Vacaciones en Laredo Cantabria (1ª parte)

Escrito por Chufo el 12 de February de 2007 en Humor, Viajar

Laredo la ciudad de la fiesta y el despiporreINTRODUCCIÓN

Esta historia es un batiburrillo de vivencias y sueños sufridos en primera persona del subjuntivo, en unas vacaciones no accidentales y absurdas en la bella ciudad costera de Laredo (Cantabria), en los veranos del 98 y 99.

LO QUE NO ES INTRODUCCIÓN

Soñando con pasar unos días a la fresca en alguna casa rural, sita encima de una colada basáltica en Castelfollit de la roca, para finalmente y por minoría absoluta irnos a Cantabria. Pero no para visitar la comarca de la Liébana, el nacimiento del Ebro (en Fontibre) comer unas pantortillas en Reinosa, o ver los canecillos eróticos de Cervatos, nada de eso.

Los requisitos a cumplir eran : arena, sol, mar y bares. Nos fuimos a Laredo. Para darle un toque cultural a esto, decir que a los cantabros se les denomina “los de las peñas”. La raíz iliria cant (peña) y del sufijo abr, que denota procedencia, deriva este apelativo.

Íbamos unos cuantos. Nos enumeramos y sumamos como media docena larga. Pillamos el bus de Alsa que se conoce esas carreteras como nadie y en un plis plas nos presentamos en Laredo. Uno del grupo fue en bici y llegó bien, un poco cansado, pero luego se relajó nadando un par de veces hasta el peñón, al ir a braza y al regresar a mariposa.

La suerte estaba de nuestro lado y pillamos plaza para todos en un camping

“Costa Esmeralda” se llamaba, porque ahora es historia y en su lugar se aburren las malezas esperando a un constructor que le pegue una buena cimentada.

Tras tomar el sol, vuelta y vuelta , cómo las sardinas que tan ricas preparan en el puerto, y expansionarnos en esa inmensa playa que tiene la ciudad, nos pertrechamos de algo de gasofa para el motor, necesitado de alcohol de alta graduación para empinarse por esas calles que conducen a la plaza del bebercio y el fornicio.

Y el camping fue un fiesta.

Nos ubicaron en el sitio de lujo, le llamaban la zona vip.
Entre piedras y arena más reseca que la mojama, instalamos las tiendas, bajo las atentas miradas de unas paisanas de Valladolid curtidas en mil botellas, que estaban en la edad del pato, y acabaron cogiéndonos el martillo y clavándonos las puntas. Sin sacrificio no hay recompensa. Nosotros correspondimos a nuestra manera cantando aquello de :

¡!Pucela , pucela, pucelaaaaaa, pucelaaaa. Pucelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.¡!!
Hasta que a uno se le irritó la garganta y para no complicar las cosas lo mandamos a hacer gárgaras.

Antes de salir de fiestuqui, había que poner a punto la máquina, para que luego no se calase al meter la primera. (Ni las que pudieran venir después).

Menos mal que en el DIA encontramos un tal Albini, que si bien no sabía como el Martíni , debían ser de la misma familia, pues se daban el mismo aire y era bastante mas barato.

Con nuestro himno partisano de:

¡!! Avanti Popolo , avanti popolo, bandiera rossa, bandiera rossa, vinacho tintoo., vinacho tintoooooooo
Albini bianco, albini biancooooooooooo ¡! A uno siempre le han gustado los idiomas, sobre todo la lengua italiana, fuimos poniendo en sobreaviso a los del camping de lo que se les venía encima.

!!Que contar de la gente que en el camping campaba!! . Había un poco de todo, como en botica.

Los alemanes, uno de 28 pulgadas y otro mas chaparro de 25, a los que llamamos telefunken por su cabeza cuadrada y su frente plana, tramitaban el día paseando y animando al Ulrich, ese tordo que subía las cuestas en bicicleta sin despeinarse.
Las respectivas no eran el prototipo de alemanas, y no es que no les gustasen las salchichas, que se las comían con el cordel de ensartar y todo, es que no tenían esa figura de tanque panzer tan habitual por las Germanias.

Para paseos, la pompita, una joven a la cual lo primero que vio el médico cuando hubo de traerla a este mundo fue su ojo y todo lo que lo rodeaba.
Ahora en donde la espalda pierde su nombre habita una pompa. !! Ojo !! A simpática no le ganaba nadie.

Una pareja que de hecho lo era, de Valladolid, no salían del camping para nada. A el, lo identificamos como Rocco, como homenaje a ese gran actor italiano que se vacía en todas y cada una de las películas que aco-mete. Era un profesional y antes de que la luna alcanzase su cenit , por motivos de seguridad, vaciaba todo el cargador de su pistola en ella, sin dar un solo gatillazo, mientras ella pensaba que se moriría con tanto amor.
No se la veía especialmente feliz, la procesión y todo lo demás iba por dentro.

Tres jovenas de Valladolid plantaron su tienda al lado de la nuestra. Pasadas unas horas de charla dejaron de hablar . ¿Por que?. Ahí va!!. Se les había acabado la conversación. Para estos casos se inventaron las cartas, el futbol y las revistas del corazón. Hablamos con ellas y pasados unos minutos, silencio nuevamente. A nosotros se nos había acabado la conversación con ellas. Era mejor no seguir hablando para no hacer aún mas pesada la digestión.

Pasamos un rato boca arriba, jugando a levantarle la falda a las estrellas, hasta que el sol se fue calentando y con las mejillas confitadas nos fuimos al mar, a bañarnos en salitre.

…. CONTINUARÁ

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