El otro día el periodista y escritor Juan Cruz comentaba en su columna en El País, el papel que desempeñan los tertulianos. Algo que parece evidente conviene no obstante recordarlo. Todas las cadenas de radio tiene unas personas que actuan como tertulianos y así al filo de la medianoche se sientan delante de un micrófono y dan cuenta de las noticias del día: así hablan del cambio climático, de las hipótecas basura, del papel de la monarquía, del precio petróleo, de los atentados de ETA, etc., todo ello tratado de manera somera y superficial, un «todo a cien de la opinión»»
El caso es que quieran o no, los tertulianos tienen que hablar de lo que les toca ese día, aunque no tenga ni idea de qué están diciendo. Así esa opinión pública se genera por las opiniones de gente que no son expertos en la materia, que cobran por hablar todo el rato (no por analizar los problemas, indagar las causas, buscar soluciones, criticar en todas las direcciones..), si bien a menudo les convendría callar y reconocer que sobre el tema en cuestión no son los más indicados y que quien debiera tomar la palabra en todo caso deberían ser los especialistas en ese determinado asunto: abogados, juristas, médicos, ingenieros, científicos, y no periodistas que «saben de todo«, o «hablan de todo», porque parece que hoy en día «hablar equivale a saber«, cuando está claro que nada tiene que ver una cosa con la otra.
