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Soria es una provincia limítrofe con La Rioja, a la que se accede tras cruzar el túnel de Piqueras. El recorrido nos llevó por los pueblos de Almazán, Morón de Almazán, Monteagudo de las Vicarías, Santa María de Huerta, Rello, Medinaceli, Berlanga de Duero, Burgo de Osma, San Esteban de Gormaz, para luego descender a tierras segovianas, al encuentro de Ayllón, Riaza, Pedraza y Segovia. Al regresar hacia Soria visitamos Calatañazor.
Tanto Soria como Segovia nos hizo disfrutar de pueblos preciosos, de una gastronomía (torreznos, recetas elaboradas con boletus como la tapa micológica, o la sopa castellana y el consabido cochinillo asado en Segovia, sin olvidarnos de un detalle para los más lamerones, hablo de los chocorreznos) para quitarse el sombrero, vimos fortalezas y castillos, monasterios cistercienses, arcos romanos. Y como fue en Semana Santa, tuvimos ocasión de ver también dos procesiones en la ciudad de Soria.

Almazán

Morón de Almazán

Monteagudo de las Vicarías

Monteagudo de las Vicarías

Monteagudo de las Vicarías

Santa María de Huerta


Medinaceli

Medinaceli

Medinaceli

Rello

Berlanga de Duero

Torreznos

Sopa castellana

Burgo de Osma

Ayllón

Riaza

Pedraza

Pilón

Segovia

Segovia

Segovia

Segovia

Calatañazor

Calatañazor y chocorreznos

Antonio Machado entregado a lectura

Procesión de Semana Santa en Soria










Que fuese lunes y temprana la hora, creo que mucho tuvo que ver con la posibilidad que se nos brindó de visitar Saint-Émilion sin apenas más turistas que nosotros. Un pueblo precioso a media hora larga de Burdeos. El protagonista absoluto el vino.
Partiendo de Reinosa y tomando la carretera que dirige hacia la estación de esquí de Alto Campoo, superado Entrambasaguas, podemos dejar el coche en el margen izquierdo de la carretera, después de un trayecto de 20 minutos.
A la altura de lo que se conoce como El Henar. Allí surge una pista forestal que después de aproximadamente unos cincuenta minutos de agradable caminata nos deja en las Cascada de Cirezos. Siguiendo la pista, en un momento determinado veremos una bifurcación, hemos de tomar entonces el camino que va hacia la derecha (desechando el camino que por la izquierda desciende), no obstante, está indicado con unas señalizaciones en madera. En nuestro caminar veremos vacas, caballos y perros. A nuestros oídos llegará la melodía de los campanos, el arrullar voluptuoso del río que oiremos a nuestra izquierda, al fondo y que poco a poco irá a nuestro encuentro a medida que vayamos ascendiendo. Una vez llegamos a un pequeño puente sabremos que hemos llegado a la Cascada de Cirezos. El agua estaba que cortaba pero eso no impidió un baño tan refrescante como breve. Y calentarse luego, como un lagarto al sol, sobre una gran piedra.






Después del baño seguimos la carretera hasta la estación de Alto Campoo, buscando el punto más alto al que era posible acceder en coche. Allí está la inscripción del Pico Tres Mares (en cuyo pico y de sus tres vertientes nacen tres ríos los cuales irán a desembocar uno al Cantábrico otro al Atlántico y otro al Mediterráneo) y más arriba la cruz. La gasa de niebla frente a los ojos nos hurtó la visión de los Picos de Europa.



