Cioran y su misoginia

En los ensayos de Cioran recogidos en el volumen Soledad y destino, en la página 364, me encuentro con el ensayo titulado El pecado de la voz humana. Al leerlo me pregunto de qué sirve tanta inteligencia, tanta cultura, tanta sagacidad, tanta filosofía, para acabar diciendo semejantes barbaridades, que al leerlas provocan náuseas. Cioran lo escribió con 27 años. ¿Pecados de juventud? ¿Inconsciencia? ¿Ganas de llamar la atención recurriendo al insulto? ¿Simple sinceridad? No lo sé, el ensayo recoge párrafos como estos:

Cuando una mujer habla -cuando simplemente habla- puede hacernos creer que no es una sirvienta. La melancolía graciosa de su mirada envuelve todo lo que dice en una poesía insignificante que sin embargo no puede dejarnos indiferentes. En cuanto empieza a cantar -y todas las mujeres cantan mal-, su talante de sirvienta le traiciona. Si los hombres fueran más sinceros y menos interesados, !cuántas veces no tendrían que ofrecerles una escoba en lugar de flores! Conozco pocos ejemplos de trivialidad qué superen el de la alegría femenina. Cuando las horas de meditación nocturna o de indiferencia soñadora estallan en la calle o en los hoteles las carcajadas de una mujer, tenemos la impresión de que violan la divinidad del silencio y se fijan en el fondo de la quietud en razón de quién sabe qué vergüenza cósmica. La vulgaridad que emana la mujer parece así no perderse nunca, quedar inscrita en la memoria secreta de la naturaleza. En el fondo, Dios debería haber sido mas compasivo con ellas, no hables otorgado la voz y el habla, pues sólo sin palabras habrían podido expresar todo lo que no son. Entonces nos hubieran resultado completamente extrañas -no sólo inicialmente-, y habríamos podido añadir a su nada todos los ornamentos de nuestra generosa infelicidad.

4 pensamientos en “Cioran y su misoginia

  1. Squirrel

    Si hubiera que recopilar todas las barbaridades que los “grandes” hombres han dicho contra las mujeres, ocuparían varios volúmenes . Siempre me he preguntado de dónde parte ese odio y ese desprecio, y nunca he encontrado respuesta.

  2. hoeman

    La explicación más sencilla es resentimiento por haber sido rechazado. No obstante, hay que objetar que expresa su punto de vista (¿de hombre resentido?) y que un texto de cariz similar o prácticamente idéntico se podría escribir sobre los hombres. En caso de que se expresase así contra mujeres y hombres, creo, no se trataría tanto de misoginia como de misantropía, es decir: misoginia más misandria.

  3. Francisco H. González

    Hola hoeman, gracias por el comentario. Sí, Cioran aquí se despacha agusto no solo contra las mujeres, también contra los viejos, la inteligencia, la cultura, animado por un espíritu barbárico que parece anhelar el apocalipsis. Odia a todos y a todas, puede ser. Aquí salva a Maeterlinck, Eliade, a Santa Teresa de Ávila o de Jesús y a Unamuno.
    Sobre estos escritos de juventud, escritos en los años 30, a Cioran se le ve modelando su estilo. No hay el menor atisbo de humor como aflorará en los años 70 y 80, como bien nos hace saber Eugenio en este artículo muy recomendable:
    https://auladefilosofia.net/2007/05/11/emile-cioran-el-ocaso-del-pensamiento/

  4. Francisco H. González

    Hola Squirrel yo tampoco le encuentro respuesta, ni al odio ni al desprecio ni al ninguneo. Siempre ha habido y habrá, desgraciadamente, “grandes” hombres resentidos. Allá ellos, con su amargura, inquina y frustración.

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