Los Estados Unidos avivan el odio violando los derechos humanos
Escrito por El achicador el 20 de Noviembre de 2006 en Actualidad, DevaneosEn el periódico El País, el domingo 19 de noviembre venía un artículo espeluznante sobre las vejaciones sufridas por Lahcen Ikassrien, marroquí residente en España, que ha pasado cinco años detenido hasta que finalmente lo han puesto en libertad, previo paso por la base de Guantánamo.
El error de Lahcen, si se puede considerar como tal, fue desplazarse a Afganistan en 2001. Quería conocer el régimen talibán, quería vivir como los auténticos musulmanes dice. Cuando se encontraba en Kunduz los aviones americanos atacaron y salió huyendo en un camión. Fue interceptado por las fuerzas de Dostum y enviado a la prisión de Qila-i-Jhangi. En la prisión se produjo una rebelión de mercenarios extranjeros talibanes. Resultado: 600 muertos. Lahcen sobrevivió.
A los sobrevivientes los llevaron a la prisión de Mazar-i-Sharif. Durante cinco días no comieron nada. Supo entonces Lahcen que los hombres de Dostum lo habían vendido a los americanos por 75.000 dólares. Se trataba de un terrorista importante le dijeron los de Dostum a los americanos.
De allí, los americanos se lo llevaron al aereopuerto de Kandahar, donde lo apalearon durante un mes (enero 2002). Le quemaron con cigarrillos en las piernas, le pegaron culetazos de pistola en la cabeza, y le decían una y otra vez que no tenía derecho a vivir.
El 6 de febrero Lahcen fue trasladado a Guántanamo. El viaje en avión lo hizo él y otros como él atado con cadenas en los pies y en las manos, y tardó 6 meses en saber que estaban en una base militar americana en Cuba. Había perdido 23 kilos y firmó un papel para que le amputaran un brazo grangenado, que salvó gracias a un voluntario de la Cruz Roja que lo sanó.
En el hospital de Guantánamo pasó tres meses sentado en una silla de tijera atado de pies y manos. En mayo Lahcen recibe una visita de una delegación española. Le enseñaron fotos de gente que él no conocía. Cuando los españoles se fueron, los americanos comenzaron a tratarle aún peor.
Lo trasladaron al Campo Delta. Su hogar era un contenedor de chapa de metro y medio de ancho por dos de largo, con lavabo y cama sin colchón. Allí lo interrogaban: le echaban spray en la cara, le ponían de rodillas con las manos en la cabeza, y le ataban de pies y manos. Luego le dejaban horas solo. Ponían ventiladores para que se congelase.
A comienzos de 2003 los españoles lo visitaron de nuevo. Le pusieron una cinta, y el negó que esa voz fuera la suya. Le ofrecieron entonces ser un testigo protegido, a cambio de dinero, trabajo y casa. Dijo que sí, si le dejaban hablar con su madre. El quiso decirle a su madre donde se encontraban. Se negaron. No hubo trato y los españoles se largaron.
Vinieron los americanos y lo apalearon. Lo desnudaron y lo echaron a un contenedor con ratas. Tres días estuvo solo, sin comida ni agua.
Despúes del 11-M volvieron los españoles. Zapatero había anunciado el regreso de las tropas españolas de Irak.
Lahcen terminó su estancia en Guantánamo en Camp Five en julio de 2004, tras entrevistarse con un psiquiatra que debió pensar que Lahcen había perdido la chaveta tra esta conversación:
- ¿Duermes bien, qué piensas durante la noche?
- Veo caballos caminar bajo la tierra.
-¿hablas con ellos?.
- Sí, todas las noches
-¿ En qué idioma?
- En el de las hormigas.
Una noche, en la enfermería le hicieron una revisión y le leyeron un documento en árabe, que decía que el Gobierno Americano no tenía nada contra él, pero que si se le relacionaba con Al Qaeda tenían derecho a llevarle de nuevo a Guántamo. Lahcen no lo firmó.
El 18 de julio de 2005 llegó a Torrejon de Ardoz. Tras varios juicios ha sido puesto en libertad. Ahora no tiene papeles, ni trabajo, ni familia (se separó de su mujer).
La historia de Lahcen pone los pelos de punta e indigna a partes iguales. Si ya hay quien necesita poco para demostrar su ardor belicoso y prenderse fuego a lo bonzo o inmolarse en pos de una guerra santa, para aquellos más tibios, como puede ser el caso de Lahcen hechos como este: vejaciones, torturas, humillaciones, degradación absoluta, durante tres años, ser tratado peor que un animal, es motivo más que suficiente creo yo para que el odio germine en su interior y trate de que la gente que le ha hecho tanto daño pague por ello.
La guerra preventiva que mantiene Estados Unidos, pasando olímpicamente de los derechos humanos, reteniendo a la gente sin pruebas en Guantánamo, sometiéndolos a torturas y humillaciones ante la pasividad de todos los países se demuestra un fracaso. Lo único que consiguen con esa actitud y esas conductas es avivar la llama del odio, hacer más grande su causa (la de los terroristas) y posicionarse en el punto de mira de sus próximos atentados. Tanta prepotencia al final acaba pasando factura.
Si en lugar de tratarse de un marroquí, esto le hubiera ocurrido a una americano en alguna cárcel asiática, seguro que escribía un libro, que luego se llevaría a la gran pantalla, y el sujeto en cuestión se forraría. En este caso, Lahcen solo puede contar su historia.
¿Pero puede pedir Lahcen una indemnización por el maltrato psíquico y físico sufrido?. Los americanos creerán que lo que han hecho, con conductas en las antípodas de cualquier trato humano, es lo que tenían que hacer, coger a un árabe por banda y llevarlo al borde la muerte durante tres años, para luego, finalmente sin prueba ni cargo alguno dejarlo en libertad. ¿No sienten vergüenza, o el mínimo pudor, las tropas americanas destinadas a Guántanamo cuando llevan acabo actos tan atroces como los que cometen? ¿Tan cegados por el odio y la sinrazón están?. ¿Tan convencidos están de que así conseguirán acabar con el terrorismo o evitar atentados como el del 11-M?.
Leyendo noticias como la de los cinco soldados americanos destinados en Irak, que aburridos en el cuartel, decidieron como pasatiempo, violar, matar y prender fuego a una familia iraquí, ya me creo todo.
