Archivo por días: 08/11/2017

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Marcos Mostaza dos (Daniel Nesquens)

Segundo libro de los cinco que conforman la saga de Marcos Mostaza que leo. Aquí creo que brilla menos el humor característico de Daniel Nesquens, pero hay momentos muy buenos, como cuando el padre de Marcos quiere cambiar de ciudad porque no soporta los rigores del cierzo que corren el riesgo de acabar trastornándolo. Si veo más ternura en la relación entre los miembros familiares, prevalece ese lenguaje infantil que es la fantasía, la cual a veces también manejan los adultos, como el abuelo ejerciendo de cazafantasmas.
Nesquens de rondón ejerce una función didáctica y va dejando caer términos como coulrofobia -el miedo a los payasos- o planta un pareado de Antonio Machado, o nos lleva a Cluj-Napoka (o es ¿Cluj-Napoca?), ciudad de Rumanía, a la que acude a trabajar una tía de Marcos (para que veamos cómo se vive en otras partes y levantemos la mirada del ombligo), para quien Daniel es su “cosica“, o aparece por ejemplo en una acalorada discusión filial el femicidio de Ciudad Juárez.
El argumento por decir algo, consiste en buscar el regalo para Lorena, una compañera de clase de Daniel, de 10 años. Si hablamos de un hámster seguro que muchos niños (público al que va dirigido esta saga aunque los adultos disfrutemos también como enanos) se sentirán interesados dado que las mascotas en el reino infantil tiene mucho tirón. Seguiré avanzando en la pentalogía.

Grupo Anaya. 2008. Ilustración de Claudia Ranucci.

Daniel Nesquens en Devaneos

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Cartas a un amigo alemán (Albert Camus)

Sin duda son interesantes estas cuatro cartas que Albert Camus (1913-1960) escribe entre 1943 y 1944 a un alemán real o imaginario, partidario de las tropelías de los nazis. Albert Camus apela en ellas a la justicia, a su fe en el hombre y en su destino, que es la felicidad, que contrasta con la visión genocida de los alemanes en su delirio por conquistar el mundo, por entregarse a un poder aniquilador y destructor, ebrios de poder, pensando en una Europa como un dominio suyo y no como una pluralidad de naciones con sus costumbres y tradiciones. Camus diferencia y separa a los alemanes nazis de los franceses, no colaboradores, se entiende, y establece las diferencias entre unos y otros, dejando fuera la superioridad, en un principio de los alemanes, capaz de arrostrar en su delirio a muchos otros países, incluida Francia, yendo a la superioridad moral, la que otorga el sentido de la justicia, del aprecio por la vida humana, y ahí según Camus los franceses ganan a los alemanes.
Lo que los nazis hicieron, los millones de judíos que masacraron lo sabemos, los millones de muertos en el frente y los millones de heridos que dejaron la segunda guerra mundial lo sabemos. Siete décadas después se siguen levantando muros, convirtiendo al extranjero en cabeza de turco, la extrema derecha sigue ganando adeptos, multimillonarios xenófobos y misóginos como Donald Trump metidos a políticos pasan a gobernar el país más poderoso del mundo, todo esto viene a decirnos que no hemos aprendido nada, porque la semilla del mal sigue ahí, agazapada, esperando su momento para brotar de nuevo, para que la mano invisible apague el interruptor y nos sumamos de nuevo en la noche más oscura. Al tiempo.

Lo mejor de todo se resume en esta frase que Camus toma prestada, sin citar la fuente: Amo demasiado a mi país para ser nacionalista. Cada cual que la entienda y la paladee como quiera.

Tusquets. 1995. 72 páginas. Traducción de Javier Albiñana