Aquí hay tomate el triunfo de la injuria

Escrito por El achicador el 29 de November de 2006 en Devaneos, Televisión

El espectador debe estar cansado de programas como “corazón corazón” o “corazón de primavera, otoño, verano e invierno”, porque les resultan sosos, noños e incruentos. El programa que entusiasma a la audiencia es “Aquí hay tomate” que ayer fue visto por tres millones de personas registrando un 30% de audiencia. Una de cada tres personas que en la franja horaria comprendida entre las 15,30 horas y las 17 horas estaban frente al televisor vieron este programa.

Cuando “Aquí hay tomate” asomó el careto en la parrilla televisiva creí que tendría un éxito limitado y temporal por lo trillado de sus contenidos, repitiendo hasta la saciedad-suciedad aspectos nimios e infundados, su escasa labor informativa y su peculiar sentido del espectáculo.

Ha ocurrido todo lo contrario. “Aquí hay tomate” se ha consolidado en antena. Lleva ya unas cuantas temporadas en Tele 5, avalada por la audiencia, reinando dentro del apartado que las televisiones dedican al “mundo de la vísceras” (de corazón tiene poco) con gran repercusión mediática. Sus reporteros son ya gente conocida y popular y los famosos, famosetes, famosillos, conocidos, etc les temen cuando los ven aparecer. Otros les siguen el juego y aumentan su popularidad. A más minutos en antena más euros en sus cuentas corrientes.

Ante el “acoso” (perseguir a una persona o un animal sin tregua, hacer peticiones o preguntas molestas a una persona) de estos reporteros, que hacen guardia frente a sus casas, que los persiguen en las calles o por las autopistas a gran velocidad y les asaltan en cualquier lugar o situación, hay dos opciones: la más lógica, plausible y comprensible sería mandarlos a la mierda. No hay ninguna obligación, faltaría más, de contestar nada a unos señores/as que no conoces de nada, que surgen de la nada con un micro y una cámara para preguntar sandences y majaderías y que hacen de la nadería un arte. La segunda es seguirles el juego, responder a todo lo que se les pregunta con una sonrisa en los labios, para saciar la “necesidad informativa” que este país tiene sobre temas transcendentales que los famosos se traen entre manos: tales como el aumento de los pechos de fulana, las cornamentas de mengana o la aficción al juego de zutana.

Quien haga lo primero quedará sentenciado y entonces en un alarde de ensañamiento, en el programa se dedicarán a sacar a personajes de toda ralea que contarán aquello que se les pase por la mente, sea verdad o mentira, sobre el sujeto a vilipendiar, a fin de vengar la afrenta hecha por el “famoso” al programa, consistente en ignorar o no haber contestado a las preguntas de los reporteros, las cuales el 99% de las veces son de mal gusto: ¿es cierto que tu mujer se lo montaba con el guardaespaldas? ¿qué te parecen las declaraciones de fulanito diciendo que has abusado de las drogas y que pegas a tu mujer? ¿qué hay de cierto en esos rumores que afirman que has amenazado de muerte al hijo del vecino del frutero del barrio?, etcétera.

Cuando el programa no consigue muy a su pesar arrancar alguna palabra al famoso, se recurre al archivo. Se muestran imágenes antiguas, entrevistas concedidas en el pasado, documentos sonoros del año de la polca (¿la gente no evoluciona con el paso del tiempo?), se busca el sentido esotérico de las canciones de los artistas o se analizan imágenes sin sonido, en el que el famoso por ejemplo toma el sol, compra en una tienda, o espera a sus vástagos a la salida de un colegio, a las que se les dedica varios minutos en los que una voz, nos va dando todo clase de detalles sobre lo que se ve en pantalla, buscando el chascarrillo y la cuchufleta. Debe tratarse de otra variante del “periodismo de investigación”, que permitirá al espectador saber si el hijo del famoso prefiere los donut a los dupis o si la famosa prefiere la crema solar o al spray mientras se dora al sol.

Ya por último decir que no me explico el afán del programa en resucitar a los muertos y no para loar su figura (Encarna Sánchez, Lola Flores, etc). Hay una serie de personas que yacen en sus tumbas hace décadas, que están ahora en boca de todos porque el programa les da mayor cobertura mediática que la ofrecida a los vivos. Esto es posible gracias a otras tantas personas que no se cortan un pelo a la hora de hablar de los muertos, con la ventaja de que aquellos, se diga lo que se diga de ellos no van a poder defenderse de las injurias y calumnias proferidas. En este circo “vale todo”.

Al programa se la trae muy al pairo la “búsqueda de la verdad”. No es “Aquí hay tomate” un programa de investigación, ni de corazón, ni de entretenimiento. Busca el espectáculo morboso a costa de lo que sea, sin importar lo que se dice, ni como se dice, no importan las formas, cuanto más zafio mejor, cuanto más chabacano sea el entrevistado mejor, cuantas más barbaridades diga el entrevistado acerca de algún famoso mejor. Si no hay noticias se crean. El tomate se alimenta de la polémica, de los fuegos cruzados entre los que acusan y los que se defienden, haciendo cada vez más grande la bola de fuel.

Habrá quien argumente que los famosos reciben el trato que se merecen, que quien no quiere formar parte del circo, lo dejan fuera. No lo creo. Que una persona decida ir a un plató a contar su historia cobrando un dinero, nunca justifica que deba ser acosada por ningún medio informativo o que su vida pase desde ese momento a formar parte del dominio público 24 horas al día, los 365 días del año.

No hay que confundir la libertad de expresión con el derecho a la intimidad y al honor.
Que alguien se exprese y diga lo que le venga en gana donde sea (radio, televisión, micrófono en mano, o con silbidos gomeranos), no debe vulnerar su derecho a la intimidad y al honor, ni le da a nadie el derecho para erigirse en verdugo o fiscal de los demás, sean famosos o no, como hacen estos periodistas-estrellas de abultado caché que desde sus poltronas dictan sentencia sobre todos los famosos que pueblan las televisiones. Como si sus opiniones, que no son otra cosa que eso, fueran sentencias con rango de ley, al ser proferidas entre vítores, por el público del plató que al tiempo aplauden enardecidos cuando se lo ordenan

Hacía un año que no veía el programa. Ayer lo vi durante un cuarto de hora y estas son las conclusiones que saqué sobre el mismo. Si algo me sorprende es que tres millones de personas sigan a diario un programa burdo, zafio, irresponsable, soez, chocarrero, vulgar, irrespetuoso, lenguaraz, maldiciente, desconsiderado, falaz, inmundo que vilipendia, injuria, ultraja, denosta, zahiere, mancilla, difama, deshonra, denigra y se befa de cuantos aparecen en el mismo.

Así nos corre el pelo. El virus de la mediocridad forma parte ya del ADN genético de nuestra sociedad.

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