Archivo por meses: agosto 2017

Casualidades

Vi hace un par de días el interesante documental La Gran Ola. Me pongo hoy a leer un libro de Emmanuel Carrère que tengo por casa, titulado De vidas ajenas, sin tener ni idea de su contenido. Al poco descubro que la novela arranca con una gran ola, un tsunami que arrasa el sudeste asiático. El libro me resulta insufrible por su prosa terrible y lo abandono en la página 50. Lo que se conoce como ola y adiós. Tenemos claro cuáles son los efectos devastadores que sobre bienes y personas genera un tsunami. Lo que no tenemos tan claro, creo, es lo que nuestro gobierno (incluidos autonómicos y locales) y todos los anteriores han hecho hasta la fecha para minimizar los efectos de un riesgo que es real y que se puede resumir, después de ver el documental arriba citado, con dos palabras: absolutamente nada.

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Calle de las Tiendas Oscuras (Patrick Modiano)

Patrick Modiano publicó Calle de las Tiendas Oscuras en 1978, con 33 años. No llegó a España hasta 2009. Sorprende, considerando que esta novela se llevó en su día el Premio Goncourt. La publicaría Anagrama con traducción de María Teresa Gallego Urrutia.
Esta es la cuarta novela que leo de Modiano (Accidente nocturno, Un circo pasa y La hierba de las noches) y la que más me ha gustado. Modiano trabaja aquí el tema de la identidad y la memoria. Un tal Guy Roland, tratará de averiguar quién es él, dando forma y relieve a su pasado, el cual se va componiendo como las pequeñas teselas de un mosaico, recogiendo datos, nombres, fechas, fotografías, direcciones postales, que sus interlocutores le van brindando en las distintas conversaciones que mantiene con ellos. Guy va tirando del hilo, desmadejando el embrollo, tratando de armar las piezas de un muñeco muy endeble, durante los años de la Ocupación. Modiano -así nos lo hace saber por boca de sus personajes- sabe que apenas dejamos huella con nuestras vidas, que nuestras existencias son poco más que un suspiro, que en todo caso, más que llenarnos la boca con las cosas que hacemos o dejamos de hacer, son los otros, los que nos construyen, sustentan y sustraen del olvido recordándonos. Esa es la premisa. A Guy le bastaría simplemente con que alguien le reconociera, le pusiera cara. Parece cuestión baladí, no lo es y sobre este asunto, Modiano arma una novela muy notable que he leído del tirón y cuyo final es consecuente. La vida es una búsqueda, un ir al pasado, pues como dice uno de los personajes lo importante no es el porvenir, sino el pasado, y en el caso de Guy de nada le serviría ir sumando días sin reconocerse.

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Sobre el agua (Guy de Maupassant)

Guy de Maupassant emprende una travesía de 7 días a bordo de su embarcación Bel-Ami, acompañado por dos marineros. Recorre la costa francesa desde Antibes hasta Saint-Tropez. Lo escribe en 1888, cinco años antes de su muerte. Es curioso leer como en aquel entonces Saint-Tropez era una villa marinera de difícil acceso. Durante la singladura, aquejado por una soledad flotante, Maupassant aborda diferentes temas, ya sea denostar las guerras: “Hemos visto la guerra. Hemos visto a los hombres transformarse en brutales, enloquecidos, matar por placer, por terror, bravuconería, por ostentación. Cuando el derecho ya no existe, la ley está muerta, toda noción de lo justo desaparece, nosotros hemos visto fusilar a inocentes hallados en una carretera y convertidos en sospechosos porque tenían miedo. Hemos visto matar perros encadenados a la puerta de sus amos para probar revólveres nuevos, hemos visto ametrallar por placer vacas tumbadas en un campo, sin ninguna razón, por el mero hecho de disparar su fusil y por puro divertimento“, lo absurdo de tratar de imitar la naturaleza, ya sea a través de la pintura en particular, y del arte en general, los dones de la soledad que le permiten vivir libre de ataduras, sustraerse así a la servidumbres de la amistad que siempre exigen según él, correspondencia, dedicación, compartir la intimidad, al margen de los chismorreos, habladurías, cotilleos, que tanto gustan a sus compañeros, o lo que sucede cuando el individuo pasa a formar parte de la masa: “Hay una frase popular que asegura que «la multitud no razona» ¿Y cómo es que no razona la multitud si cada uno de los que la integran razonan? ¿Cómo es que una multitud hace espontáneamente lo que ninguna de sus unidades haría? ¿Por qué tiene la multitud impulsos irresistibles, determinaciones feroces, arrebatos estúpidos que nada es capaz de contener, y por qué realiza, arrastrada por tales arrebatos, irreflexivas acciones que ninguno de los individuos que la componen sería capaz de realizar? Que un desconocido lance un grito, y súbitamente se apodera de todos una especie de frenesí, y todos, movidos de un mismo impulso, al que ninguno intenta resistir, arrebatados por un mismo pensamiento, que se hace de un modo instantáneo común a todos ellos, aunque sean de castas, opiniones, creencias y costumbres distintas, se abalanzarán sobre un individuo, lo degollarán, lo ahogarán sin motivo, casi sin pretexto, mientras que, tomados aisladamente, serían capaces de arriesgar sus vidas por salvar al que están matando“. Reflexiona también sobre su profesión de escritor, sobre cómo este registra todo cuanto ve, cómo se convierte en un rapiñador desalmado, como chupa la vida de los demás, para alimentar sus obras:”Si habla, sienta a veces plaza de maldiciente, y eso porque tiene clarividencia de pensamiento, y desarticula con él todos los resortes de los sentimientos y de los actos de los demás. Si escribe, verterá en sus libros, sin poderse contener, todo cuanto vio y llegó a comprender y sabe; y no hará excepciones ni con sus allegados ni amigos, poniendo al desnudo con cruel imparcialidad los corazones de las personas a quienes ama o ha amado, llegando incluso a la exageración para conseguir un efecto mayor, sin que le preocupen nada sus afectos, y sí únicamente su creación”. Apuesta Maupassant, creo que de boquilla, por la soledad, por ese retorno a un estado primigenio, al contacto más estrecho con la naturaleza, si bien tampoco puede evitar el contacto social, el reconocimiento, los saraos, las fiestas, como se verá cuando reciba la invitación de uno de sus amigos para verse.
Brilla el humor con anécdotas hilarantes y absurdas como la que se refiere a un preso en el principado de Mónaco.
Dice Maupassant que pocas cosas hay más bonitas que ver en una ciudad iluminada desde el mar. Es evidente que en el mar se viaja de otra manera, el paisaje cambia, accedemos a lugares que de otra manera nos están vetados y que no tiene nada que ver con hacerlo por carretera. Este periplo, este cúmulo de pensamientos, de ideas errantes, como afirma Maupassant, resulta ameno de leer, divertido a ratos, y nos permite conocer a Maupassant más allá de sus relatos y novelas como Los domingos de un burgués en París o El doctor Héraclius Gloss.

Marbot ediciones, 2008. 183 páginas. Traducción de Elisenda Julibert.

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La hierba de las noches (Patrick Modiano)

Esta es la tercera novela que leo de Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt), después de Accidente nocturno y Un circo pasa y siempre tengo una sensación parecida. Cuando comienzo sus novelas éstas me parecen anodinas, triviales, banales, monótonas y luego poco a poco voy reconociendo el estilo del autor francés: historias donde no sucede nada aparentemente llamativo, ni grandilocuente, donde la historia no reviste una gran complejidad, y lo que hay es una narración leve, liviana, amena, y a ratos divertida. Me sucede leyendo a Modiano lo mismo que experimento leyendo a Enrique Vila-Matas, que en sus historias encuentro siempre algo que acaban interesándome, atrayéndome, captando mi atención, en definitiva.
Aquí la historia es desentrañar un misterio, de la mano de un escritor un tal Jean, que en su día, hace casi medio siglo, conoció a una joven, Dannie. A Modiano le interesa cómo gestionamos el pasado y el presente, Cómo el pasado es un lenguaje en clave que solo puede ser descifrado transcurrido unos años. Así, Jean, el protagonista de la novela irá transmitiendo mensajes en morse como dice él que más tarde, décadas después irá comprendiendo, envuelta la narración en un velo de novela negra, con dos muertos sobre la mesa.
Si en otras novelas lo que se hace es es contarlo todo y apabullar al lector con múltiples datos y detalles de la vida de los personajes, Modiano hace lo contrario, porque sus novelas son cortas, no hay mucha paja, el narrador es tímido, pregunta poco, y cuando pregunta no obtiene respuesta, así que decide preguntar menos y observar más. En su mirar registra y anota la ciudad de París, cómo ésta va cambiando, mudando la piel a medida que se van cerrando los locales, y comercios, clausurando ciertos edificios y construyéndose otros, una geografía urbana que a Modiano creo que le interesa especialmente.

Anagrama. 2012. 167 páginas. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia.

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Silencio en Milán (Anna María Ortese)

Decepción mayúscula, la cual quizás tenga que ver con las expectativas que tenía. Silencio en Milán recoge siete relatos de Anna Maria Ortese (1914-1998) publicados en 1958.
En estos relatos el tono se mantiene y lo que ronda en ellos es el malestar, el vacío, el silencio, la soledad que sienten los habitantes de Milán. Para abordar estos sentimientos la autora selecciona distintos escenarios.
En el primer relato es la Estación Central de Milán, la cual se erige como la nueva catedral del progreso y de la técnica, con sus cielos de piedra, de acero, donde la nueva deidad es la técnica y sus retoños la producción en masa, en una sociedad despersonalizada, que vacía al ciudadano, convirtiéndolo en objeto o en un número, anulando su pensamiento, su capacidad de dialogar. Un discurso que me resulta trillado, y que retoma en La mudanza, el último relato, adoptando así el libro cierta circularidad. Ahí brilla el desencanto, viendo que el comunismo que iba a ser la panacea, al devolver al hombre su dignidad, repartiendo el trabajo, anulando las diferencias, permitiendo el acceso a la cultura, no se materializa en Hungría cuando los comunistas se aúpan al poder. Conviene leer Días felices en el infierno de Faludy para ahondar más en este asunto.
El resto de los escenarios son la estampa de los aparthoteles, ese sarpullido clónico inmobiliario que despersonaliza a sus inquilinos; los locales de alterne; un reformatorio apartado de Milán, que al margen de la ciudad solo se conoce de su existencia si se visitan sus dependencias, o un piso que una mujer abandona, o dos hermanos que deben vaciar el piso de sus padres al morir, un vaciado que supone volver del pasado con las manos vacías, para darse de bruces con un presente vacío, inerte, gris, ante un porvenir que a Masa, una de las hermanas, se la trae al pairo, pues ella sigue por inercia.
El estilo de Anna me ha resultado muy mediocre, y algunos relatos como Locales nocturnos o La ciudad está vendida, especialmente malos. Anna tiene un discurso, una visión de la realidad que trata de plasmar en estos relatos y crónicas, que me resultan tópicos, poco ingeniosos, porque su mirada me resulta cansada y eso al leer fatiga tanto como aburre.

Editorial Minúscula. 2012. 172 páginas. Traducción de César palma.