Microdevaneos (Francisco H. González)

1 Leyó un libro en el que se ofrecía la idea, que es certeza, de que venimos a este mundo con un número de latidos en nuestro haber y que cuando el contador llega a cero se acabó. Fin. Fundido en negro. Es una idea mortificante que aviva tanto como desconcierta. Con la cabeza apoyada en la almohada, ahora, de noche cerrada, como el indio esperando la llegada del tren con el galpón auditivo sobre la tierra cuarteada, como un ave de paso más, sitúa la mano derecha en el corazón, lo siente latir, la vida anida y se difunde en su interior, de momento, pero sin desfibriladores a la vista le ronda, cerca y asedia la pregunta de cuándo llegará el final, su final, cuándo el último latido, cuándo el contador a cero. A su indeterminado momento, por supuesto, pero no estará entonces para describirlo. La muerte, eso tan ajeno.

2 Casi cada día es una separación. Amigos, familiares, conocidos. Amor cada vez más líquido que hace aguas. Al salir hoy de la panadería una mujer mayor, muy mayor situada frente a otro señor tan vetusto como ella, le ponía la gorra centrándosela en la cabeza. Y lo hacía con esmero, con cariño, con ternura. Mirándolo a los ojos, hablándole con los dedos. Quizás todavía hoy siga él bebiendo los vientos por ella y viceversa. No lo sé, el caso es que la escena me produjo un escalofrío que me recorrió el espinazo con una especie de alegría enervante.

3 Cuánto falta Un rato dormíos Pon Megastar No entra Pues el bluetooth Se acopla con Radio Clásica esperaos a que pasemos La Pedraja Vale Me he mudado a problemas y he querido ser feliz allí Pon el aire Me da todo el sol en la cara Dormíos Yo ya no quiero vencer sino estar convencido Deja el móvil que te vas a marear Que la vida es corta mucho más corta que tu minifalda Tratad de dormíos Toda la noche perreé con la mano en la pared Joder otro camión puto puente Llegará diciembre sigues en mi mente fueron seis meses y por fin volveré a verte Dormíos Yo quiero estar borracho viviendo mi vida pero a tu lado bebiendo tequila de cualquier vaso rompiendo la fila si tú te vas Esta nacional parece una comarcal no puede haber más baches Ojo resalto Mi sobredosis siempre serán tus piernas que beben del metal que hay en tus venas Duermen Sí Si me muero de calor dime por qué coño tiemblo Voy a coger postura Se c’è, come voi dite, un Dio nell’infinito Guardatevi nel cuore, l’ avete già tradito En la rotonda coja la segunda salida Cinco esquinitas tendrá siempre mi cama cuatro macarras de barrio me la guardan y la custodian a punta de bardeo […] Voy a hacer un tambor de mis escrotos Dónde estamos Cerca Si se te olvidan las bragas en mis últimos jardines te regalo una biznaga de jazmines Pon Megastar Buena siesta eh Pon Megastar Aquí no se coge Ale poneos las botas que ya estamos.

4 Lo llamamos genocida del tiempo, a él, un nini que dilapida las horas sin miramientos, haciendo punto de cruz con los minutos, siempre ausente, y si le preguntas qué tal, te dirá con fina ironia Aquí estoy, haciendo tiempo, como siempre fui: impertérrito, perfecto, simple.

5 Zweig se aburría tanto en Petrópolis que un día en una tienducha compró un libro que recogía 150 jugadas maestras de ajedrez y en sus manos aquello se transformaría en Novela de ajedrez que finalizó días antes de suicidarse junto a Lotte que entonces tenía tan solo 34 años. Ay el amor, la locura y sus anzuelos y la pesca de arrastre. Al leer ahora Jaque al heredero de Vivero creo que aquí el impulso no atiende al aburrimiento sino al afán creador (del que Zweig a su vez fue tan bien provisto) convirtiendo el tablero de ajedrez en un espejo en el que se ve reflejada la naturaleza real de cada jugador, sin máscaras ni veladuras, una suerte de polígrafo infalible.

6 Yo no escribo, yo solo corrijo dijo aquel humoroso escritor y se quedó tan a gusto. Hay quien afirma también que más importante que escribir es podar, corregir, incluso entender la escritura como lo que no se ve, al menos en un principio, como una cimentación, un proyecto a largo plazo, una inversión sin intereses anuales. Entonces olvidemos el mapa literario plagado de eucaliptos y encomendémonos a los bambúes japoneses, a Tavares como pendón –nosotros sus cofrades-, escribiendo y dejando reposar lo escrito, macerando, fermentando en un cajón, siete años o los que sean menester, para luego sí, airear entonces lo escrito, podar, injertar y en el mejor de los casos que vea la luz pública y experimente su particular fotosíntesis. Si tenían la intuición de que la literatura era un proceso natural ahora ya les asiste la certeza.

7 Me gustas cuando callas porque estás como ausente ~ Pablo Neruda

Leyendo Historia del silencio de Alain Corbin pensaba que el silencio está sobrevalorado. Recordaba unos versos de Bolaño que dicen así:

Escribiendo con mi hijo en las rodillas.
Escribiendo hasta que cae la noche
con un estruendo de los mil demonios.
Los demonios que han de llevarme al infierno,
pero escribiendo

Ya lo ven: hijos, estruendo, pero Roberto dale que te pego, escribiendo sin parar, sin nada que lo frene, el ruido tampoco. Bolaño es pura roca.

Corbin en su ensayo se centra en todos aquellos que necesitan silencio para crear y así lo alaban sin mesura. Y pensaba entonces en una poemita de Bukowski que reza así:

Sabes, yo tenía una familia, un trabajo, algo
siempre estaba
en el medio
pero ahora
vendí mi casa, encontré este
lugar, un estudio amplio,
deberías ver el espacio y la luz.

Por primera vez en mi vida voy a tener el lugar
y el tiempo para
crear

No, nene, si vas a crear
vas a crear trabajando
16 horas por día en una mina de carbón
o
vas a crear en una piecita con tres chicos
mientras estás
desocupado,
vas a crear aunque te falte parte de tu mente y de
tu cuerpo, vas a crear ciego, mutilado, loco,
vas a crear con un gato trepando por tu
espalda mientras
la ciudad entera tiembla en terremotos,
bombardeos, inundaciones y fuego.

Nene, aire, luz, tiempo y espacio
no tienen nada que ver con esto
y no crean nada
excepto quizás una vida más larga para encontrar
nuevas excusas
.

Lo que Bukowski dice bien es que aunque el mundo se caiga a pedazos el escritor seguirá escribiendo y el ruido, antes y después, está claro que será el menor de sus problemas. No podemos dejar de lado a Arlt. Lean si les place su prólogo a Los lanzallamas donde suelta perlas engastadas como la presente:

Escribí siempre en redacciones estrepitosas, acosado por la obligación de la columna cotidiana.
Digo esto para estimular a los principiantes en la vocación, a quienes siempre les interesa el procedimiento técnico del novelista. Cuando se tiene algo que decir, se escribe en cualquier parte. Sobre una bobina de papel o en un cuarto infernal. Dios o el Diablo están junto a uno dictándole inefables palabras.

Hay escritores que necesitan ruido a su alrededor para escribir y pienso en Enrique Jardiel Poncela, a quien en la portada de la biografía que escribió Enrique Gallud – Jardiel, la sonrisa inteligente- lo vemos en un bar escribiendo sobre una mesa de mármol, porque según dijo Poncela para él era el mejor sitio para escribir. Entiendo que esto no solo le pasará a Jardiel y que otros muchos escritores compartirán esto.

Pienso en Fermor que precisaba su tiempo y espacio recluido temporalmente en monasterios como refería en Un tiempo para callar, en Rilke, que se fue a un castillo donde pensaría que las musas le pasarían a diario un plumerito por las neuronas y se tuvo que marchar de aquel paraje bucólico y pastoril a la carrera porque allá cerca había una serrería cuya actividad lo sacaba de quicio. Ejem. Ejem.

Y volviendo al libro de Corbin, dice: En Walden, buscar el silencio apenas tiene sentido: está en todas partes. Corbin se refiere a Thoreau que en estas zambras múticas es cita insoslayable. Walden no estaba donde Cristo dio las tres voces sino bien próxima a la civilización. Thoreau sabía que lo suyo era un experimento que podía ir a dormir a casa y visitar a sus amigos cuando le viniese en gana, y le venía con frecuencia, y en cuanto al silencio, un apunte: muy cerca de donde él tenía su aposento pasaba la línea de ferrocarril que iba a Boston. Thoreau escuchaba por tanto el silbido del tren aunque al contrario que Rilke éste no se dio a la fuga y pechó 24 meses. Y como colofón toca ahora hablar del espacio. Leyendo a Kafka me encuentro esto:

Creí que me era indiferente la situación del aspecto de un cuarto. Pero no es así. Sin unas vistas más bien despejadas, sin la posibilidad de contemplar desde la ventana un amplio espacio de cielo y, es un decir, una torre en la lejanía -si fuera campo abierto lo que se ve, tanto mejor- sin todo esto soy un ser mísero y oprimido; desde luego soy incapaz de especificar cuál es la parte que, dentro de ese desdichado estado de ánimo, es imputable al alojamiento, pero no puede ser pequeña.

8 Me avisa Tinder de que tengo cinco cópulas pendientes y cuatro mamadas perdidas.

9 Microfilípica de Unamuno a los escritores más vendidos:

(Os) venderéis pero no convenceréis.

10 Perdió la cuenta de los calderos que sacó. A contraluz ve hilillos que cuelgan de las paredes, raíces enanas de un árbol sosteniendo un edificio. La mirada saturada de ocre. El río desmadrado, inermes ante su quehacer inflamado, ya en retirada; un aviso, tras otro, predicando en el desierto ante apóstoles de la ceguera. !Beatus Ibre, impetuoso Híjar! la que habéis liado en vuestro afluir. Cauces irrisorios ahora Jordanes. Los camiones de mudanzas toman las calles, reponiendo enseres a los que les llegó la hora demasiado pronto, engalanando la avenida con lo esencial y lo superfluo. Tráfago de colchones, electrodomésticos, palos de fregona y humanos agotados.

11 Leyendo las Estampas rusas, el álbum de Turgueniev de Moisés Mori me entero de que la extensión de la palabra nihilista se debe a la novela Padres e Hijos (1862) de Turgueniev. A través de ella, el término se popularizó y difundió por Rusia y en el resto de Europa.

12 Dicen los Extremoduro que se separan. Busco y rebusco un cedé suyo que compré allá por el año 93, antes de la mayoría de edad. Escupo semen y más semen. Ese es mi Iniesta. Y así sin darme cuenta mientras escucho y recuerdo veo que se abre un claro entre las nubes y vuelvo a ver el sol y me pregunto aún cegado por la luz (apenas queda nada de aquel mozo de New Jersey, valga la digresión), dónde están mis amigos. Encerrados -en sus casas- con motivos: tabletas, hijos, portátiles, parejas, móviles, el puto Netflix, etcétera.

13 Camino vamos del selfiexitus.

14 Deambular por determinadas librerías es para el bibliófilo una actividad mortificante. Un horizonte plagado de libros que uno desearía leer, achicado ante la falta de tiempo y dinero necesario para adquirir todo aquel aluvión de ejemplares apetecibles. En auxilio del mismo llegan, en ocasiones, las bibliotecas públicas. Así caerá en mis manos un libro deseado, Una cierta idea de mundo, de Baricco. El título es sugerente. No es un ensayo filosófico, sino un mundo libresco, habitado por cincuenta libros que Baricco ha leído y cuya lectura recomienda. Ante un libro como este se abren dos caminos. Leer para contrastar tu opinión sobre el libro de marras con el juicio de Baricco o, en el caso de no haber leído los libros que propone Baricco, que sus reseñas actúen entonces como un acicate, animando al lector a su lectura. Se da la segunda circunstancia, porque salvo el Discurso del método, Anatomía del instante y 2666 no recuerdo haber leído ninguno de los títulos propuestos por Baricco. Tanto los clásicos: Dickens, Ambrose Bierce, Stefan Zweig, Faulkner, Rebecca West, Lampedusa, Kawabata, Curzio Malaparte, Truman Capote o Richard Brautigan, Heródoto, Descartes… como los actuales: McEwan, Coetzee, Bolaño, Cercas, Dave Eggers, Bill Bryson, Elisabeth Strout. No son reseñas al uso, a Baricco le importa poco el argumento de las novelas. En el caso de Bolaño lo interesante, más allá de encarecer la fluidez en la prosa de Roberto, es el tema de la traducción. Baricco leyó a Bolaño en italiano, hubo de esperar por tanto a que este libro se tradujera, a medida que sus expectativas crecían desmesuradamente al calor de los muchos elogios hacia la obra. Otros pudimos leer a Bolaño mucho antes, pero yo lo leí, y lo disfruté en toda su extensión, no hace mucho. Dice Baricco que leyendo a autores vivos lo que experimentó leyendo a Bolaño solo lo ha experimentado con DFW. Son autores vivos que ya están muertos, muertos recientes, uno con 46, el otro con 50 años. A Baricco todos estos libros le deslumbraron. La lectura de estas “reseñas” a mí ha dejado frío. Prefiero otros ensayos de Baricco como The Game, que se convertirá, si no lo es ya, en un libro de referencia para entender la modernidad digital, los orígenes y los futuros escenarios.

15 Entre legañas y cuando el lubrican aún es una quimera leo apareamiento Gran Vía en donde pone aparcamiento Gran Vía. Servidumbres de una mirada lúbrica.

16 A quién salvaría, se preguntaba a menudo, al hombre o al perro. Un día tuvo la oportunidad de salir de dudas y decidió escuchar la voz de su conciencia antes de actuar. He dicho voz, pero lo que bramaba en su interior, justo antes de entrar en la casa en llamas, era algo más parecido a un ladrido.

17 Como acólito de Bove acometo la lectura de Un Raskólnikov. En la página 30 (un 30%) aún no sabemos de la muerte de nadie. La apuesta de Bove es interesante, los mimbres que maneja, el manejo de personajes literarios archiconocidos, le abre un montón de caminos, que serán solo eso, pura potencia.

18 Lo dramático es llegar a las manos y seguir hasta el corazón.

19 El universo musical demuestra su fertilidad fiscal: cada día más tributos.

20 Hubo un tiempo pandémico en el que lavarse las manos suponía salvar vidas.

21 Se me cae Rewind de las manos en la página 36. Lo que el viento no releyó.

22 Observa desde la ventana el león dormido ajeno a todo y experimenta una envidia estéril. Ayer a las ocho de la noche sonaron las palmas, la performance sonora, como viene siendo habitual estos últimos días y también hubo un juego de luces que lamían las fachadas del patio interior, ante una algarabía necesitada de manifestarse, de palparse a través del ruido, enmarcados los circunstantes en sus ventanas. Anida la cautela, rasguña el miedo. La ciudadanía pasa ahora de ser atrezzo a protagonizar aquellas películas apocalípticas que veíamos adormilados, varados en el sofá, entre palomitas y cervezas. Un escenario en el que no haya comida en los supermercados, ver colapsarse el sistema sanitario, caer en el hoyo de la violencia desatada, la impotencia, el instinto de supervivencia dispuesto a machacarlo todo y a todos.

23 Un cuento de Antonio Pereira, con un librero, un suicida, un libro subrayado: “Quien por dejaciones sucesivas ha descuidado matarse se hace a sí mismo el efecto de un jubilado del suicidio”. Lo intuyen, ¿verdad?. Un tal Cioran.

24 En la serie Once Upon a Time un personaje clave en sus siete temporadas es Rumplestiltskin. Echo mano de Los Cuentos de los hermanos Grimm tal y como nunca te fueron contados, según la primera edición de 1812 -la versión de los cuentos antes de su reelaboración literaria y moralizante- editados por La Oficina, edición y traducción a cargo de Helena Cortés Gabaudan. En el cuento a Rumplestiltskin lo traducen como Zanquilicojuelo (el enano saltarín). No se hace mención al ser oscuro en el que se convertirá en la serie, pero este es lo suficientemente malo como para hacer un trato con una mujer, la hija del molinero, por el que Zanquilicojuelo se quedará con el primer hijo que ésta tenga a cambio de ofrecerle su magia, capaz de convertir la paja en oro y obtener así su salvación y un matrimonio. El cuento se resuelve felizmente para la hija de la molinera, en la serie Cora.

25 El mundo de la lectura está plagado de casualidades. Fue un libro de Pierre Michon el que me puso en la pista de otro de William Faulkner, !Absalón Absalón¡. Leyendo el ameno ensayo de Joan-Carles Mèlich, La sabiduría de lo incierto, aparece Jorge Semprún, contando que fue en el campo de concentración de Buchenwald donde leyó ¡Absalón Absalón! de Faulkner en su versión alemana, un Faulkner que influiría luego en su forma de escribir. Parece que existe un aliento vital que expelen algunos autores que se transmite de generación en generación, de libro en libro, de lector en lector; todos cautivos en una tela de araña espacial y temporal.

26 En España la gente tira huevos desde los balcones al que pisa la calle o se desgañita llamando a esos desalmados cualquier cosa menos bonitos y sin atender a razones. Qué sucederá en los Estados Unidos cuando tomen posición los francotiradores y se dispongan a comenzar el juego, en su particular realidad virtual, letal, es la pregunta que me ronda.