Archivo de la categoría: anagrama

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La cucaracha (Ian McEwan)

Pocas cosas son capaces de provocarnos tanto asco como una cucaracha; la que vemos en la portada de la última novela de Ian McEwan, con traducción de Antonio-Prometeo Moya Valle. Cucaracha convertida en humano (metamorfosis en reversa), para portar nada menos que la osamenta del primer ministro británico. Lo terrorífico acaba aquí, para dar paso a la sátira, o cuando menos al humor con altibajos.

A McEwan parece que le urgía escribir sobre el brexit y optó por el humor. En esta novelita breve, de poco más de 100 páginas, el autor apenas causa destrozos, porque el efecto de su lectura es nulo, más allá de ser capaz de provocarnos alguna risotada.
McEwan a grandes rasgos trata de caricaturizar el lodazal político de los mandamases (británicos, americanos), los tejemanejes periodísticos, las mentiras fabricadas, el pensamiento plasmado en un puñado de tuits, planteando el plantón del Reino Unido a la Unión Europea a través del brexit, aquí bajo la piel de un sistema económico basado en el reversionismo, ocurrencia que consistiría en tener que pagar por trabajar y en recibir dinero al comprar.

Una sucesión de ocurrencias me ha parecido esta cucaracha de McEwan.

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Gordo de feria (Esther García Llovet)

Gordo de feria
Esther García Llovet
Anagrama
160 páginas
Año de publicación: 2021

Gordo de feria es la quinta novela que leo de Esther García Llovet, también con la que más me he reído, tanto que si algún día escribiera una novela creo que el chascarrillo de las burbujas de la tónica aparecería fijo.
Una novela breve, como es norma de la casa. Unas cuantas secuencias como en un cómic, y un humor absurdo, tan absurdo que me parecía estar leyendo a Eduardo Mendoza, pero aquí la historia se desarrolla en Madrid, en sus calles, en sus barrios, en sus chinos y lo interesante es la mirada de Esther, sacando punta a todas las situaciones. El personaje humorista, que se topa con su doble, a partir de ahí el delirio, hilaridad sosteniendo el relato, las ocurrencias de la autora, muy capaces de arrancar una sonrisa tras otra. Me quedo con eso, con ese humor tan eficaz, tan saludable, trascendiendo el tópico hasta el tópico, exagerando en sus comentarios sobre los hipsters, los jóvenes, los gitanos, los chinos, haciendo caricaturas con la escritura, pero sobre un poso de verdad, de agudeza, de una mirada y una inteligencia afilada.
Bien por Esther.

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Hermanos de alma (David Diop)

La novela Hermanos de alma del escritor David Diop (París, 1966; el mismo apellido que el de Assane, el protagonista de la famosa serie de Netflix Lupin), con traducción de Rubén Martín Giráldez, nos sitúa en las trincheras de la primera guerra mundial. En Senegal, colonia francesa hasta 1958, Francia recluta soldados en tierras africanas, y de un pueblecito llamado Gandiol, enviará al frente a luchar contra los alemanes a dos hombres muy jóvenes: Mademba y Alfa. Dos amigos que se consideran hermanos de alma, espíritus permutables. La novela comienza con la muerte de Mademba, que cuando está agonizando suplica a Alfa que lo mate. Lo hace por tres veces y las tres veces Alfa se niega. Esta acción o negación, atormentará a Alfa en el futuro. Las escaramuzas entre las trincheras me recuerdan a lo leído en el libro de Scurati, M. El hijo del siglo, en lo tocante al proceder de los arditi o aquellos otros soldados que como sombras despachaban a sus enemigos en Elástico de sombra de Juan Cárdenas. Alfa hace algo parecido cuando abandona la trinchera, cruza hasta la línea enemiga, y mata a su desprevenido enemigo llevándose como trofeo las manos de los ejecutados. Luego el autor nos lleva a Gandiol, donde Alfa, antes de ir al frente de batalla tendrá la gran suerte de disfrutar del sexo, del placer de apurar un cuerpo ajeno.
La prosa de David Diop se nos ofrece machacona, con un aire bernhardiano, como aquel pensamiento recurrente y obsesivo.
Una muestra más de la barbarie de la guerra. Aquí la primera guerra mundial. Los peones como Alfa, como Mademba, desplazándose por el tablero, derramando su sangre y la ajena, entre blanca/os y negra/os.

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La hija única (Guadalupe Nettel)

La hija única
Guadalupe Nettel
Anagrama
Año de publicación: 2020
238 páginas

La hija única es una espléndida novela de Guadalupe Nettel en la que aborda el tema de la maternidad. Y lo hace no con el discurso de maternidad sí, maternidad no. Su novela es mucho más compleja y menos reduccionista que las simplificaciones binarias tan estériles. La narración se sustrae además a los lugares comunes, los subrayados, y ofrece el matiz, la precisión.

Su protagonista afincada en Ciudad de Méjico es Laura, la narradora, la cual tiene muy claro que no quiere ser madre.

Durante años traté de convencer a mis amigas de que reproducirse constituía un error irreparable. Les decía que un hijo, por tierno y dulce que fuera en sus buenos momentos, siempre representaria un límite a su libertad, un peso económico, para no hablar del desgaste físico y emocional que ocasionan: nueves meses de embarazo, otros seis o más de lactancia, desveladas frecuentes durante la niñez, y luego una angustia constante a lo largo de su adolescencia. «Además, la sociedad está diseñada para que seamos nosotras, y no los hombres, quienes se encarguen de cuidar a los hijos, y eso implica muchas veces sacrificar la carrera, las actividades solitarias, el erotismo y en ocasiones la pareja», les explicaba con vehemencia. «¿Vale realmente la pena?»

Su amiga Alina es del mismo parecer, hasta que un día queda embarazada. Acerca de la hija que va en camino le informan todos los facultativos que nacerá para morir, aquejada de un problema cerebral. Paradójico alumbramiento el de Inés. La vida o la naturaleza, es terca, empecinada y a veces desbarata los planes, los infaustos también. Marlene, la mujer que aparece en escena para ayudar en los cuidados a la niña ofrece otro ángulo más desde el que enfocar la maternidad, más allá de la biología.

A Laura la situación de su amiga le serviría para reforzar sus convicciones, pero el corazón, afortunadamente, muchas veces también va a su bola y la vida dispone para Laura momentos que nunca imaginaría para sí: velando de sus vecinos, un niño y su madre (Doris), ambos en el fango de una ausencia y una memoria malditas tras la muerte del padre-marido.

El amor es proteico y no precisa de argumentos, es una fuerza inexplicable y arrolladora la que une y separa a las hijas de las madres, a Laura de la suya, a Doris de su retoño, a Alina de Inés, a Marlene de su hija putativa, cada una viviendo y experimentándose en el amor al otro, la fatiga, la depresión, la frustración, el cúmulo de renuncias y sacrificios que la maternidad supone a las mujeres, a su manera, porque la habilidad de la autora en esta novela, por la que fluye una electricidad que da corriente, y doy fe que convulsiona (fruto de una emoción exaltada) al lector, es hacer ver con una gran sensibilidad, inteligencia y sabiduría, ese nudo de sentimientos que atenazan, no ya solo la maternidad, el habitat de una pareja con hija, los feroces apegos filiales, sino la vida misma, esa que se revuelve y nos encorajina, ocupa y preocupa, una vida convertida en un gran cajón de sastre, que deseamos controlar y queremos tener atada, cuando el correr de los años nos entera de que es precisamente su impredicibilidad en donde radica todo su sentido, si hubiera que buscarle alguno.