El lenguaje de los políticos
Escrito por El achicador el 22 de November de 2006 en Actualidad, DevaneosEl filósofo riojano Gustavo Bueno sigue tocando temas de gran interés en sus libros. Acaba de publicar el libro “Zapatero y el pensamiento Alicia””. El filósofo dice que Zapatero usa frases que entontecen a las personas, como esa que dice “hablando se entiende la gente”, pero hay más, como la “alianza de las civilizaciones”, “el matrimonio homosexual”. Frases que según Gustavo Bueno son vacías y no significan nada.
Gustavo define el pensamiento Alicia com un sistema filosófico simple y poco elaborado, coherente (aunque eso no es ningún mérito), cuyos contenidos son sencillos e ingenuos.
El pensamiento Alicia puede llevar a un “entontecimiento completo” de los españoles, a ver que las cosas no tienen dificultades.
Mientras la gente, incluidos los medios de comunicación, no se dé cuenta de que hay que leer otras cosas aparte de novelas, es imposible discutir, apostilla Gustavo.
Coincido plenamente con Gustavo Bueno. Nuestros políticos, no solo Zapatero, no dicen mas que obviedades en sus manifestaciones públicas. El parecido entre los futbolistas y los políticos, oralmente, cada vez es mayor. Los primeros recurren hasta el infinito a su archivo de “frases típicas”: No hay enemigo pequeño, cualquier equipo te puede hacer un gol, el futbol somos once contra once, tenemos que seguir mejorando, el aficionado nunca se equivoca, los árbitros siempre nos perjudican, tenemos que aprender de nuestros errores, mis goles no son importantes lo importante es el equipo, hemos recuperado la confianza y un largo etcétera.
Los políticos por el contrario, parece que antes de abrir la boca se tuvieran que pensar varias veces lo que van a decir, como si debieran llevar a cabo un trabajoso proceso intelectual que llevase aparejado e hiciera comprensible tal dilación. Al final el resultado es el de siempre, las mismas frases de siempre: hemos de ser cautos, aún es pronto para hacer una valoración al respecto, vamos a trabajar con firmeza, tienen que saber que no vamos a bajar la guardia, la oposición es una irresponsable, el gobierno lo hace todo mal y por ende debe dimitir, etcétera, etcétera. Hubo quién incluso ganó unas elecciones, reduciendo todo su programa político en un eslogan de tres palabras. “Váyase, señor González”.
Pero la diferencia, que no es baladí, estriba en que los futbolistas son unos señores que corren en pantalón corto sobre el cesped detrás de una pelota y los políticos que van con traje, tienen en sus manos la potestad de decidir como será la educacion, la sanidad, la economía, la cultura, la integración social y otros muchos temas de suma importancia en nuestra sociedad. Por ello, a los futbolistas les podemos perdonar todo (su argumento es su trabajo en el terreno de juego, no sus declaraciones) pero a los políticos hemos de exigirles algo más que a los futbolistas, ya que cualquier día, cuando el PP gane las elecciones (el estatuto catalán y el proceso de paz les está resultando cada vez más rentable al PP y deben tener ya las manos peladas de tanto frotárselas) veremos a Zapatero decir eso de “no hay enemigo pequeño” “cualquier partido te puede mandar a casa” (en este caso a la oposición) y chorradas por el estilo.
Aznar, el anterior presidente, tenía el mismo efecto adormecedor en sus declaraciones que los documentales de sobremesa de la 2 (a es lo llamo yo, “televisión pública al servicio del ciudadano”, ayudando a que los españoles nos echemos una buena siesta, arrullados por la sedosa voz del presentador, abonada de largos silencios). Ahora Zapatero, en sus declaraciones públicas resulta tedioso, con esas largas pausas y el estiramiento de las palabras hasta lo absurdo. El contenido de las declaraciones es lo de menos, porque ya intuimos lo que va a decir antes de que abra la boca. Lo mismo ocurre con la Vicepresidenta, la portavoz, que resulta encorsetada y formalista en exceso cuando da los comunicados del gobierno socialista. Debe pensar que por ponerse seria y hablar con aplomo lo que comunica es más trascendente, cuando no son más que una retahila de obviedades, equiparables a decir: cuando nieva hace frío, si no hay corriente la nevera no funciona, si llueve mucho usa los limpiaparabrisas, si no duermes por las noches echa mano de la pasiflora….
Ya el periodista José María Calleja, en un reciente libro, titulado ¿Qué hacemos con los inmigrantes?, en el que reflexionaba sobre la “Inmigración” se preguntaba por qué razón los políticos no van al grano, y tratan a fondo, con rigor, los problemas que tiene la sociedad y los sacan a colación en sus intervenciones públicas, a fin de que sean objeto de debate y de conocimiento público, porque como dice Gustavo Bueno, “la repetición de obviedades, es peligroso porque siempre se vuelve mala fe, sencillamente para ocultar la realidad. Este pensamiento-Alicia va acompañado de la sonrisa permanente, algo que produce tranquilidad y seguridad”.
Calleja se preguntaba cómo la inmigración estaba afectando a nuestra sociedad, cómo se estaba llevando a cabo la integración, cómo se limaban las asperezas que surgían por poner un ejemplo, con el reparto de las plazas de guarderías las cuales van a parar mayoritariamente a los inmigrantes, (porque tienen menos recursos que los nacionales y son más desfavorecidos que otros, precisando por tanto más ayuda y asistencia) y si eso podía exacerbar el sentimiento xenófobo de algunos. El autor planteaba que esos problemas reales, que ya existen y que van a ir en aumento, hay que ponerlos encima de la mesa. Primero hay que tener claro que existen, para que luego, los poderes públicos, los políticos y la ciudadanía en general sean capaz de solventarlos sin recurrir a conductas violentas. Para ello está claro que hace falta un debate, una reflexión que aborde el tema en su complejidad, ya que son varios frentes los que habría que tocar al hablar de la inmigración.
Sin embargo si uno oye lo que dicen nuestros políticos, del signo que sean, la inmigración, es como si no existiera (solo comparecen cuando hay que lamentar la perdida de vidas en el mar de los que llegan a nuestras costas en cayucos), repiten las obviedades que todos sabemos: a nadie se le puede discriminar por su raza, religión, lugar de nacimiento….
Lo que habría que hacer es descender de ese enunciado que recoge la Constitución y llevarlo a la práctica, al día a día. No dormirnos en los laureles, atendiendo al enunciado, que creó el gran pensador Aznar, el filósofo de los grandes eslóganes, padre paridor del inigualable “España va bien”. Me pregunto si todos las ideas de Aznar pueden reducirse en frases de tres palabras, como los dos esloganes referidos que glosan su figura.
Los políticos, en lugar de echarse flores y vanagloriarse de sus hazañas, mirando las cifras (positivas) con deleite, incluso con arrobamiento, como las miradas que un padre encandilado dedica a un hijo, están para resolver problemas, pero para ello primero deben reconocer que esos problemas existen (paro, delincuencia, tráfico de drogas, violencia de género, terrorismo, maltrato en las aulas, calentamiento global y un largo etcétera). No vale escudarse detrás del “España va bien”, haciendo bueno eso de que “de lo que no se habla, no existe”. Los políticos no deben por tanto, ignorar esos problemas, con el ánimo, de que ignorándolos, la gente no pregunte ni les rinda las cuentas. Cuanto menos sepa la ciudadanía, menos argumentos tendrá luego ésta para echarle en cara a los políticos sus incumplimientos electorales y sus falsas promesas. Una forma más de promover el oscurantismo en plena “era de la información y del conocimiento”. Otra contradicción más. De la era de la información a la de la desinformación pienso que solo hay un paso, y en desinformar y crear tormentas de arena los políticos se dan muy buena maña.
De ahí que los programas políticos, cuando es época de elecciones se plasman en folletos, donde no se aborda ningún tema con rigor y todo queda enmarcado en conceptos generales, de fácil consumo, que las masas digieren sonrientes mientras mueven las banderas de los partidos políticos con entusiasmo adolescente, aplaudiendo como locos para salir en las desconexiones de los telediarios arropando a sus líderes.
Ya como colofón, decir que me da vergüenza ver los debates políticos en el Parlamento. En lugar de gente instruida, preparada, con talla, los políticos parecen niños de seis años pataleando en la escuela. Lo que los políticos nos ofrecen a la ciudadanía son exabruptos, descalificaciones, afrentas, injurias. Todo vale para quedar por encima de su contrincante político. Para ello hay unas intervenciones recientes del insigne Eduardo Zaplana (como presidente de una comunidad, ostentando la más alta representación de la misma, debiera hacer gala de otros valores, en las antípodas de la soberbia, chuleria, altanería y prepotencia de la que siempre hace gala) dirigiendo unas perlas dialécticas a la vicepresidenta, Fernández de la Vega, que demuestran diáfanamente la catadura moral de nuestros políticos. No es sólo que estén todo el día diciendo vacuidades, es que además, contagiados por el virus del “club de la comedia”, en sus intervenciones se lucen con sus chanzas y bufonadas, de mal gusto la mayoría, como si vía chascarrillo el político se hiciera más próximo al ciudadano.
Yo no quiero un Pujalte, máximo representante del histriónismo político, haciendo el gilipollas en un Parlamento, sino políticos eficaces, profesionales honrados e íntegros, que en sus intervenciones dejen el bombo en el escaño y planteen y reflexionen sobre asuntos reales que afecten a la ciudadanía. Me temo que esto es una utopía, visto el percal.
El escaso intelecto de nuestros políticos se ve día a día que lo dedican únicamente al pelotazo urbanístico, la recalificación, el cohecho, la prevaricación, el soborno y demás actos ilícitos.
Que todo el equipo de gobierno de un ayuntamiento. Alcalde y todos los concejales estén en la cárcel, como ha pasado en Marbella, es un ejemplo de qué entienden los políticos por “servicio a la ciudadanía” o “todo por y para el pueblo”. Seguro que les suenan estas frases, ¿verdad?. El espíritu marbellí forma ya parte del ADN de esos políticos que ven en el ejercicio de esta profesión un medio rápido de hacerse millonario.
Qué razón tiene Gustavo Bueno.

22 de November de 2006 a las 16:53
[…] El otro día comentaba la vacuidad en el lenguaje político que reduce al ciudadano a mero espectador. El PP sacó un video con el objetivo de dañar la imagen de PSOE para lo que incluyó imágenes que no se correspondían con el mandato socialista. Tras achacarlo a un error, sin importancia, algo anecdótica en boca de Zaplana, el PSOE para refrescar la memoria de aquellos que tienen la memoria muy frágil, saca un video titulado “La otra tregua” en el que se recoge las acciones que llevó a cabo el PP en materia antiterrorista cuando estaba en el poder. […]