Atraco en una entidad bancaria con una grapadora

Si usted ha pensado alguna vez en llevar a cabo el “golpe maestro” que le permita afrontar los años de vida útil que le queden, tumbado en un chinchorro de cualquier playa paridisiaca, bebiendo cocada, deleitándose con los destellos irisados de las quedas aguas turquesas mientras tres mariachis entonan su canción preferida y una chica de rasgos asiáticos le da un masaje tailandés, no se le ocurra nunca, al menos en Logroño, pergeñar el atraco a un banco enarbolando una grapadora.

Esta fue la peregrina idea que se le ocurrió a José Manuel B.R. Este señor, luminaria de la delincuencia, se presentó en una sucursal de Ibercaja de la ciudad de Logroño con una grapadora, con la cual pensaba consumar el atraco. Lo trincaron y el juez entiende que se trató de un robo con violencia y lo ha condenado a un año y medio de prisión.

No tengo más detalles sobre la noticia, así que no sé si las dimensiones de la grapadora son tales que pueda ser considerada ésta como arma arrojadiza, cosa que dudo o si ésta es para un juez igual de peligrosa que una navaja. Si al menos el “atracador de la grapadora” hubiera llevado en los bolsillos algún quita-grapas, quizá la sentencia hubiera sido menor.

Sea como fuera si alguna vez quiere dar un golpe en un banco, en lugar de una grapadora le sugiero que eche mano de una longaniza bien curada, así siempre podrá argumentar como atenuante que era para consumo propio, o que venía de la charcutería (nada hay como el factor sorpresa), o bien le sugierio que vea la divertida película Plan Oculto, donde queda patente en que consiste dar un golpe con clase.

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