andaban con unos churros en el regazo. Fue una buena idea hacer una breve parada para dar cuenta de una docena larga de churros, ventilados al alimón con R.

Poco más adelante la bicicleta hubo de acometer una pista de cemento muy empinada y más tarde un prolongado camino de tierra entre viñedos, bien surtidos de agua por las cañerías de los lindes. En nuestro discurrir por el valle del Cárdenas, al fondo se verán los perfiles majestuosos de Los Pancrudos y de El San Lorenzo.

La ruta PR LR está bien señalizada, pero hay que prestar atención en alguna curva para no encaminarte por el camino que no es. En todo caso, si te equivocas, en seguida verás la cruz (en aspa) que indica que el camino no es el correcto y que hay que regresar al camino que va señalizado con dos pequeños guiones horizontes (los propios de los PR o pequeños recorridos); el blanco arriba y el amarillo debajo.

Antes de llegar a San Millán se atraviesa Berceo (un par de kilómetros antes hay un pequeño riachuelo que conviene, no tratar de vadear, sobre todo en bicicleta, y cruzar por la pasarela), dejando la imponente iglesia a la derecha y finalmente la estampa del Monasterio de San Millán (Patrimonio de la Humanidad desde 1997), no puede ser más acogedora, a pesar de las obras en curso en la torre de Yuso.

Hijos del pecado

Hijos del pecado (Ludwig von Ficker)

Hijos del pecado, editada por Ápeiron Ediciones, con traducción de Roberto Vivero, es una obra de teatro escrita por Ludwig von Ficker en 1900.

Consta de dos actos. Es un drama que evidencia lo complicado que a menudo resulta dejar el pasado atrás, porque cuando menos te lo esperas este regresa. Así le sucederá a la joven Margreth, la cual vive en la casa con Dorner, un secretario de actas jubilado y Phillip, sobrino de Dorner, con el que Margreth mantiene una relación. Phillip está a las puertas de aprobar un examen que le permitirá manumitirse de su tío y obtener ingresos. Asimismo Dorner, ya jubilado, ha de lidiar con los desmanes del hijo del rector, un tal Felix, un cantamañanas, al tiempo que decide aventurarse en la escritura con un texto titulado Memorias de un actuario.

Philip está enfermo sin que Margreth alcance a saber la gravedad de la enfermedad de su amado. La cuestión de fondo en el drama es el tema del honor. Así se explicita en el título: Hijos del pecado, aquellos seres que vienen al mundo después de que sus madres hayan perdido el honor y sin que se tenga ya fuerzas suficientes para limpiarlo.

Un honor que como el deber vincula, en palabras de Philip. Aquí la honra solo se aplica a las mujeres y Margreth tiene algo que esconder, que tarde o temprano acabará saliendo a la luz, de tal manera que en las apenas 70 páginas en las que se desarrolla la obra, Ficker logre un magnífico resultado a medida que va creciendo la tensión en la obra y todo se precipita hacia un final que parece resultar irremediable.

Obra que sirve para cuestionar la moral masculina vigente a comienzos del siglo XX en Austria, y esa honra que trae de cabeza a los personajes, honra mancillada, por la que se es capaz tanto de matar como de dejarse morir.

Hijos del pecado
Ludwig von Ficker
Traducción de Roberto Vivero
Ápeiron Ediciones
2025
65 páginas