Archivo por meses: abril 2018

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Casares (Ramón Loureiro)

Al ponerme a leer esta particular biografía de Ramón Loureiro (Fene, La Coruña, 1965) sobre Carlos Casares (1941-2002) descubro que está escrito en gallego, pues al hacer la desiderata no reparé en ello. No pasa nada. Descubro, en mi beneficio, que al menos este libro lo puedo leer en gallego y sacarle tanto provecho como si lo estuviera en castellano. Se suman dos circunstancias. Una que está escrito en gallego, la otra, que no había leído nada de Casares, de hecho fue cacharreando por el catálogo de Trifolium cuando me enteré de la existencia de este libro. ¿Qué sentido tiene leer una biografía de alguien que no conoces y del que no has leído nada?. Pues sencillamente que la curiosidad del lector no tiene (o no debe tener) límites. Por eso ando leyendo a su vez la biografía de Anastasía Tsvietáieva de la que tampoco he leído nada suyo, y ahí, al contrario de este libro que se lee y disfruta en un suspiro, hablamos de !!!1200 páginas!!!.

El caso es que he disfrutado mucho con esta breve, demasiado en mi opinión, semblanza que Ramón Loureiro hace de Casares. Siendo como parece que fue, uno de los grandes de las letras gallegas de la segunda mitad del siglo XX me hubiera gustado haber tenido más información suya al respecto. De la misma manera, la entrevista que cierra el libro me sabe a poco y es una pena que muriera Casares sin haberse podido poner por escrito muchas más entrevistas. Conversaciones que por otra parte no dejan de ser otra clase de escritura, volátil, evanescente quizás, pero si echamos la vista atrás o hacemos memoria a menudo recordamos mejor las frases que hemos escuchado en una conversación que los párrafos leídos en un libro y según cuenta Loureiro, Casares era un muy buen conversador, además de un intelectual, aunque nunca se considerara tal, que ejerció como docente (el Régimen siempre lo tuvo en su punto de mira), que fue político con el PSOE durante un par de años al comienzo de la democracia, que dirigió la editorial Galaxia, que fue una persona muy generosa, muy buena persona, que se descubre como escritor en el colegio mientras pergeña sus primeras redacciones, que luego leería a conciencia a Valle-Inclán a Camba, que transcribía sus párrafos y luego los reescribía en sus cuadernos, o bien se nos cuenta cómo el destino, esa mano invisible, a veces se pone cariñosa, nos hace un favor, se muestra complaciente y pone al lado nuestro a la mujer de nuestra vida, así le pasaría a Casares con Kristina, una sueca estudiante de paso por Galicia a la que conoce en un tren y deja ésta pasar de largo, no ya otro tren, sino un barco. Así, por esos golpes del azar, se fundan a veces las familias, y dan fruto a parejas que sobreviven más de treinta años juntos.
Recuerda también Loureiro el empeño de Casares por dar voz y esperanza a la lengua gallega, que ésta tuviera su espacio, su reconocimiento, como sucedió con la Ley de normalización lingüística. Interesante lo que se dice sobre el Nobel de Literatura que no se le concedió a Gonzalo Torrente Ballester porque éste no sabía venderse bien, al contrario que Camilo José Cela que supo vender mejor su candidatura y le fue mejor, tanto que le acabaron dando el Nobel.

Decía Casares que la literatura solo le interesa a una minoría. Pues bien, Casares, esta es la primera vez que leo un libro en gallego y ha sido precisamente éste. Allá donde te encuentres, apúntate un tanto.

Editorial Trifolium. 2017. 95 páginas

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Las palabras justas (Ignacio Martínez Pisón)

Siete reportajes o “relatos reales” breves y bastante interesantes se dan cita en este libro de Ignacio Martínez Pisón publicado por Xordica en 2007, en los cuales según el autor aborda alguna injusticia que ha de ser reparada, de ahí su título.
El de la portada del libro es Leonardo Sciascia quien visitaría Belchite para comprobar por él mismo las cicactrices de la guerra civil española y ver dónde lucharon los soldados italianos (68.000) que Mussolini (por el que Sciascia sentía muchas simpatías, no tantas sin embargo por el fascismo) envió a luchar junto a los nacionales.
Otro artículo va dedicado a Ramón J. Sender al cual su libro sobre lo ocurrido en la tragedia de Casas Viejas le supuso la enemistad de los republicanos, la caída del gobierno de Azaña y su distanciamiento de la República, pues como diría el escritor “La verdad es que una república que era capaz de hacer lo de Casas Viejas no podía sobrevivir“. Un distanciamiento respecto a la izquierda que también opera en el escritor John Dos Passos que aparece en dos relatos, en el referido a Sender y en otro en el que se nos refiere la ayuda que Dos Passos a través del New World Resettlement Fund, organización que facilitaba la instalación de republicanos en Latinoamérica. Ahí se nos cuenta cómo fue la llegada de españoles como José Peirás a Guayaquil en Ecuador, desde la República Dominicana y su arribada a una colonia sita en la región de Saloya, donde les iba a esperar un paraíso que no resultaría tal.
En Historia de dos maestras, el conflicto bélico situará a una como directora de la prisión en donde su compañera de profesión ingresa como presa. Median acontecimientos como el fusilamiento en la cárcel de trece mujeres presas jóvenes (su delito fue haber militado durante en la guerra en las Juventudes Socialistas Unificadas), que se conocerían después como las Trece Rosas.
Presente también la estación de Canfranc, rodeada siempre de un halo de misterio, de suspense, donde mucho de lo allá sucedido durante la guerra civil española y la segunda guerra mundial será recogido en el libro de Ramón J. Camp, El oro de Canfranc.
Me he llevado también alguna sorpresa agradable pues uno de los relatos se titula El periplo de Lydia Kúper, a la cual conozco porque llevo ya unos cuantos meses tratando de conseguir sin éxito un ejemplar de Guerra y Paz ya sea nuevo, de segunda mano (a un precio razonable) o en alguna biblioteca pública, libro que fue traducido por Lydia Kúper para Muchnik, y de cuyo periplo para salir de España nos informa Ignacio. Huida del país llevada a cabo en 1939, en un avión en compañía de otros consejeros soviéticos, que sufriría un accidente, en el que Lydia se rompería un brazo. Kúper regresó a España en 1957 (había nacido en Lodz en 1914 y en 1920 se instalaría con su madre en Vigo y trabajaba como profesora en un instituto hasta el estallido de la guerra), donde pasará a trabajar como correctora de textos para la editorial Aguilar, siguió trabajando como traductora de Pasernak, Makanin y de esta obra inmortal de Tolstói, que está por ver si algún puedo llegar a leer.

Xórdica Editorial. 2007. 79 páginas

Jon Bilbao

El silencio y los crujidos. Tríptico de la soledad (Jon Bilbao)

La soledad pura es la muerte, el resto son sucedáneos. El silencio y los crujidos, este tríptico de la soledad de Jon Bilbao (Ribadesella, 1972) tiene como hilo conductor la soledad que anhelan tres hombres en distintas épocas, los tres bajo el mismo nombre: Juan.

Soledad en toda su pureza es lo que anhelan estos Juanes, pero como vemos no alcanza a ser tal, porque allá donde haya un estilita habrá una miríada de suplicantes, de implorantes, demandando una cura, una mejoría a su salud, un milagro, lo que hará imposible su plena soledad, al tiempo que les permitirá sobrevivir, a Juan y a otro viejo estilita frente al que sitúa su Columna, satisfaciendo estos con sus visitas el sustento que en el caso de no de darse conduciría a los estilitas a la inanición y a una muerte segura.

Soledad que busca un biólogo, para quien su isla desierta será la cima de un Tepuy, al que se accede por el aire, en donde su soledad no será total, al verse acompañado por una anaconda o esa Una, que como Juan también aparece proteicamente en todos los relatos.

Soledad que espera obtener un emprendedor con el dinero que le proporcionaría un negocio que tiene entre manos, quien dará el bombazo con una aplicación informática que nos situará ante un futuro próximo y que lo convertirá en millonario y en acreedor de la ira y odio de mucha gente: los mismos que manosean con deleite su creación a diario.

Estos tres fantásticos relatos o novelas cortas que nos brinda Jon Bilbao son los tres a cual mejor (es lo que más he disfrutado del autor de lo que he leído suyo hasta la fecha y veo difícil superarlo, soy consciente de que me estoy viniendo arriba, pero no quiero sustraerme al entusiasmo que he experimentado con esta lectura, sino todo lo contrario, quiero propalarlo -en el caso de que esta blog sea algo más que una columna en el desierto-) y creo que plantean muchos interrogantes, ya sean de índole religioso, filosófico o sociológico.

El deseo humano de soledad no se sabe bien si atiende al egoísmo, la cobardía o la valentía. El desaparecer del mapa, el desprenderse de tus seres queridos (como el biólogo de su mujer, el estilita de su madre a quien reprueba) aunque sea temporalmente, siempre genera una tensión entre el egoísmo (satisfacer nuestros deseos) y el compromiso, (satisfacer los deseos y esperanzas que los demás depositan en nosotros), una forma de comprometerse, de dar el callo, de estar ahí, que a veces se resuelve dándose a la fuga, en anteponer a todo lo demás un trabajo, una dedicación, una vocación, un estar contemplativo, que como en el caso del biólogo, o del estilita, encaramados encima del tepuy, o de una columna, nos puede parecer tan absurdo como estéril.

Torre, el último relato plantea un escenario futurista pero muy posible, ante la creación de un motor de búsqueda que haga un barrido por internet buscando vídeos porno cuyos actores guarden similitudes con los rostros de las fotos que el usuario suba a la red, lo cual les permitiría a estos usuarios explayarse seminalmente frente a la pantalla, fantaseando con que la chica o el chico que ven todas las mañanas en el metro son los mismos (no lo son, pero son casi iguales) a los que protagonizan esos vídeos porno donde la imaginación se despliega en todas las direcciones como un mar sin orillas. Los mismos que critican la aplicación y desean todo el mal del mundo a su creador, son los mismos que la usan a diario, los mismos que suben fotos de sus exnovias, novias, amigas, conocidas y quien sabe si también de sus abuelas, madres, hijas. Pura hipocresía.

El escenario que plantea el autor se abre a un sinfín de interpretaciones, preguntas y reflexiones, toda vez que es un hecho que internet ha cambiado nuestra realidad, la manera de aprehenderla, nuestra forma de comportarnos, ante la necesidad de no descuidar nuestra identidad digital y que aplicaciones como la que aquí se proponen, o similares, están ya a la vuelta de la esquina y me temo que habría ahí más amenazas que oportunidades, vista la combinación nefasta que tiene el uso y abuso del porno (y su cosificación de la mujer), con la cesión voluntaria de la intimidad en toda clase de redes sociales, y una violencia cada vez más explícita, necesitada para sus actores de su registro y viralización.

En un momento determinado a Nora, la protagonista del último relato, le preguntan si tiene enemigos. Si la pregunta fuera dirigida a nosotros ¿Lo sabemos? ¿Tenemos enemigos? ¿Podemos afirmarlo con seguridad? ¿Sabemos el número? ¿Podemos ponerles cara?. Las redes sociales nos proporcionan hoy datos sobre likes, retuiteos, números de seguidores, etc, pero desconocemos la otra cara, cuánto de lo que uno deja caer en estas redes sociales disgusta a los demás, si eso que decimos o expresamos nos granjea enemigos, ni en qué número, ni cuales podrían ser las consecuencias de esa enemistad sin forma ni rostro. Aspectos como este, que aparecen ahí de rondón, son los que hacen de este libro un brillante artefacto literario, escrito en estado de gracia y repleto de conquistas; un fascinante Tepuy el que pergeña Jon, que sitúa al lector por arte de magia ante literatura de alta altura.

Impedimenta. 2018. 240 páginas

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Diario volátil (Miguel Sánchez-Ostiz)

Llevo ya un par de meses con este diario que es tan volátil como mollar, pues es aprovechable se coja por donde se coja. Así que leo, subrayo, me demoro, releo, y en definitiva gozo con la sabiduría aquilatada de Miguel, con sus sentencias, aforismos, reflexiones, que rezuman, creo, desencanto, fruto lógico y maduro de la lucidez del librepensador. El otro día en Ordesa se planteaba una pregunta que creo se hacen todos los escritores y que Miguel resuelve de la siguiente manera.
Diario volátil
Me van a disculpar pero voy a seguir leyendo. ¿Leer?. Sí. Mucho.
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