Archivo por días: 10/09/2018

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Volverás a Región (Juan Benet)

Juan Benet (1927-1993) en sus tiempos de estudiante universitario ya barruntaba la idea de una novela. Luego en 1962, trabajando ya como ingeniero, en la construcción de la presa del Río Porma en León, con más tiempo libre, durante dos años materializará ese anhelo libresco de juventud que culminará en 1964, con la escritura de Volverás a Región: topografía imaginaria a la que Benet volverá luego en un buen número de ocasiones, pues según él se convirtió en una fuente inagotable de ideas, abundando en aquellas latitudes, y lasitudes (a la inversa). Para Benet, que vivía en Madrid y veraneaba en San Sebastián y Barcelona, aquel paisaje leonés, campestre, virgen, indómito, le resultaría muy sugerente, tanto que la primera parte de la novela es un descripción exhaustiva (geológica, climatológica, muy prolija en detalles de fauna y flora) del terreno que Benet hollaría en su largas caminatas, transubstanciando la topografía real que contemplaba y escudriñaba a diario por otra a la que llamó Región: los montes de Mantua, el Monje, San Pedro, el Torres, el Acatón, el collado de los Muertos, el río Torce, su afluente Tarrentino, etc. En ese terreno imaginario inserta Benet la guerra civil española, y buena parte de la novela es una descripción detallada de los movimientos de tropas y contiendas bélicas entre los republicanos y nacionales que acontecieron en Región. Otra parte de la novela se despliega en largos monólogos, auxiliados con alguna escasa pregunta de su interlocutor, en la que una yerma mujer, Marré Gamallo (hija de un coronel) y el Doctor Sebastián (al cuidado de un menor), abren las esclusas de la memoria para referirnos parte de sus biografías, (a)negadas por la hiel guerracivilina. Decía Benet que lo difícil era escribir una novela sin argumento. Aquí el argumento como tal es mínimo, lo que convierte a la novela y a su paraje en insondable, en sus ramificaciones sociológicas, históricas y geológicas, pero si uno decide habitar durante un tiempo esta Región, entiende la lectura como una expedición, se ata los machos, no se amilana ante los primeros repechos, barrancos, o torrentes literarios, se pertrecha de un lapicero afilado (con ínfulas de escalpelo) y un diccionario (para desvelar términos como cúfica, carquesas, balma, rabona, paradoxal, devónica, olagas, salguero, loranto, argumeno, verradilla, manigua, eretismo, conscripción, edículo, raceilla, columbros…) y va y viene por los laberínticos párrafos sintácticos las veces que sea menester hasta aprehenderlos, decantarlos, e incluso desbaratarlos (porque en algunos momentos de zozobra leer a Benet es como leer algo en una lengua que no es la tuya) al tiempo que resiste las sacudidas de la potencia huracanada -avivada por lo legendario, alegórico, mundano, simbólico (la fuerte presencia de Numa (preservador del orden natural y la estabilidad social), la barquera, el Jugador…) y lo profundamente humano (¿hay algo más humano que el odio, el rencor, la venganza, el deseo de revancha, la falta de esperanza y de amor, como sustento de este alarido fúnebre, desleído y asordinado en un presente (un sobrante de la voluntad, un saldo) que no existe, porque nunca ha llegado a suceder y en un pasado y una memoria que levantan acta de lo que no fue?) que anida entre las páginas- de la prosa mineral benetiana, sancionado todo ello a la hora de leer por las sabias palabras de Machado (Todo lo que se ignora se desprecia) y Adolfo Suárez: La vida siempre te da dos opciones: la cómoda y la difícil. Cuando dudes, elige siempre la difícil, porque así siempre estarás seguro de que no ha sido la comodidad la que ha elegido por ti, esto entonces sólo puede clausurarse con una pregunta a la gallega. ¿Volverás a Benet?
¿Por?