Fumar o no fumar he ahí la cuestión
Escrito por El achicador el 3 de November de 2006 en Devaneos, Medio AmbienteLos políticos nos demuestran día sí y al otro tan bien que solo atienden a sus propios intereses partidistas. Sale uno hablando de la unidad de España, de que ésta, se resquebraja con los nacionalismos y luego el Estado publica una ley, como la del “tabaco” y según que comunidades autónomas, hacen caso omiso de la misma, para sacar sus propios decretos en los que reinterpretan la ley estatal, adaptándola se supone a su propio marco geográfico.
El otro día la Comunidad de Madrid mediante su Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid apobó un decreto que desarrolla la Ley Antitabaco del Ministerio de Sanidad. El reglamento permite fumar en los bares y cafeterías de los centros de trabajo, en los reservados de restaurantes durante celebraciones privadas y en actos institucionales. Sanidad ha dicho que recurrirá el decreto. Debe hacerlo, además la ley le amparo, ya se sabe que un reglamento no puede contradecir a una ley como es el caso.
¿A quién beneficia las medidas que ha adoptado la comunidad de Madrid?. Unos dirán que a los ciudadanos que así tendrán libertad para fumar en más sitios sin que nadie les condene por su derecho a llenar el espacio que todos compartimos, del humo de sus cigarrillos. Los más beneficiados claro está son los que dedican a la hostelería y restauración que veían peligrar parte de sus ingresos con la Ley Estatal y que ahora se frotaran las manos viendo que no tendrán que hacer obras y que con un biombo se separan los ambientes de fumadores y no fumadores (esto parece un chiste de Gila)
Luego saldrá algún iluminado diciendo que el “derecho a fumar” es un derecho fundamental que debe ser amparado y protegido por el ordenamiento jurídico y los poderes públicos. Haga usted la prueba siguiente: esté una semana sin ducharse y luego vaya por diferentes lugares, verá entonces el desprecio en los rostros de la gente, cuando al fin y al cabo el mal olor no es nocivo ni causa mal alguno a las personas que tiene alrededor. Sin embargo si usted se dedica a ahumar la oreja del que tiene al lado obligándole a marcharse o bien a que éste trague su humo, nadie le dirá nada, aunque esté atentando contra su salud, porque el tabaco ha estado siempre bien visto y vista la actitud de según que gobiernos autonómicos lo seguirá estando, siguiéndole el juego a los fumadores y respetando sus derechos a fumar y molestar a quien tiene más cerca.
A mí de pequeño me dijeron “La libertad de cada uno acaba donde empieza la de los demás”. Esto cada cual, está claro que lo lleva a la práctica como le parece y como prima el egoismo, entonces, yo, luego también yo, y los demás que arreen.
Da mucha tristeza ver como los gobiernos juegan con las leyes autonómicas y como a cambio de unos cuantos votos se saltan a la torera leyes que velan por la salud pública las cuales pretenden que el aire que respiramos ya sea en el trabajo o en una cafetería esté lo menos contaminado posible de las miles de sustancias tóxicas y cancerígenas presentes en el tabaco.
Hace ya muchos años que en Finlandia por ejemplo te ibas de copas y tenías bares y cafeterías con dos ambientes, separados por un muro, no por un biombo. Con actitudes políticas como esta, España sigue siendo el país de la charanga y la pandereta.
Qué ganas tengo de ver “Una verdad incoveniente” de Al Gore.

3 de November de 2006 a las 16:57
[…] Ante situaciones como estas hay que tomar decisiones drásticas, no andarse con medias tintas, como ha pasado con la Ley del Tabaco, que a fin de contentar a algunos al final ha resultado un fracaso, máxime cuando las comunidades autónomas se pasan la Ley Estatal por el forro, para dictar en sus comunidades respectivas, reglamentos que desarrollan la Ley, haciéndola mucho más permisiva a fin de cosechar unos cuantos votos, contentar a los fumadores y al sector de la restauración, a costa de perjudicar la salud de los que les rodean. Pero los políticos son así, se deben al pueblo (que les vota) y son capaces de hacer cualquier cosa más allá de cualquier consideración para perpetuarse en sus poltronas ya sea de concejales, senadores, congresistas o de miembros del gobierno. Todo por conservar su “status” sus privilegios, su poder y sus cuantiosas remuneraciones. Así se entiende que aquí no dimita nadie, a no ser como ha ocurrido con los dos socialistas de Ciempozuelos con causas penales por soborno, que a falta de que ellos dimitan, el partido los ha puesto de patitas en la calle (decisión que debería prodigarse más en política si los políticos quieren mantener la poca credibilidad que les queda, aunque quizá vaya en contra de la “presunción de inocencia” que ampara la Constitución). […]